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Lunes, 22 Octubre 2012 10:56

Dos grandes en Berlín

Escrito por  Jorge Rivas Rodríguez
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Dos de las figuras más sobresalientes del arte contemporáneo en la isla, Roberto Fabelo  y Carlos Quintana exponen en la prestigiosa galería Atelierhaus.

Dos de las figuras más sobresalientes del arte contemporáneo en la isla, Roberto Fabelo (Guáimaro, 1950) y Carlos Quintana (La Habana, 1966)  participan en una muestra que bajo el título de Obsessions fue inaugurada en la prestigiosa galería Atelierhaus de la capital de Alemania.


A la inauguración de la exposición asistió una multitud entre la que se encontraban creadores de ambos países, especialistas en arte, coleccionistas, galeristas y fans del arte de la isla, quienes elogiaron las obras presentadas en esta céntrica sala gracias al auspicio del coleccionista Hans Georg NÃñder.


Obsessions, que permanecerá abierta hasta el 11 de noviembre, fue calificada por la crítica y la prensa local como de todo un éxito, reconocimiento que ha sido extendido al director de Galería Habana, Luis Miret, de Cuba, y Susanne Grieshaber,  de la Bötzow Galería, quienes estuvieron a cargo de la curaduría.

Entre los pintores cubanos de la contemporaneidad cuyas obras se encuentran entre las mejor pugnadas en algunas de las subastas de prestigiosas casas como Sotheby's  y Christie's, se encuentran las de Roberto Fabelo, Premio Nacional de Artes Plásticas 2004, y uno de los más prestigiosos creadores de Iberoamérica, un hombre de procedencia campesina pobre, sencillo y culto, que creció entre la penuria de los campos cubanos, en medio de un monte  en la periferia de Guáimaro, en la provincia cubana de Camagüey.


Mirón de la realidad y de las gentes que lo rodean, Fabelo es asimismo un individuo carismático, sincero y ardoroso amante de su familia y de su profesión. Siempre está “pincel en mano” —confiesa dedicarse mañana, tarde y noche a la creación—, sirviéndose de las figuras y de las circunstancias existenciales de sus semejantes para expresar esas fantasiosas ideas y emociones artísticas que después nos cautivan. 


Apasionado enamorado de su esposa Suyú, también artista de la plástica a la que conoció —aunque se unieron posteriormente, hace 18 años— en San Alejandro, cuando él era profesor y ella estudiante; y de sus hijos Gabriel y Roberto, encaminados también en la pintura y el dibujo, vocación que lo tiene fascinado; Fabelo se siente un hombre realizado. Tengo una familia hermosa, que es la vida misma, en ella radica gran parte de mi éxito”.


Admirador del mar y sus caracolas, y del fantasioso jardín de su casa; en el que Suyú ha hecho colocar cerca de veinte piezas de baño (bidet) con coloridas plantas ornamentales que rodean el ranchón cobijado con guano en el que atiende a sus invitados; el artista confiesa que le gustaría “tener otra vida” y que si volviera a nacer, quisiera otra vez ser pintor. “Por ahora —subrayó— quisiera dedicarme más a pintar, y a cuidar de mi familia”.


Fabelo posee hoy obras en venta que  alcanzan varios miles de dólares.


Carlos Quintana, quien desarrolla una ascendente y vertiginosa carrera internacional, es un creador calificado como  místico, mágico, inquietante, nada facilista, y sí muy complejo conceptualmente.

Debido al éxito de sus obras, viaja constantemente, como Fabelo, lo cual le obliga a trabajar “donde me encuentre”; y también se considera un cubano auténtico. Afirma que a Cuba la lleva en su corazón donde quiera que él esté.


Igualmente calificado como enigmático, lúdico y gran artista, con un universo creativo aparentemente caótico, lírico, recurrente, esotérico y fantasmal, que algunos críticos han  tildado de teología en forma de imágenes, Quintana posee una formación académica y cultural no convencional debido a su vida nómada y un tanto errabunda que lo lleva a estar en contacto con muy variadas corrientes estéticas.


Disfrutar del quehacer artístico de Carlos Quintana es una experiencia compleja y desgarradora, atmósfera de encanto que tal vez sea el fruto de su forma de trabajar sus obras a oscuras, como si usara el tacto para recordar lo que nunca se olvida de la infancia.

 
El crítico español conocedor de la obra de este creador cubano, Omar Pascual Castillo, distingue el poder seductor de sus obras, atrayente y misterioso que subyuga y nos aleja de ellas sin otra opción que amarla u odiarla.


Desde el año 1993 Quintana radica entre las ciudades de La Habana y Madrid.

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