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Jueves, 15 Noviembre 2012 04:03

Escándalo Petraeus: ¿Olvidaron a Iraq y Afganistán?

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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La algarabía transcurre sin arañar ni en lo más mínimo la actuación de Petraeus cuando fue jefe de las fuerzas invasoras del Pentágono en Iraq y Afganistán.

En Washington anunciaron para esta semana la exhibición de otro capítulo del llamado «escándalo sexual» que provocó la renuncia del director de la CIA, David Petraeus.

La situación ha sido abordada en amplios espacios de los más importantes medios de difusión masiva de Estados Unidos, así como repercutido en diferentes partes del mundo.

Ahora la senadora demócrata por California Dianne Feinstein, jefa del Comité Selecto de Inteligencia de la Cámara Alta, dio a conocer que este jueves analizarían por qué el FBI no les alertó de inmediato sobre una infidelidad matrimonial de Petraeus.

El general de cuatro estrellas presentó su dimisión ante Obama el miércoles de la semana pasada y el presidente la aceptó el jueves, cuando ya se hablaba de las relaciones con su biógrafa, Paula Broadwell.

Comentarios de prensa, radio y televisión, especulaciones, el asomo de notas sensacionalistas y narraciones que lindan con lo morboso, han venido acompañando ya el suceso. 
 

Hace recordar, aun con sus diferencias, el repiqueteado caso de la vinculación personal del expresidente demócrata William Clinton con la joven Monica Lewinski.

¿Qué es lo más curioso y significativo del escándalo Petraeus? El hecho de que esa algarabía transcurre sin arañar ni en lo más mínimo la actuación de Petraeus cuando fue jefe de las fuerzas invasoras del Pentágono en Iraq y Afganistán.

Durante ese período, como se reveló y es internacionalmente sabido, militares norteamericanos y gente de la CIA perpetraron en esas naciones numerosas y aterradoras violaciones de los derechos humanos.

Videos, fotografías y testimonios personales de exprisioneros y abogados sobre lo acaecido allí son parte sustancial de los hechos circulados por un planeta que los recibió estupefacto.

Lugar prominente en tal escenario ocupan las denominadas «victimas colaterales», o sea, personas de todas las edades muertas y heridas por bombardeos contra zonas rurales o urbanas, así como por otras acciones represivas.

Cuando en 2007 Petraeus asumió la jefatura militar de Estados Unidos en Iraq, allí recordó la CNN «90 civiles morían cada día», y su Ministerio del Interior «era refugio de varios escuadrones de la muerte».

Newsweek llegó a dedicarle una portada a lo Supermán: ¿Puede este hombre salvar a Iraq? No pudo, e incluso esta misma semana continuaron reportando explosiones hasta en su capital.

Después a Petraeus le encomendaron dirigir el Centro de Armas Combinadas del Ejército, en Fort Leavenworth, Kansas, donde se convirtió en un virtual teórico de la famosa y mortífera doctrina de contrainsurgencia.

Más tarde, en junio de 2010, lo nombraron comandante de las tropas de Washington en Afganistán, responsabilidad que ocupó hasta julio de 2011, fecha en la que, cuando se incrementaban las bajas entre sus soldados, se acogió al retiro para dirigir la CIA.

¿Fueron juzgados los asesinos y torturadores que actuaron en Iraq y Afganistán durante la jefatura del general de cuatro estrellas David Petraeus? Solo algunos de baja categoría para suavizar los escándalos mayores.

Pero eso último no estaba previsto en la reunión citada para este jueves por el Comité Selecto del Senado de Estados Unidos, ni ha sido tema en los más grandes periódicos y cadenas televisivas de ese país.

La llamada infidelidad matrimonial puede desencadenar una inmensa tormenta política en Washington, pero no así la revelación de que sus soldados y oficiales de la CIA han aplicado tormentos y ejecutado homicidios en otras naciones.

He ahí un tipo de moral, de escala de valores, propias de una sociedad que recuerda cada vez más determinados tiempos del antiguo imperio romano.

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Primero habría que despejar por qué el FBI a quien, entre otras tareas, en Estados Unidos le corresponde el contraespionaje, se introdujo en los círculos íntimos del general hasta llegar a la alcoba donde maniobraba con su segundo frente.

La clase política de EEUU, preocupada por posibles daños a la seguridad nacional, reclamaba este lunes aclaraciones sobre el caso de adulterio que llevó a la inesperada renuncia del director de la CIA David Petraeus.

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