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Martes, 07 Mayo 2013 12:59

Corea: Baja la tensión, sube la tensión

Escrito por  Arnaldo Musa
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Marines estadounidenses y surcoreanos en Ponhagbn, Corea del Sur Marines estadounidenses y surcoreanos en Ponhagbn, Corea del Sur

Si Estados Unidos no fuera un obstáculo, ambos Estados coreanos avanzarían hacia la reunificación con rapidez, según desea Pyongyang, pero para Seúl el proceso debe ser gradual y más largo.

No es un título excluyente, sino demostrativo de cómo Estados Unidos hace caso omiso de cualquier movimiento tendente a disminuir las tensiones en la península de Corea, con el fin de eludir un camino sin regreso.
                                                                 

Llana y simplemente: el Pentágono y demás entes supragubernamentales que controlan la política estadounidense no están dispuestos a aceptar la paz en la región y poner en peligro los pretextos imperialistas para mantener enclaves militares dirigidos principalmente contra Rusia y China.

                                                                                                   
Rusia sí, porque desde hace años y hasta ahora, pese a la desintegración de la Unión Soviética y el campo socialista europeo, para cualquier candidato presidencial y quienes han detentado tal magistratura, Moscú "no es un personaje amistoso en la escena mundial" y "está en la misma línea de los peores actores mundiales", como “Corea del Norte, el presidente sirio, Bashar al Assad”, o "la principal amenaza para el mundo", el Irán nuclear. “Es siempre Rusia, típicamente con China de su parte", argumentan.
   

En el curso de ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos -más agresivos que nunca antes-, Seúl emprendió tímidos pasos para conversar con Pyongyang, que ha vuelto a considerar el regreso de los técnicos y trabajadores surcoreanos a la zona fronteriza de la República Popular Democrática de Corea donde mantienen proyectos conjuntos.

                                                                                                           
Tal situación recuerda la época en que William Clinton detentaba la presidencia norteamericana, en el curso de la cual envió en 1994 al expresidente James Carter a dialogar con el máximo líder Kim Il Sung y lograr un acuerdo que evitó una agresión norteamericana.
                                         

En ese contexto, presencié la llegada del hermano de Clinton con integrantes de su grupo musical a fines de 1999 a Pyongyang, donde cantó y bailó rock, inspirado en las piezas de Bill Halley y sus Cometas y Elvis Presley, y deleitó a una audiencia que aplaudió sin restricción.

                                                                                              
Los visitantes expresaron el agradecimiento por la acogida y su admiración por la  música y las bellas voces de los anfitriones. Era un momento único, que ayudaba, al parecer, a superar una crisis de tantos años.

                                                                                                                                                           
Asimismo, en junio del 2002 ambas partes coreanas llegaron a firmar un acuerdo para considerar una futura reunificación, que comprendió el intercambio de visitas de los respectivos dirigentes y la continuación de los encuentros familiares.
                                                                                                                                                                                                                               
Pero el mandato espurio de Bush hijo rompió arbitrariamente las promesas del anterior gobierno e incumplió los acuerdos para suministrar petróleo a Corea Democrática, a cambio de la conversión de plantas nucleares en las que se podía obtener aditamentos para construir bombas atómicas, en otras de menor peligro.

                                                                                                       
Durante este tiempo, y a manera de disuasión, la RPDC fabricó bombas atómicas, ensayó misiles de diversos alcances y puso en órbita a varios satélites, revelando un alto rendimiento científico y una buena preparación intelectual de su pueblo, pese a injustas y continuadas sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el bloqueo impuesto por Estados Unidos, que inciden en la calidad de vida de una población siempre en estado de alerta y preparada militarmente.

                                                                                           
También en conversaciones hexpartitas en Beijing, con la asistencia de las dos partes de Corea, EE.UU., Rusia, Japón y China, Washington incumplió acuerdos con los pretextos más baladíes y el apoyo de los mayoritarios medios de difusión que controla.

                                                                                                        
Con sus variantes, según el momento, la RPDC ha mantenido tres exigencias principales para Estados Unidos. Primero, quiere que toda la península coreana sea libre de armas nucleares, garantías de seguridad y un paquete de ayuda humanitaria y económica. Segundo, que Estados Unidos firme un tratado de no agresión. Si lo firmara, la RPDC está dispuesta a aceptar la verificación independiente del congelamiento de su programa de armas nucleares. Pero Estados Unidos no está dispuesto a aceptar. Tercero, quiere resolver estas contradicciones mediante negociaciones bilaterales con Estados Unidos, que también está en contra.

                                                                                                                            
De hecho, al imperialismo estadounidense le gusta la propuesta de una península coreana libre de armas nucleares; es decir, que la RPDC tenga que abandonar su programa al respecto, sin importar el armamento que tenga Estados Unidos o sus aliados.
                                

El gobierno estadounidense, que ha enviado recientemente aviones con armas nucleares a Corea del Sur, dice que ha retirado las anteriores que mantuvo allí durante muchas décadas, pero se niega a permitir inspecciones internacionales que lo verifiquen.
                                      

Considera que las otras propuestas de paz de la República Popular Democrática de Corea constituyen un "chantaje". Si las atendiera, ya no habría ninguna justificación para la permanencia de sus tropas y bases en Corea del Sur. Firmó un cese del fuego en 1953, pero se ha negado a rubricar un tratado para terminar formalmente la guerra.

                                                                                                           
Es decir, volvemos al principio de lo expuesto en este comentario: si Estados Unidos no fuera un obstáculo, ambos Estados coreanos avanzarían hacia la reunificación con rapidez, según desea Pyongyang, pero para Seúl el proceso debe ser gradual y más largo.

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