Uno, Daniel Shoer Roth, escribió que la identidad en Miami “perdió el rostro”, aparenta como el vecino, compra lo que el otro posee, venera “los mismos valores superficiales” y hasta clona su fisonomía y personalidad”.
Roth agrega que en meses recientes allí brotó una racha de muertes o gravísimas infecciones con daños irreparables a raíz de cirugías cosméticas ejecutadas por gente no autorizadas para hacerlo.
También dice que los fallecimientos, ingresos hospitalarios y deformaciones estéticas se han convertido en otra complicación, mientras las autoridades de sanidad “están de brazos cruzados”.
Junto a ello, subraya Roth, se desató una epidemia de muertes por sobredosis, debido a la mezcla de fármacos derivados del opio con el alcohol y otras sustancias.
El escándalo ha llegado a la detención de connotados narcotraficantes de drogas ilegales disfrazados con largas batas blancas y un diploma colgado en farmacias.
A manera de ejemplo, se menciona el caso de una joven de 18 años ingresada de urgencia en un hospital presentando daños cerebrales luego que la sometieron a una mamo plastia de aumento en un centro de Coral Gables.
Después revelaron que el anestesista que fungió como tal en la cirugía había sido demandado en el año 2012 “por negligencia médica”.
Otro periodista de Miami, David Noriega, horas más tarde publicó un artículo en el que volvió a desentrañar la verdadera entraña de la policía de esa urbe.
Lo hace desde el inicio cuando asevera en las páginas de El Nuevo Herald que en ese cuerpo represivo “persiste una cultura de violencia e impunidad”.
Un abogado, John Contini, quien demandó a los uniformados por estar involucrados en casos de muertes polémicas, declaró públicamente:
“Yo les aconsejo a muchos jóvenes que tengan cuidado cuando van a South Beach, y no porque van a estar expuestos a peligro por parte de otros civiles. Les digo que se cuiden de la policía”.
Como la delincuencia se ha desbordado en Miami, el nuevo jefe de ese impopular departamento, Ray Martínez, comenzó por elevar el número de sus investigadores, todos sargentos.
Hace casi 30 días un policía de esa localidad asesinó con una pistola Taser (de electrochoque) al joven artista colombiano Israel Hernández Llach, porque lo sorprendió pintando una pared con crayola.
Se estima que las principales dificultades de ese organismo estriban en el uso irracional de la fuerza y en su tendencia “a perdonar a los oficiales”, aún cuando las evidencias hagan sospechar o los acusen.
Estadísticas del año 2012 de la policía de Miami Beach revelan que emplearon los Taser en 86 ocasiones, seis veces más que la cantidad de situaciones en que utilizaron spray de pimienta.
Todo este resumido panorama, al que podría sumarse entre otras desgracias una corrupción política de 21 kilates, puede sintetizarse con tres palabras, Miami da pena.
Comentarios
Y sobre la policía, se puede decir que son bandas de abusadores por lo general, con algunas honrosas excepciones. En ocasión de la muerte de un joven afroamericano (un negro menos eufemísticament e) a manos de la policía en esta ciudad de la Unión donde resido, le manifestaba a mi cuñado que yo le temía a la policía, cosas que él no entendía o no quería entender, y afirmaba y reafirmaba que no había motivo para eso, pero son muchos los hecho que me han hecho seguir pensando de la misma forma, y más que en sus acciones, los uniformados no tratan de neutralizar al supuesto infractor o delincuente sin quitarle la vida, aunque hubiera sido por una causa menor, como en el caso del muchacho colombiano que dibujaba con crayolas sobre la pared de un local vacío. Son, como les dimos en llamar en Cuba a los que por cualquier razón usaban un arma de fuego contra un semejante: “Gatillos alegres”.