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Viernes, 10 Enero 2014 06:29

Marilyn Solaya, tan cineasta como mujer

Escrito por  Giusette León García
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Marilyn Solaya Marilyn Solaya

Conversar con la directora de Vestido de novia sobre su obra, inevitablemente sobre su vida, ha sido una terapia, una inyección de ímpetu, en fin, que me habría tomado muchas tazas más de café con Marilyn Solaya.


Siendo mujer, madre y profesional, conversar con esta mujer sobre su obra, inevitablemente sobre su vida, ha sido una terapia, una inyección de ímpetu, en fin, que me habría tomado muchas tazas más de café con Marilyn Solaya, una mujer que entró al cine como actriz no por vocación, sino por la convicción de que allí tenía que estar, y entre la perseverancia y el talento, le abrieron la puerta ancha del séptimo arte.


Sin embargo, tuviste buenas oportunidades dentro de la actuación, trabajaste con Titón, con Eliseo Subiela…

Yo siempre iba a los casting y pensaba, bueno, a ver si me cogen para algo ahí, pero no iba con esa preparación, me escogían porque me escogían, porque el destino quiso que yo estuviera aquí y tener esa experiencia antes y fue vital. Titón era mi cineasta preferido y yo tenía la colección de todos los Cine Cubano, sus libros me los había leído, había visto las películas cuando se ponían en la cinemateca los ciclos completos yo iba para allá y veía las películas de Titón una y otra vez, yo decía: caballero, pero qué clase de obra, qué hombre tan inteligente, que no se pone viejo…

Entonces me enteré de ese casting, alguien me eligió para ir, fui y Titón me estaba haciendo la entrevista y yo no sabía que era él, porque estaba muy diferente al que yo veía en las revistas, ya estaba bastante enfermo, entonces bueno, por el camino me eligen para el personaje y esa fue yo creo que la toma de conciencia de que eso era lo que yo quería hacer: dirección de cine, yo decía: “yo tengo muchas historias que contar y si esto se hace bien yo creo que puede ser el camino, todas estas emociones que remueve, eso es lo que quiero hacer yo en la vida”;  y luego Titón, una persona tan seria, tan rigurosa, yo dije: “caramba, esto es una cosa seria, esto no es un juego, no es fiesta, como la gente dice, y ahí también descubrí que no era fácil”.

Marilyn Solaya, directora de Vestido de novia

¿Cuánto queda entonces de esa etapa en la directora que eres hoy?

Queda primero en el sentido de la complicidad y la ética que se establece entre un actor y un director es un privilegio que se aprovecha o no se aprovecha y que por supuesto también  es un compromiso, porque una persona que inventa una historia, que la escribe, que levanta un proyecto y que luego lo dirige en contextos siempre difíciles, tuve la oportunidad de trabajar dentro y fuera de Cuba y realmente el cine es complejo en todas partes del mundo y las producciones son muy complejas y el director o la directora están siempre muy estresados, percibí que es una gran responsabilidad y eso de alguna manera me marcó también respecto a  los actores, que son diferentes, algunos son  más apasionados que otros, unos necesitan un largo proceso y más trabajo de mesa, otros van y quieren hacerte una sola toma, otros dicen que en la siete es que empiezan a estar bien, entonces uno tiene que lidiar con un grupo de caracteres complejos y por supuesto llevas todos los temores de que ellos son los que defienden los personajes porque todo está muy bonito hasta que uno los tiene en la cabeza y los busca los pone, los viste, como si fuera un juego de cuquitas, pero qué va, esos son seres humanos, son personas, que tienen sus problemas, que vienen de la casa también con otros problemas ajenos y de pronto llegan allí a desprenderse de todo eso, a interpretar un personaje y es increíble, a veces es malo, es horrible, angustioso, pero siempre está el resultado y cuando tú ves que esas escenas que tú escribiste cobran vida y que de pronto está perfecto y no te quieren cambiar ni una palabra, oh, eso para mí es el mejor de los momentos…

Isabel Santos

Precisamente me llama la atención el hecho de que en Vestido de novia, siendo tu ópera prima, dirigiste a actores de muchísima experiencia en el cine…

Yo siempre soñé con esos actores con los que trabajé desde que estaba escribiendo el guión, yo desde ahí les estaba poniendo caras, uno estudia a los actores con los que va a trabajar más o menos y entonces para mí era más cómodo escribir desde esas sensaciones y entonces darme el lujo también de presentarles el proyecto, muchos de ellos empezaron desde el principio y siempre estuvieron conmigo en una complicidad y luego aparecieron otros como por ejemplo Pancho García, Porto, Alina, que aunque interpretan personajes secundarios en la película fue grandioso y fue un  reto para mí, pero también un espacio donde yo me siento cómoda, realmente en ese espacio yo estoy en casa, independientemente de que esté difícil el actor, la actriz o la escena sea complicada o ese día tengamos algún problema que no nos entendamos por alguna razón, que también puede pasar, yo estoy en casa y en casa puede pasar todo y siempre uno tiene manera de limar asperezas, de guiar a los actores y a las actrices para donde uno quiere, ponerse de acuerdo y así se establece ese momento mágico en el que nos va la vida, porque yo tengo que transmitirles a ellos lo que yo quiero y ellos a su vez ponen algo de sí en eso que yo les estoy tratando de transmitir…

Luis Alberto García

Ha recibido reconocimientos como guionista y como directora por Vestido de novia. ¿Cuál de estos roles disfruta más?

Siempre que me preguntan algo así, yo digo que nací para contar historias cinematográficas, entonces, por supuesto el guion es eso, una guía que en algún momento es literario, y para mí es muy atractivo tratar de escribir un guion que en principio sea literario, porque ahí uno puede desbordarse y luego ir poco a poco, de unas diez cuartillas que probablemente empiecen con un argumento de veinte páginas o algo así, llevarlo a unas ciento veinte e ir convirtiéndolo de lo literario a un lenguaje cinematográfico, eso lleva mucho trabajo, pero es el proceso que más disfruto yo, porque es un proceso de mucha intimidad, de mucha investigación, yo me considero una investigadora, una comunicadora, por eso necesito nutrirme de todos los elementos para yo poder escribir cada personaje y cada situación y saber qué estoy contando, o sea, ahí está mi compromiso con el tema que estoy contando, porque si hablo de algo que no sé, tengo muchísimas posibilidades de fracasar en el mensaje y en todo. Cada vez que Marilyn Solaya haga algo, detrás de todo eso hay una base, hay un estudio, me convierto en una licenciada del tema, porque no creo que pueda ser de otra manera por respeto a mí misma, por respeto a la gente a la que estoy comunicando…

Jorge Perugorría y Marilyn Solaya


El filme está muy relacionado con tu documental En el cuerpo equivocado. ¿Por qué regresar al tema de la diversidad para tu primer largometraje?

Mi película pasa por el tema de la diversidad, pero se concentra más en el tema de la equidad y de la construcción de género, de los roles de género, del precio de ser mujer, del precio de ser hombre en una sociedad machista, hegemónica, patriarcal, con una herencia cultural compleja, donde en el imaginario simbólico el que se salga de esos roles está condenado a un drama y eso fue lo que me atrajo de esos personajes en los que yo me inspire, cómo esas personas, independientemente de los prejuicios son personas valientes y transgresoras, pero por esos prejuicios y por esos estereotipos lo que hicieron fue construir a unas mujeres desde lo tradicional y a mí eso me llamó mucho la atención, yo decía, pero cómo puede ser, cómo puede ser que vengan de ese lado masculino y entonces empiecen a tener el otro cuerpo equivocado que es el cuerpo de esa prisión en la que empiezan a vivir, que es la prisión también de una mujer que haya nacido con los genitales femeninos.

La película tiene tres protagonistas: un hombre, una mujer y el contexto, me pareció estupendo que el contexto en mi película también sea protagonista, porque te explica por qué estos seres humanos se comportan así, por qué actúan así, yo los presento como ella trabajadores vanguardias, personas maravillosas, compañeros intachables, buenos hijos y de pronto todos esos valores por los que siempre uno lucha y los que uno ve bien, se olvidan y toda la película gira alrededor de un pene que no está, todo gira alrededor de eso y de las complejidades de la sexualidad humana, de lo que generan esos prejuicios en la gente, de la doble moral trata mi película, de los fingimientos, de las dobleces, es una película que contiene todos esos problemas sociales que todavía no están resueltos en la Cuba de hoy.

Eres apenas la tercera mujer cubana que dirige un largometraje vinculado a la industria, o sea, al ICAIC. ¿Cuánto cuesta ser mujer y dirigir cine?

Uno tiene que renunciar a muchas cosas para hacer cine, no importa que seas mujer u hombre, realmente necesitas de una entrega, de una concentración y de un compromiso muy grande si lo quieres hacer bien, si de verdad te respetas a ti misma y entonces qué pasa, esta sociedad no está preparada para esas renuncias desde la mujer. El hombre lo tiene más cómodo, siempre va a tener una madre u una esposa que cubra su retaguardia, casi siempre somos las mujeres las que nos dedicamos al cuidado de los hijos, al cuidado de nuestros viejos, a las labores domésticas, mientras que el hombre siempre ha estado en ese espacio público, creando, ejerciendo sus profesiones de manera plena, sin que nada influya en el proceso de creación.

Rodaje de una escena de Vestido de novia

En el caso mío, que no me he querido perder esas otras cosas que  para mí son vitales, porque yo no me imagino la vida sin esos dos hijos que tengo, porque realmente antes de ser cineasta yo soy una mujer, una persona y entonces esa aventura, esa responsabilidad de cuidar dos hijos, de criarlos de enseñarles las cosas para que vivan mejor, de educarlos, eso para mí es la aventura más grande y la responsabilidad más grande y la obra más grande, no hay nada por encima de eso, todo lo demás es secundario. Tampoco me podía perder este derecho que tengo a desarrollarme como cineasta porque mi proyecto de vida lo comprende todo, pero muchas mujeres renuncian por el camino…

¿Está en el ICAIC? Sería injusto que yo dijera que sí, porque además estamos en Cuba que es un país que desarrolló todos los mecanismos para que las mujeres tuviéramos la posibilidad de estudiar, de hacer todo y están las condiciones creadas, porque decir lo contrario sería un invento y en el ICAIC también están, el que lleva un proyecto y lo valoran y es bueno, también puede ocurrir, porque yo lo hice, pero nos cuesta mucho trabajo ese camino, eso de preparar un proyecto, llevarlo… Las mujeres tenemos que ir al seguro, hay muchos hombres que hacen siete u ocho películas y tú los ves que hay buenas, malas y regulares, tienen un camino para ir formándose y para experimentar y consolidar sus conocimientos, sin embargo, en el caso mío he tenido que ir siempre al seguro, he tenido que pensar delante de una máquina no algo para entretenerme, sino algo que además genere recursos para mi familia, porque soy una madre soltera y entonces no me puedo dar el lujo de estar inventando, por supuesto que para una mujer es complicado y por otro lado están los prejuicios de los hombres, el cine es un lugar muy masculino, donde casi todos los técnicos son masculinos y aunque habitualmente trabajo con un equipo que me arropa y me apoya mucho, me ha ocurrido que cuando llego con mi seguridad, con mi rigor, me encuentro lo mismo hombres que mujeres que no están acostumbrados a ese temperamento y para dirigir cine hay que tener un carácter, porque si no tienes un carácter, si no estás seguro de lo que quieres no eres un director…

Equipo técnico de Vestido de novia

El Premio Latinoamérica primera copia es necesariamente un punto de partida para una nueva etapa en los filmes que lo reciben, pues pone recursos a su disposición. ¿Qué va a pasar ahora con Vestido de novia?

Ahora tenemos que terminar la mezcla de la película que todavía no está bien y quisiéramos hacer un negativo para tenerlo, porque el cine digital se termina en DSP y eso se autodestruye en diez años y entonces, por supuesto, todo cineasta sueña con tener la película en este formato para poderlo conservar y eso requiere de muchos recursos. Luego está el camino de los festivales, de la promoción, la publicidad, que uno no solamente hace películas para Cuba, las hace para todo el mundo, el cine es un arte, pero también es una industria y te tienes que insertar en ella así que tener esos recursos ahí para mi película es un lujo que de verdad que no me esperaba, de hecho alguien me llamó y me dijo: bueno, cómo te sentiste, no hubo ningún abuelito por ahí, y le dije: no, no, yo no tengo abuelos, a mí nadie me ha regalado nada, ya lo he dicho varias veces, entramos los dos productores y yo y defendí la película desde esa pasión con la que siempre hago las cosas, y la película tiene algo que genera euforia y eso me gusta, tiene todas las imperfecciones que puede tener una ópera prima, pero genera una euforia y transmite un mensaje y provoca muchas sensaciones, que me es muy agradable porque siento que lo he logrado en alguna medida.

Rodaje de una escena de Vestido de novia

¿Cuál sería la mayor satisfacción que Vestido de novia le podría dar?

Es algo que veo venir: la polémica. Yo creo que he hecho una película muy polémica, que la gente hablará mucho de ella porque va directamente a remover temas que no está acostumbrada a recibirlos de esa manera, muchos  abordan la violencia, el machismo, la diversidad desde el panfleto o por moda, pero yo he tratado de que llegue de una manera  sutil y directa al mismo tiempo y dura, la película es muy dura, no hago ninguna concesión en esta historia, estoy segura que va a generar mucha polémica y espero por ella. Me encantaría que fuera una película popular, porque en la medida en que se convierta en una película popular significa que estamos entendiéndonos con el público en cuanto a las ideas, los conceptos, el mensaje…

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