domingo, 20 octubre 2019, 19:35
Lunes, 10 Marzo 2014 20:19

ESTRENOS DE DANZA: Celeste

Escrito por  Yuris Nórido
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Los solistas y el cuerpo de baile. Los solistas y el cuerpo de baile. FOTOS: DEL AUTOR

Comentamos uno de los más recientes estrenos del Ballet Nacional de Cuba, este fin de semana, en la sala Avellaneda.

 

La belga colombiana Annabelle López Ochoa, una de las más interesantes figuras de la coreografía contemporánea, ha estrenado con el Ballet Nacional de Cuba una obra abstracta en esencia, aunque en las notas al programa se hayan explicitado algunas de las claves de su inspiración. (Eso de que un ballet es esencialmente abstracto resulta bastante discutible, partiendo del hecho de que lo bailan personas, que mire como se mire no son “elementos abstractos”… Mejor digamos que es un ballet sin argumento definido).


Celeste pone sobre el escenario a tres parejas (mujer y hombre) y a un cuerpo de baile masculino. En la base, una pieza del repertorio tradicional de la llamada música clásica: el Concierto para violín y orquesta en Re op.35, de Piotr Ilich Chaikovski. El diseño de luces, la concepción escénica, el vestuario: minimalistas, elegantes en su funcionalidad. Lo que queda es armar el edificio de la puesta a puro golpe de danza.


La coreógrafa recrea el concierto alternando las parejas principales con el cuerpo de baile, de la misma manera en que el músico pone a dialogar al instrumento solista con la orquesta en pleno. Ojo: la correspondencia no es estricta. No se trata de “traducir” la música, sino de ponerle cuerpo. Claro que no es una pretensión novedosa, se está haciendo desde los albores del ballet. El atractivo radica en la caligrafía del movimiento, en el diseño espacial, en la dinámica… Celeste mantiene la tensión, seduce por sus composiciones, sorprende por sus soluciones.


Es particularmente notable la manera en que se complementan las líneas de los solistas y el grupo. Por momentos se vislumbran ciertas incoherencias en el trazado, pero el todo resulta armónico. Se toma sin prejuicios de la tradición clásica y se dinamita el movimiento con definidísima noción del límite. No hay trasgresiones agresivas: todo fluye con naturalidad, incluso lo más arriesgado.


Unas últimas líneas para reconocer el trabajo de los intérpretes: han bailado con plausible corrección, con pleno dominio de un estilo que no asumen habitualmente. Está visto: es buena la escuela. Y hay ganas de experimentar nuevos caminos.

 

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