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Jueves, 16 Julio 2015 04:50

El barco se detuvo con solo dos lingotes en sus bodegas

Escrito por  Harold Iglesias Manresa, especial para CubaSí
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Y a punto estuvimos de dejar desértico el casillero de títulos el miércoles, si no hubiese sido por dos salvadores: Ángel Fournier y Manrique Larduet.

Una jornada que se diluyó, como el oro fundido, o el mercurio. Como las arenas cuando el viento decide moverlas a su antojo en el desierto. Y a punto estuvimos de dejar desértico el casillero de títulos el miércoles, si no hubiese sido por dos salvadores: Ángel Fournier y Manrique Larduet.

 

El primero tenía un cartel de monarca seguro, de esos pesos pesados de la delegación, casi a la par del «sobrenatural» Mijaín López. Máxime tratándose del single peso abierto, su prueba espada, con la cual irrumpió en la élite en el 2009, cuando ancló cuarto en la Copa del Mundo de Banyotes, España (7:15.60 minutos).

 

Desde entonces el gigante de Caimanera, nacido un 31 de diciembre de 1987, de imponentes 1.98 metros y 100 kilogramos de peso, se ha encargado con su bote Filippi (8.2 metros y 14 kg) de irrumpir con irreverencia en aguas tradicionalmente custodiadas por europeos y el neozelandés de otra galaxia Mahe Drysdale.

 

En el Royal Canadian Henley de St. Catharines Fournier abrió sus turbinas desde la largada y con holgura cronometró 7:51.39, inalcanzables para el canadiense Rob Gibson (7:57.94) y el argentino Brian Rosso (8:01.38), sus escoltas en el podio.

 

«Remé mi evento fuerte muy sereno, todo fluyó muy bien. Tuvimos que realizar una variación total de la estrategia por las condiciones climatológicas, que han cambiado constantemente de un día a otro. Yo estoy preparado para estas cosas, y eso me permitió asegurar desde el principio y marcar diferencias con los rivales», expresó a la prensa acreditada.

 

Salvo el cierre de Fournier, el resto de nuestras embarcaciones no pudo hacerse justicia, y le dejaron el camino despejado a los «vikingos» anfitriones, quienes esta vez dictaron cátedra rutilante con ocho títulos, una plata y dos bronces, para un gran total de 11 metales.

 

El performance de los de la hoja de maple puso eufóricos a sus parciales y a la representación de Pachi en el lago, pues mejoraron con creces su botín de Guadalajara 2011, cuando se quedaron con ocho preseas, de ellas, ninguna de oro. Cuba, gracias a la corona de Fournier, terminó en el tercer escaño 7 (2-3-2), por detrás también de Estados Unidos 9 (2-5-2).

 

Dos saltos para premiar a Manrique

 

No llega a los 1.60 metros de estatura, pero nadie sería capaz de negar que en el Coliseo de Toronto Manrique Larduet se ha agigantado.

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Sus fibras tensas, el público siguiendo cada uno de sus mortales y giros, los rivales tensos con cada uno de sus rendimientos en las rotaciones. Pero a veces el no ser en extremo conocido te puede pasar factura, sugestionar a los jueces, quienes al igual que en el all around, llevaron tenso al santiaguero de 19 años en las paralelas y la barra fija.
 
En definitiva, los deportes de apreciación artística siempre tienen ese margen de duda, palabra que al parecer, le fue extirpada a Larduet y su mentor Carlos Gil con el cordón umbilical.
 
Y es que el muchacho se encargó de ponerle dificultad suprema a las dos ejecuciones del caballo de salto 15.125 (15.200-15.050), de atacar el potro con determinación, de ponerle muelles a sus tobillos y de estabilizar la caída como una de aquellas antiguas guaguas Camberras, por cierto, de fabricación canadiense, si la memoria no me falla.

 

Las paralelas premiaron al areté del colombiano Jossimar Calvo 15.700, por 15.650 de nuestro pequeño talento. De nuevo 0.50 décimas lo separaron de la gloria, una fracción que querrá desterrar por siempre de su vida.

 

En definitiva, la cosecha de Larduet (1-2-1) rescató a la gimnasia artística de un letargo de 12 años, desde que Erick López se apropiara de seis cetros, incluido el de máximo acumulador en la versión de Santo Domingo 2003.

 

Ahora Larduet se centrará en el objetvo más puntual de su carrera deportiva: clasificarse en el Campeonato Mundial a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, condición que merecerán los 24 mejores hombres del concurso individual de máximo acumulador. Meta puntual y exigente, pero si me interpelaran, en el plano de lo accesible.

 

Pesas, tiro y lucha: sin kilos, dianas ni tackles

 

Fue como si les hubiesen llevado su amuleto de la suerte, ese extra que nos caracteriza, en el último momento, un hechizo, y también en el caso de la halterofilia, constatar que en las categorías superiores distamos del nivel de exigencia, incluso en América.

 

Lo más doloroso, el hecho de que nuestro as de Londres 12, Leuris Pupo, desentonara la alineación de disparos, miras y dianas. Esta vez no sufrió un desperfecto su Pardini, flaquéo humanamente en las dos series iniciales decisivas y ese desliz lo envió a la cuarta posición, sin mucho margen de recuperación. El estadounidense Brad Balsley igualó la plusmarca para finales con 32 blancos desechos y se adueñó del cetro.
 
El terrible caso lucha greco también se inscribe en el plano de lo alarmante: si hace cuatro años en Guadalajara los luchadores grecorromanos prácticamente les aplicaron un rodillo de desbalances a sus rivales en el CODE II con seis de siete títulos, ahora la morosidad y el desconcierto táctico se apoderó de ellos, y solo Miguel Martínez (66 kg) y Alan Vera (85) rasparon sendos bronces. Ismael Borrero (59), nuestro otro representante y quinto del orbe, apenas pasó de la séptima plaza.

 

Así se me fue el miércoles, con otras incidencias y el triunfo 9-5 de la pelota, que casi nos asegura en la instancia semifinalista. Aunque, para no pasar otro sofocón, sería bueno imponerse a Nicaragua este jueves.

 

Si el lunes se convirtió en un verdadero asalto al medallero, el miércoles —podría decirse— fue de bandera blanca. Descanso, sueño, mentes y estrategias en orden para un nuevo comienzo de jueves… confiemos no tan diluido.

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