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Sábado, 18 Febrero 2012 06:14

La indignación contra Wall Street

Escrito por  LEANDRO MACEO LEYVA
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El movimiento Ocupa Wall Street alcanza cinco meses de protesta sostenida en las calles de Estados Unidos. Y los llamados indignados pretenden seguir allí.

 

El movimiento Ocupa Wall Street alcanza cinco meses de protesta sostenida en las calles de Estados Unidos. Y los llamados indignados pretenden seguir allí.

 

Desde que los medios rompieron el silencio sobre el tema, son comunes titulares como: Cientos de indignados se congregaron frente a... / Indignados comenzaron a marchar hacia... /Indignados desalojados a la fuerza en... / Indignados redoblan las protestas... Cabe preguntarse entonces: ¿Quiénes son? ¿Cuál es el sustento de sus demandas? ¿Qué quedará de todo esto dentro de un año, dos, tres... ?

Indudablemente, hay un sentimiento de rabia dirigido en particular contra el sector financiero, identificado por el movimiento como la principal causa de la crisis que atraviesa el país.

 

Pero en general lo que se escucha es la queja de personas que se sienten inconformes con la situación, porque mientras los ricos se vuelven más ricos, los pobres son dejados a su suerte.

 

Para ser aún más precisos, podría decirse que el motor del clamor popular ha sido la certeza de la denominada "clase media" de que el futuro de bienestar, que alguna vez pareció garantizado en las sociedades más desarrolladas, ya no es posible.

 

Ocupa Wall Street es un grito contra la creciente desigualdad: 46 millones de estadounidenses viven por debajo de la línea de pobreza.

Los indignados son un movimiento con pocos o ningún líder definido.

 

Ellos simplemente hacen lo que el poder pensaba imposible: despertar y protestar. Mientras, crece la ira, y esta amalgama de malestar reserva su mayor cuota de cólera para la próxima acción.

Resulta necesario adentrarse en su quehacer, pues no es suficiente leer la infinidad de carteles que levantan o escuchar las consignas que diariamente corean a viva voz.

 

Lo innegable es que han surgido como fórmula resultante de la fusión de voluntades entre hombres y mujeres que claman por sus derechos, cuyo fervor y alcance no han podido ser silenciados por los monopolios informativos, que hoy dominan el jugoso mercado de la información a escala global. Aunque no han faltado detractores quienes satanizan al movimiento para tratar de desacreditarlo y restarle fuerzas.

 

Más allá de lo anterior, Ocupa Wall Street se extiende. El movimiento entra en su quinto mes fortalecido por la generalización de las manifestaciones y por el interés que despierta, pese a la sombra que acompaña a sus reivindicaciones.

 

Desde el 17 de septiembre del 2011, cuando comenzó la ocupación de la plaza Zucotti, en el corazón del barrio de Wall Street, "la indignación" se ha propagado a más de 250 ciudades del país y agrupa a miles de personas.

 

Todas y cada una de las protestas, las iniciadas en Nueva York y las que se repitieron en diversos lugares del país, muestran, aun en su desarticulada organización, una energía nacida de la ira que a cada uno provoca la crisis económica de la nación, con resonancias concretas en el bolsillo propio.

 

Mientras se mantengan las causas del descontento social, las marchas y protestas no serán un fenómeno pasajero y cada vez más el sistema recurrirá a la violencia.

 

Lo que pregonan es inaceptable para el sistema: "no ser dinero, sino personas" y "es hora de que nos escuchen", o cuando aseguran representar al 99 % desvalido de una sociedad desequilibrada contra un 1 % todopoderoso. No se puede asegurar que ellos serían la respuesta final al deterioro del capitalismo mundial, pero los indignados constituyen, por ahora, una gran pregunta sin responder.

 

Granma

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