domingo, 15 diciembre 2019, 14:05
Lunes, 09 Mayo 2016 13:42

La magia de Beatriz Márquez

Escrito por  Liz Martínez Vivero/Especial para CubaSí
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Siempre me ha parecido que quienes entienden de música, tienen algún pacto con el tiempo. Es como un secreto artilugio que les dota de algo específico (no encuentro la palabra) y les envía directo a la eternidad.

Siempre me ha parecido que quienes entienden de música, tienen algún pacto con el tiempo. Es como un secreto artilugio que les dota de algo específico (no encuentro la palabra) y les envía directo a la eternidad. Generaciones van y generaciones vienen… perduran las melodías.

Ese tipo de magia la domina a la perfección Beatriz Márquez, y no únicamente por ser hija de René Márquez. Ella, con su tono tan propicio para la canción de amor, tiene sus trampas para enamorar lo mismo con un tema de Marta Valdés o Espontáneamente, ese éxito escrito por su padre que nos ha llenado de Beatriz y apenas si podemos concebirlo en otra voz.

Literalmente, con su registro de mezzosoprano, escucharla es una fiesta al oído, un buen augurio para el alma y —he sido testigo— el público se para y aplaude, ella saluda y los seguidores siguen embelesados, derrumbados ante el hechizo preparado con meticuloso esmero de muchos muchos años.

Para beneplácito del mundo, con el espectáculo «Ritmos de Cuba» visitó varios países, y a su llegada ofreció aquí su primer recital.

Yo pude disfrutarla en vivo durante el reality show dirigido por Laura de la Uz, y el Mella lleno aplaudía sin cesar su intervención en aquel espectáculo donde también subieron al escenario Frank Delgado, Telmary y entre otras, Lyn Milanés.

Cuando acabó la puesta, muchos nos lanzamos al escenario cual paparazzi tras las celebrities, pero era tarde para Beatriz, ella había tenido que partir temprano a cumplir otros compromisos de trabajo.

Ahora que le entregan el Premio Nacional de la Música, uno no puede menos que agradecer la oportunidad de compartir, en la línea de la vida, con una extraclase del pentagrama y, por demás, dueña también de una elegancia casi tan exclusiva como su melódico timbre.

Las interpretaciones de Beatriz se nos han vuelto imprescindibles y —estoy muy segura— ya forman parte del background de nuestras vidas, aunque no es un asunto de hoy ni que venga como añadidura a su merecido reconocimiento nacional.

 

Desde antes de yo nacer, ya ella era ella, y hacía las delicias de los congregados en las salas de sus conciertos.



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