lunes, 14 octubre 2019, 16:12
Martes, 02 Agosto 2016 08:15

EN FOTOS: Teatro Espontáneo de La Habana

Escrito por  Annaly Sanchez / CubaSí
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Teatro Espontáneo de La Habana ya tiene 15 años llevando a cada rincón de nuestro país su aporte a todos y cada uno de sus espectadores.

Su director Carlos Borbón y los actores que conforman el grupo, hacen esta labor completamente gratuita y autónoma, ellos a su vez pertenecen a otros grupos de Teatro en Ciudad Habana pero se reúnen cada semana en Casa Gaia (Habana vieja) donde tienen una peña mensual, y otras sedes que le brindan espacios de trabajo.

 

El grupo reproduce historias hechas por los espectadores y las interpreta de forma completamente improvisadas, convirtiendo así a los participantes en protagonistas de la obra, brindándoles un modo diferente de ver cada situación.

 

Muchos cuentan sus más terribles miedos, dolores o angustias, otros sus ilusiones y otros cosas aparentemente simples, pero en cada historia tanto los actores como el espectador se lleva consigo una sensación que solo quien la experimenta sabrá.

 

Para algunos es liberadora, otros aseguran que en unos segundos vio como en una película su propia historia vivida por otras personas y que les cambio la forma en que sentía ese evento.


Lo cierto es que “Teatro Espontáneo” como todos le dicen viaja a todos lados, hogares de ancianos,  casas de niños sin amparo filial, iglesias, parques, teatros en cualquier lugar de nuestra isla, llevando consigo toda la intención de ayudar y provocar un cambio en las personas.

 

Felices los Normales (Poema adoptado por el grupo para llevar su mensaje)
Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.

 

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.

 

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