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Miércoles, 07 Septiembre 2011 08:33

Mundial de atletismo: Lecciones en coreano (II)

Escrito por  Raiko Martín
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Siempre la historia la han escrito los vencedores, pero no solo a través de ellos pudiera reflejarse lo sucedido durante el recién concluido campeonato.

A pesar de sus altibajos competitivos, la recién concluida cita universal de atletismo mostró algunos detalles interesantes para valorar las tendencias de esta disciplina de cara a las futuras competencias que se avecinan.

 

Leer también: Lecciones en coreano (I) 

 

Siempre la historia la han escrito los vencedores, pero no solo a través de ellos pudiera reflejarse lo sucedido durante el recién concluido Campeonato Mundial de atletismo celebrado en la ciudad sudcoreana de Daegu.

 

En esa urbe del lejano Oriente se generaron páginas inéditas y trascendentales, de alegrías y tristezas, y de ellas bien pudieran sacarse elementos suficientes para valorar el presente y el futuro de esta disciplina que repartió 47 títulos entre consagrados y noveles.

 

DEUDAS POR PAGAR

 

Vistos de forma general los resultados del Mundial de Daegu, último torneo planetario antes de los Juegos Olímpicos de Londres 2101, no es difícil concluir que la cita sudcoreana no fue nada alentadora para quienes reinaron durante la última Olimpiada.

 

Algunos quedaron al margen por errores propios como el jamaicano Usain Bolt o el vallista cubano Dayron Robles, otros por lesión como la saltadora croata Blanca Vlasic. Sin embargo, los hubo incapaces de triunfar por incapacidad de exhibir su nivel acostumbrado o resistir el empuje de las figuras emergentes.

 

Desde un análisis algo superficial pudiera pensarse que algunos monarcas de los Juegos de Beijing pudieran haber aflojado el ritmo durante la presente temporada, para no incurrir en una saturación nefasta para sus rendimientos en la próxima cita bajo los cinco aros.

Lo cierto es que la lista de deudores no es insignificante y en ella aparecen nombres como el de la velocista Shelly-Ann Frase (100 metros), la ilustre saltadora Yelena Isinbayeba (pértiga), el lanzador Tomasz Majewski o los jabalinistas Barbora Spotakova y Andreas Thorkildsen.

 

Para todos ellos Londres 2012 será la oportunidad de recuperar el trono o ceder definitivamente la corona. Y para algunos como Bolt, supondrá la posibilidad de llegar a la categoría de leyenda.

 

CONCENTRACIÓN DE RIQUEZAS


Las glorias en el recién concluido Mundial fue cosa de pocos. Apenas 16 naciones pudieron acariciar al menos una de las 47 coronas disponibles, y un reducido grupo de seis países se repartieron casi el 80 por ciento de los títulos disputados.

 

Con una docena de cetros en su equipaje Estados Unidos se ratificó como potencia hegemónica del selecto grupo, en el que Kenia con siete gracias a sus fondistas y Jamaica con cuatro aportados por sus velocistas, aparecen como los únicos representantes del mundo subdesarrollado.

 

La lista de naciones multilaureadas la completan otras potencias económicas como Rusia (nueve coronas), Alemania (tres) y Gran Bretaña (dos). Y parece que esa será cada vez más la tendencia en las venideras competencias de primer nivel.

 

CUESTIÓN DE SEXO, TECNOLOGÍA… Y RAZA

 

Si de los 12 títulos conquistados por la delegación de Estados Unidos en el Mundial de Daegu participaron a partes iguales sus hombres y mujeres, Rusia -su más cercano perseguidor- siguió dependiendo del excelente rendimiento de sus féminas, quienes conquistaron siete de los nueve títulos y 13 de las 19 medallas cosechadas.

 

En cuestiones de sexo también quedó tácitamente probada la inocencia de la sudafricana Casten Semenya, quien cedió su corona en la prueba de 800 metros a la más agraciada rusa María Savirona.

Así, la corredora saldó su regreso a las pistas tras casi un año de ausencia debido a una controversia sobre su verdadero sexo, generada por su musculatura y la espectacular mejora de sus registros durante el pasado Mundial. Entonces, en una polémica decisión, la IAAF ordenó hacer exámenes para determinar su género antes de autorizarla a regresar a las competencias.

 

Otra de las cuestiones complicadas para la federación internacional y zanjadas en Daegu fue la participación del también sudafricano Oscar Pistorius, un discapacitado que usa prótesis de alta tecnología para correr.

 

Durante algún tiempo el caso Pistorius generó un debate sobre las supuestas ventajas que pudieran suponer sus prótesis de fibra de carbón, y el temor a que la evolución de cualquier aditamento cambiara la perspectiva de las competencias.

 

Finalmente la IAAF accedió a sus reclamos, Pistorius cumplió con la marca exigida para participar, y llegó a incluirse entre los semifinalistas de su prueba, un buen premio a su perseverancia y entrega.

 

Además, en la ciudad sudcoreana se vivió como nunca la tiranía africana en las pruebas de fondo, algo que disparó las teorías genetistas para esas especialidades.

 

Sólo los 800 y los 1.500 metros femeninos vieron a atletas de origen no africano en lo más alto del podio, y la supremacía de los corredores kenianos en las pruebas de resistencia fue aplastante.

 

Las dos finales del primer día -el maratón y los 10.000 metros femeninos- concluyeron con dos tripletes para Kenia que produjeron un hecho insólito en una competición deportiva: el medallero de esa jornada  inicial tenía un solo país.

 

Siete medallas de oro, de un total histórico de 17, sumó el equipo keniano para firmar su mejor Mundial. Pero en este tipo de prueba, si no brilla Kenia, es Etiopía. Y si no, Gran Bretaña o Estados Unidos con atletas de origen somalí u otro país del llamado Continente Negro.

 

Las razones para explicar la hegemonía de los atletas africanos, sobre todo aquellos que provienen del este del continente, son diversas. Las principales se centran en la genética, aunque ningún estudio ha sido concluyente, más allá de algunas pequeñas diferencias en los gemelos.

 

Las otras razones van desde la consagración en una esmerada preparación que inician desde edades muy tempranas, el hambre de gloria, y hasta el modo de ascenso social que representa llegar a formar parte de los mejores corredores del planeta.

 

Lo cierto es que el salto cualitativo ha sido extraordinario. En la actualidad escuchar el himno del país africano es una rutina en los estadios internacionales, pero cuando se celebró el primer Mundial en 1983, Kenia obtuvo como mejor resultado un séptimo puesto.

 

Entonces, la final del 1500 metros la ganó el británico Steve Cram, que dominaba el mediofondo junto a su compatriota Sebastian Coe.

 

Curiosamente este último es el jefe del comité organizador de los próximos Juegos Olímpicos en Londres, donde Kenia pudiera asaltar la vanguardia del medallero solo con un puñado de corredores.

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La más reciente cita universal de campo y pista sobrevivió en medio de maldiciones, polémicas, contradicciones y sorpresas.

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