viernes, 14 diciembre 2018, 23:13
Martes, 30 Agosto 2016 08:40

DE CUBA, SU GENTE: El amor de Ricardito

Escrito por  Diana Castaños/Especial para CubaSí

Hubo un tiempo en que trabajé como guía para la agencia cubana Cubanacán. Recibía a grupos de turistas, casi siempre londinenses, y los llevaba a recorridos por lugares históricos y recreativos de La Habana y otras provincias. Me pagaban 50 CUC diarios. Conocí Baracoa, Viñales… y cuanto sitio turístico tiene Cuba.


Yo sabía que no iba a estar ahí de por vida ni mucho menos. (No puedo estar mucho tiempo sin escribir a tiempo completo). Pero me hubiera gustado completar el año que siempre me propongo —como mínimo— en todos mis trabajos. Solo que no pude: Ricardito me lo impidió.


Ricardito tenía dieciséis años y era el nieto de mi jefa en la agencia. Dieciséis años de piel blanquísima, impecable e impoluta, y lunares salteados y atrevidos, que le afloraban en el cuello y la barbilla.


Un día se ofreció a ayudarme con unas tanquetas de yogurt que yo había comprado. Le dije no, gracias. Insistió; que por favor, que cómo iba a dejarme cargar todas esas tanquetas yo sola. Y yo que no, que solo iba hasta la avenida a coger una máquina, que no era para tanto.


Finalmente, me cogió una tanqueta de yogurt de la mano. Dijo que eso era lo que hacían los caballeros. A mitad de camino, dejó la tanqueta en el suelo —sin explicación previa o preámbulo alguno— y saltó con agilidad una verja. Entró a un jardín privado y cogió una rosa roja que apenas comenzaba a florecer. Con la misma ligereza y vivacidad de vuelta, regresó con el pimpollo entre los dientes y me lo regaló. Una flor para una flor, me dijo. Le agradecí. Recuerdo haber pensado que no era justo para los que habían cultivado el rosal, ver ahora cómo alguien les había usurpado un retoño de su jardín. Pensé que no era correcto. Pero le agradecí de todas maneras. Me pidió entonces ir al cine; le justifiqué que no tenía tiempo.

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Y eso fue todo. Ni más ni menos que eso.


Al otro día me lo encontré fumando en la escalera de la agencia. Le pedí, con ternura, que no fumara a sus dieciséis años. Me sonrió y me reclamó que fuera esa noche a su casa, que su mamá me invitaba a comer. Pero… atiné a decir. Mi mamá quiere conocerte, quiere ver a la mujer que ama su hijo, me dijo.


Ricardito era muy intenso. Le expliqué que no era amor lo que sentía, sino cuando más un flechazo, un gusto por alguien que no conocía, que cuando más intuía. Pero no se dejó convencer. Proclamó con fervor que él me amaba, que quería casarse conmigo y criar juntos los muchos hijos que tuviéramos…


Para que vean qué puede pasar cuando un adolescente blanquísimo como la espuma y plagado de lunares te lleva una tanqueta de yogurt por dos cuadras.


Después de eso, vino la hecatombe. Te amo, Diana, escrito con letras gigantescas, un Arial 1 700 al menos, en la calle frente a la agencia; el tatuaje de mi nombre en su mano; las muchas serenatas diurnas —hubo una a las 6 y 45 de la mañana, en un día en que ni siquiera había tomado café—. Su supuesto amor se convirtió, de tan insistente, en acoso. Y con el tiempo y mis negativas, terminó haciendo escenas frecuentes, que a menudo incluían llantos desconsolados en la escalera de la agencia. Ojalá hubiera sido solo ahí… También en el aeropuerto, mientras los guías esperábamos a los turistas, y en el restaurante de la sucursal, y en la oficina de su abuela, que era mi jefa.


Así que pasó: un día vino su abuela a verme. Que cuáles eran mis intenciones con su nieto, preguntó. Que si eran serias. Que qué tan seria era yo.


Le respondí que no tenía intenciones con su nieto. Que una vez había dejado que me ayudara con unas tanquetas de yogurt. Que su nieto era un adolescente, más nada que eso.


—Pero una vez —insistió la abuela— ¡le aceptaste una rosa!


No respondí en ese entonces. No supe. Quizás no hubiera podido decir nada que hiciera la diferencia entonces. O sí. No sé. Quizás nunca sepa.


Después de eso vi muy poco a Ricardito. Imagino que la abuela le habrá exigido distancia. Poco tiempo después, ella convocó una reunión en la que me anunció que se veía obligada a prescindir de mis servicios, que estábamos en temporada baja de turismo y que me llamaría en seis meses.


De eso hace hoy seis años.

Modificado por última vez en Lunes, 05 Septiembre 2016 07:04

Comentarios  

 
#25 Chey del pre 31-05-2018 15:21
Una historia similar, un amor intenso, inolvidable y muy tormentoso, se vivio en la Lenin, no Diana? Me alegra que seas escritora, como siempre lo quisiste; y FELICIDADES por todo lo que has alcanzado.
 
 
#24 aries 06-10-2016 09:38
Hola, MUCHAS GRACIAS RICARDITO, DONDE QUIERA QUE ESTES, NO DEJES DE DARLE LAS GRACIAS A TU ABUELA.
Diana, gracias por escribir, ojala pudiera conocerte, hasta el proximo miercoles.
 
 
#23 Arelys 04-10-2016 07:57
Diana es muy bonita y sentimental tu historia y es mas bonito aun que con todo ese sentimiento de por medio la hallas compartido con nosotros, muchas veces no entendemos el porque de las cosas pero cuando ya suceden y ya estan bien guardadas en nuestro interior lo que queda es quedarse con el aquello tan bonito de haber recibido una flor sincera y que por mas que no entiendas la vida sigue y tenemos que aprender a vivir con eso...
 
 
#22 ALFREDO GARCIA RUBIO 06-09-2016 13:45
Estimada Diana..... lamentablemente no tengo acceso a facebook..... ¿por qué no me envías un e-mail..... a la dirección con la cual me comunico con este Portal Digital?...... tengo varios temas para sugerir.
 
 
#21 Diana Castaños 03-09-2016 09:41
Hola!!! Gracias a todos por sus comentarios!!! Me hacen muy feliz!!!

Quería decirles que SIIIII, que esta historia es real! Ricardito existe, una vez fue muy joven, justo el muchachito que describo aquí... Hace unos días me contactó por facebook, me dijo que había leído este texto y que se había reconocido en él...

Por cierto, mi nick en facebook es Blanca Luz, en el caso de que quieran seguirme por allí.
Besos a todos, de corazón a corazón.
Diana Castaños
 
 
#20 AMOR 02-09-2016 14:00
No nos cuentas q edad tenías en aquel momento, ¿quizas eras muy joven?......
 
 
#19 AMOR 02-09-2016 13:56
Bueno, dudo que sea en verdad Diana la protagonista de la historia, no obstante si fuiste en verdad la protagonista, no tuviste otra opcion porque TODOS sabemos que cuando un jefe se gira, y más que era en turismo, no hay DIOS que los haga cambiar de idea...no sé porqué pero esos Jefes de Turismo tienen el ombligo del mundo...¿por qué serña eh?...nada Dianita, nos alegramos que te hayas retirado de los alrededores de la abuelita de Ricardito, ahora te tenemos con "nos" todo el tiempo, jajajajajaja.
 
 
#18 myke 02-09-2016 09:19
debo entender que gracias a Ricardito hoy tenemos a Diana con nos, bien x él/nos.
En un primer momento no pude (mal)juzgarle tal vez a su corta edad entendió ke su abu le había traido una perla y quizo aferrase a ella, completamente comprensible y denota una madurez precoz... ya luego pensé ke era un comportamiento típico d la edad donde se t va la olla con mucha facilidad y eso d desistir y no dar la cara fue lamentable.
me gustaría saber cómo ve él hoy aquella situación y estoy casi seguro ke esa historia no ha acabado, real o ficticia, tiene mucha tela... salu2
 
 
#17 Rolex 02-09-2016 08:33
Lo entiendo. A Ricardo, quiero decir, el adolescente entonces, ahora adulto joven. Lo entiendo porque a veces los flechazos son así, como una bala perdida, una pedrada en el medio del pecho, una picada de avispa en la frente. Al parecer son los efectos que causas Diana Cazadora. Irrefrenables. Lo más probable es que sepas volar y ni siquiera te hayas dado cuenta. Con una mujer así es difícil resistirse. Él, Ricardo, es tan solo uno más de tu lista de admiradores incondicionales . Yo, otro. Besos.
 
 
#16 ulises 01-09-2016 13:56
Esto puede ser pura ficcion, pero puede ser cruda realidad, el motivo puede llamarse Ricardito, Teresita, Moraima o cualquier otro nombre el que Ud quiera o el que lleve el provocador y/o provocadora de hechos como estos, porque si se dan en la vida real.
 

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