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Sábado, 28 Enero 2017 05:58

José Martí y una mirada a la sociedad estadounidense

Escrito por  Diony Sanabia, PL
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 José Martí José Martí

Uno de los hijos más excelsos de Cuba llegó al mundo el 28 de enero de 1853 con el nombre de José Julián Martí Pérez, y hasta hoy sigue siendo referente en el actuar de compatriotas y foráneos.

Los cubanos tienen en este día un momento propicio para honrar a su Héroe Nacional y acercarse de una forma u otra a la vasta obra que legó desde la política, la cultura, la economía, la educación, las ciencias, los deportes, la comunicación y otros temas.

A juicio de reconocidos historiadores e investigadores nacionales y extranjeros, las acciones y los pensamientos de Martí trascienden los límites de su país natal para alcanzar la universalidad.

Como muestra de la profunda capacidad de análisis del Maestro proponemos un acercamiento a sus palabras sobre Estados Unidos en la revista La América de Nueva York en 1883 y 1884 cuando fue colaborador, redactor y director de ese medio.

De acuerdo con el estudioso cubano Pedro Pablo Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales, resulta la primera publicación sistemáticamente asumida por el Apóstol con plena responsabilidad editorial para expresar aspectos de su pensamiento.

Martí nunca negó los valores del pueblo estadounidense y sus adelantos, y elaboró juicios críticos desde una posición activa que tuvo estrecha relación con el contexto económico, político y social circundante.

No le regateó al pueblo y la cultura norteamericanos su valor desde la crónica, que fue enormemente crítica y estuvo hecha para advertir sobre los riesgos imperiales de una potencia tan fuerte frente a repúblicas tan pobres, sostiene la investigadora Carmen Suárez.

De una generosidad y una amplitud de visión enormes, agrega, Martí nunca perdió de vista a los pueblos que conforman el norteamericano desde los indios hasta cualquier minoría de los inmigrantes, ni miró a la cultura estadounidense como enemiga. Ver, grandeza, hace grande: -quien entre en un taller norteamericano, donde las máquinas ruedan y rugen, y susurra el vapor y cuchichea, y pasan hombres con montes de artefactos a la espalda, y asciende el elevador (...), no se asombra de que tales aprendices de taller hayan hecho tal pueblo, escribió Martí.

Lo maravilloso les es natural, porque se crían en ello. Lo acometen todo, porque lo han visto acometer todo. De nada se sorprenden, porque viven en medio de lo sorprendente, puntualizó en agosto de 1883.

Hace daño, añadió en ese material intitulado Invento muy útil, a la inteligencia de los hombres quien les cuenta un hecho desnudo, y no lo engrana con los demás hechos humanos.

'Y quien lo hace, ahorra tiempo, desbroza el juicio, fertiliza la mente, la deja limpia y preparada, con más seguro conocimiento de la importancia de las cosas, a mayor obra'.

En el texto El Puente de Brooklyn, para especialistas y menos avezados una joya literaria de ayer, hoy y mañana, Martí anotó que tanto los creadores de la obra como quienes lo mantenían y lo cruzaban 'parecen, salvo el excesivo amor a la riqueza que como un gusano les roe la magna entraña, hombres tallados en granito'.

Como todo un maestro del buen decir, comenzó con 'Palpita en estos días más generosamente la sangre en las venas de los asombrados y alegres neoyorquinos: parece que ha caído una corona sobre la ciudad, y que cada habitante la siente puesta sobre su cabeza...', y al lector le resulta imposible parar hasta el punto final de ese material.

El escrito, al parecer de Suárez, es un rarísimo ejemplar de fusión entre literatura y tecnología, y Rodríguez lo califica como un alarde de información técnica, con opinión y enseñanza ética también.

Para este último autor, Martí indicó una relación entre dos rasgos de la psicología social norteamericana: la conciencia de la fuerza propia y el alma metalificada.

Ambos aspectos fueron apreciados por el insigne cubano en la base del camino que tomaba Estados Unidos dentro de una modernidad que implicaba lo material sobre lo espiritual.

'Todo empuja, precipita, exaspera, exacerba, arrastra. Se tiene miedo de quedarse atrás. Se quiere ir, por arrogancia humana y por tener segura la subsistencia, al nivel de todo lo que se ve'.

'Todo es ferrocarril, teléfono, telégrafo. La actividad es tremenda, el sueño inquieto, el ansia permanente. Las fuerzas no se reparan en el grado que se pierden. Se siente que la vida en estas ciudades se consume, adelgaza y evapora', subrayó en abril de 1884.

Con esa exposición de imágenes, suma de acciones, Martí logró abordar la vida moderna y ofrecer el sentido del veloz desenvolvimiento al mencionar la rapidez de los sucesos.

Rodríguez considera que el Apóstol adaptó la lengua a eso, la recreó, la transformó, la utilizó a la medida pues fue muy propia de Martí la frase corta para dar ese dinamismo de acciones, sentimientos o cosas de la era moderna.

Ante el panorama descrito, el optimismo martiano estuvo afincado desde agosto de 1883 cuando en el texto Un mastodonte planteó que 'da gozo ver a los hombres de ahora. Puede asegurarse que ya empieza la época de la verdadera revelación: La del hombre a sí propio'.

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