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Martes, 08 Mayo 2012 05:00

Adicciones y suicidios, males del ejército norteamericano

Escrito por  Yuniet Escobar Ortega, especial de Cubasi
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Un reciente informe del Departamento de Investigación Criminal del Ejército reveló que entre los años 2010 y 2011 ocho soldados fallecieron como consecuencia de sobredosis de heroína, morfina y de otros opiáceos.

El consumo de drogas, fármacos psicotrópicos y alcohol aumenta entre los soldados norteamericanos en Afganistán e Iraq. Un reciente informe del Departamento de Investigación Criminal del Ejército reveló que entre los años 2010 y 2011 ocho soldados fallecieron como consecuencia de sobredosis de heroína, morfina y de otros opiáceos.

La ONG Vigilancia Judicial explicó que en 2002 solo 10 militares habían dado positivo en la prueba de detección de drogas, pero en 2010 existían 116 casos de drogadicción entre las tropas que se encuentran ubicadas en Afganistán, esto significa -aseguraron- un aumento de mil 160 por ciento.

El informe también arrojó que de 56 soldados investigados por sospecha de posesión, consumo o tráfico de heroína y otras drogas, se descubrió que algunos habían comprado a menores afganos, a un intérprete y a un contratista del Departamento de Defensa estadounidense.

Vigilancia Judicial denunció que algunos soldados incluso se pasan al consumo de drogas más drásticas derivadas del opio; “lo más terrible es que no entienden la gravedad del problema”, comentó Tom Fitton, presidente de la ONG.

A raíz de varios incidentes contra civiles en Afganistán e Iraq se conoció un reporte donde se explica que cerca de 100 000 militares consumen sedantes, antidepresivos y otros fármacos de similares efectos a los producidos por estupefacientes.

Algunos veteranos de guerra declararon que consumían pastillas para poder superar la rutina cotidiana. Por otra parte, se divulgó que gracias a estos medicamentos, la depresión que padecen los soldados podía ser fácilmente manejada por los jefes que incentivaban el consumo de sedantes.

Como si esto fuera poco, también se conoce que las tasas de suicidio van en aumento. Las estadísticas indican que por cada soldado fallecido, unos 25 veteranos se quitan la vida en los Estados Unidos.

Un artículo de Russia Today señala que en promedio un soldado muere en acción cada día y medio, mientras cada 80 minutos se suicida un veterano. Se registra un aproximado de 6500 suicidios cada año, lo que representa más de la cantidad total de muertes de militares en ambas guerras juntas desde que comenzaron dichos conflictos.

Al parecer, el estrés postraumático y las lesiones cerebrales recibidas en el campo de batalla están entre las principales motivaciones para suicidarse; aunque los informes gubernamentales olvidan mencionar lo que muchos denuncian a diario y que tiene que ver con la poca atención que se les brinda a los veteranos de guerra.

Los programas de reinserción a la comunidad son escasos y la gran mayoría quedan olvidados a su suerte. Se afirma que una cuarta parte de los indigentes en ese país son exmilitares y la tasa de desempleo entre ellos es del 12 por ciento.

Un reportaje publicado en el diario The American Journal of Public Health indicó que ser veterano duplica el riesgo de suicidio; y en los exmiliates más jóvenes, entre 17-24 años de edad, ese riesgo se cuadruplica. Los psicólogos plantean que muchos no logran reincorporarse a su antigua vida familiar.

Locura robótica de Washington

Terapeutas virtuales, robots de combate y drones parecen ser la solución que Washington encontró para resolver los serios problemas que enfrenta su ejército, situación que los pone en una posición cada vez más incómoda ante la opinión pública mundial, y es causa de roces diplomáticos.
 

Como si fuera una idea sacada de una película de los estudios de cine de Hollywood, se anunció recientemente que Estados Unidos esperaba contar para el 2030 con una fuerza armada prácticamente robótica o controlada mayormente por humanos.

En 2005 un artículo publicado en The New York Times anunciaba que el Pentágono preparaba una amplia variedad de soldados automatizados para entrar en acción en 2015. En esa ocasión Gordon Johnson, jefe del programa de robótica del Comando de Fuerzas Conjuntas del Pentágono, justificó la idea porque según él, a los robots no les da hambre, no tienen miedo, no olvidan sus órdenes y no les importa si un compañero acaba de recibir un disparo.

Claro, se olvidó mencionar el factor económico. El costo medio de por vida de un soldado es de unos cuatro millones de doláres, según cifras conservadoras. Los soldados robot podrían costar una décima parte de eso o menos. Estados Unidos debe a sus soldados miles de millones de dólares en beneficios de retiro, cifra que no pueden pagar.

Los planificadores militares señalaron que los robots pensarían, percibirían su entorno y reaccionarían cada día más como humanos a medida que avanzara la tecnología.

De acuerdo a los vaticinios de sus diseñadores, los robots en batalla podrán parecerse y moverse como humanos o colibríes, tractores o tanques, cucarachas o saltamontes. En la actualidad varios cientos de robots desentierran bombas en Iraq, exploran cuevas en Afganistán y sirven como vigías armados en depósitos de armas.

A este ejército de robots se unen los terapeutas «online». La Agencia de Investigaciones y Proyectos Avanzados de Defensa aseguró que planea crear un psicólogo virtual para ayudar a los soldados con trastornos psíquicos. El programa implica establecer una comunicación con el paciente del mismo modo que si fueran médicos de carne y hueso.
 
Se conoció que el nuevo proyecto se denomina SIM Sensei y en él se combina la simulación en 3D y un programa especial ELIZA, capaz de detectar una variedad de síntomas psicológicos a través del análisis de expresiones faciales, gestos corporales y el habla. Aunque el programa ayudará a ofrecer un diagnóstico común para revelar la enfermedad del soldado y entender la gravedad del problema, los especialistas aclararon que no sustituirán a los especialistas de los centros médicos.
 
De momento, la nueva iniciativa se utilizará solo en hospitales militares. Los soldados tendrán la posibilidad de acudir a una cabina especial para hablar con su terapeuta virtual. Las cámaras web, micrófonos, detectores de movimiento y otros sensores, incorporados en el SIM Sensei, examinarán cuidadosamente el comportamiento de los pacientes.

Washington también ha sido criticado por el uso de drones, aviones no tripulados, en misiones de espionaje, como en el caso de Irán o en Yemen para acabar con los supuestos seguidores de Al Qaeda.

El periódico The Washington Post dijo que los drones se utilizan en Yemen bajo un nuevo reglamento aprobado por el presidente Barack Obama que permite a la CIA y a los militares disparar, incluso cuando la identidad de los que podrían ser asesinados no se sepa con certeza.

Los expertos aseguran que este margen de maniobra a la CIA y al Comando Conjunto de Operaciones Especiales de EE.UU. (JSOC) podría significar un incremento de las acciones con drones, que ya se había acelerado este año con al menos nueve ataques en menos de cuatro meses.
 
Lo que causa estupor es que la CIA y el JSOC podrán disparar contra objetivos basándose únicamente en información de inteligencia, obtenida por intercepciones de señales, fuentes humanas o vigilancia aérea. No será necesario estar seguros 100 por ciento de que el objetivo es realmente el blanco de los drones.
 
Hasta ahora, el gobierno de Obama había permitido que acciones parecidas se llevaran a cabo solo contra conocidos líderes terroristas que aparecen en las listas secretas de la CIA y cuya ubicación se podía confirmar.
 
Lo anteriormente descrito deja miles de interrogantes sobre lo que podría acontecer en un futuro cercano en relación a un tema tan complejo como es la seguridad nacional de un país. ¿Qué pasará entonces con las naciones pobres que apenas tienen recursos para alimentar a sus pueblos?

De todas formas, lo que sí está claro es que a pesar de la parafernalia anunciada por Washington para tratar de mitigar lo que sucede en su ejército y, en sentido general, en su sociedad, se evidencia claramente la crisis militar, económica y social que vive el Imperio norteamericano en franca decadencia.

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Las muertes por suicidio entre los militares estadounidenses han superado a las pérdidas en combate por segundo año consecutivo.

El Ejército de EE.UU. sufrió un récord de 32 suicidios en julio, la mayor cifra desde que comenzó a publicar estos datos cada mes desde 2009, afirma el diario The Washington Post.

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