miércoles, 15 agosto 2018, 06:29
Lunes, 19 Febrero 2018 06:48

Linotipo: Réquiem por un difunto

Escrito por  Vladia Rubio / CubaSí
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Quienes hoy tienen menos de 30 años no saben de los linotipos, aunque gracias a esos gigantescos rinocerontes metálicos pudieron existir las publicaciones que informaron y cultivaron a muchas generaciones de cubanos.


Nunca se dio a conocer la noticia. El linotipo fue extinguiéndose digna y silenciosamente, como cayó el Principito sobre la arena.

Pero el Principito tenía un piloto que lo recordaba y los linotipos nunca han tenido, al menos en nuestra Isla, un réquiem digno de su linaje.

Al igual que las cartas manuscritas, las jeringuillas de cristal, los cassettes y las máquinas de escribir, los linotipos pasaron a mejor vida sin una despedida oficial.

Cuando vuelvo la vista atrás –y lo hago poco- en mi carrera periodística de 31 años, ese viaje al pasado va acompañado siempre e inevitablemente, de una misma banda sonora: el metálico goteo de los linotipos, rítmico, con algo de campanitas, que avanzada la tarde empezaba a escurrirse por las ventanas del segundo piso del diario Granma y daba la bienvenida al recién llegado, aun antes de poner un pie en el vestíbulo.

Tuve el honor, el privilegio, de compartir por escaso tiempo con los hombres que trabajaban en ese taller y a quienes la llegada de las nuevas tecnologías destinó luego a otras funciones.

Con la timidez de recién graduada, cuando me enviaban a buscar una prueba de galera o de página a ese segundo piso, me adentraba en aquella inmensa nave con el sobrecogimiento de quien penetra en un quirófano, en una zona prohibida.

La iluminación allí era menos intensa, las distancias parecían multiplicarse, y el sonido que se percibía ventanas afuera, era entonces más intenso. Inspiraba temor hablar en voz muy alta, como si fuera una a interrumpir el ensayo de alguna importante sinfonía, indescifrable por demás, porque las primeras veces no comprendía nada de lo que allí se hacía.

Solo me indicaban una y otra vez: cuidado, no te acerques a la máquina por esa parte; aléjate, eso está caliente. Hablaban del plomo borboteando a más de 300 grados en el crisol, de las letras y palabras que iban cayendo otra vez recién paridas, esta vez por el diestro accionar de las manos del tipógrafo.

Eran 90 teclas, con 30 signos y números, 30 mayúsculas y 30 minúsculas, dispuestas con un orden diferente al que tienen hoy los teclados de las PC y sobre las que volaban los dedos de los linotipistas, más que mirando, intuyendo dónde andaba cada una.

La máquina multiplicaba muchas veces la rapidez con que décadas atrás los tipos (letras, símbolos, etc.) se componían absolutamente a mano. Y aquellos tipos siempre eran nuevos porque una vez usados en la impresión se volvían a fundir.

Allí el tiempo también parecía ser otro. Los rostros eran adustos; amables pero serios, concentrados en lo que hacían. Tras los delantales se atisbaban camisetas blanquísimas hechas de algodón. Ni risas, ni chistes; existían una cortesía y caballerosidad tan naturales que parecía estarse en un siglo ya pasado.

Con cuanta responsabilidad y esmero asumían su oficio aquellos trabajadores, quienes, a pesar de trabajar con las manos -¿obreros manuales?- eran por lo regular un dechado de cultura y podían corregirle la puntuación y la ortografía al más pinto de la paloma.

Pero siempre desde una humildad y una sencillez que inspiraban aun más respeto.

Gabriel García Márquez igual hablaba de ellos con reverencia en su autobiografía Vivir para contarla: “tipógrafos cultos por tradición familiar, gramáticos dramáticos y grandes bebedores de sábados. Me hice a su gremio”.

No sé si aquellos bebían los sábados, pero sí que eran buenos gramáticos y también formados casi todos en la tradición familiar, como lo fueron en Cuba los azucareros o los ferroviarios. Más de una buena pluma del periodismo cubano tuvo su origen en los talleres de linotipo.

En la azotea de un medio de prensa me topé hace años con un cementerio de linotipos abandonados. Venciendo sobre la herrumbre y el polvo les asomaba esa gallardía sobria y sin rimbombancias que acompaña a las grandezas genuinas.

Abogué por crearles un museo, investigué, pregunté... pero su final anunciado sería entregarlas como chatarra. Qué terminar tan doloroso, ¿humillante?, para aquellas majestuosas máquinas en las que manos diestras teclearon tantos textos, muchos de ellos trascendentales.

Pero ya nadie en el mundo construye linotipos. Ottmar Mergenthaler inventó el primero hace 132 años. En estos tiempos de Internet y smartphones, de prensa digital y twitter, no queda ya ni un lejano murmullo del tintinear de las palabras fundidas en plomo hirviente.

Visto 680 veces Modificado por última vez en Miércoles, 21 Febrero 2018 21:25

Comentarios  

 
#4 LOR 19-02-2018 11:26
Gracias, estimada Vladia, por este artículo. Mi padre fue linotipista en sus comienzos laborales y siempre estuvo muy orgulloso de pertenecer a ese gremio.
 
 
#3 REA 19-02-2018 11:17
Tengo 44 años. Mi padre era Linotipista y visité en mi niñez con mucha frecuencia la imprenta donde trabajaba. Conocí bien de cerquita esos equipos y son en su funcionamiento exactamente como describe la periodista. Hace apenas 3 meses pasé por allí y les digo que aquí en Camagüey, aún funcionan esos Linotipos en la imprenta Paquito González de la calle San Esteban
 
 
#2 Francisco Rivero 19-02-2018 09:23
Alegria al leer este trabajo, razones tengo porque fue mi escuela de sabiduria obrera. En mi formacion profesional como diseñador grafico, tengo en gran estima el precioso aprendizaje vivido entre personas valiosas y de respetable trayectorias tanto por sus conocimientos, como de la vida misma. Estimada Sra. Vladia Rubio, agradecido por su atencion a este noble sector obrero. A dias de hoy, donde al parecer lo inmediato y rapido trata de olvidar todo el saber de las artes y el oficio precedente. Aplaudo su labor de en este asunto. Llama usted al linotipo de rinoceronte metalicos, a los linotipista de forma callada los consideraba en su tabajo e imagen en una suerte de SAN JORGE, en su combate contra el error ortografico en medio del calor de la fundicion del plomo, ese dragon que no se apaga, sera acaso la llma eterna del saber. Por cierto una indicacion he asistido a ver una pelicula " The Post, la guerra secreta ", muy mencionada por su indicacion a los premios Osacar del 2018. Hay una secuencia breve al final muy bien lograda en mi parecer, que implica el trabajo del linotipista. Un saludo fraterno
 
 
#1 Maricela Hernández J 19-02-2018 08:14
Muy buen trabajo, en el municipio de Puerto Padre tenemos la imprenta El resamiento que este año cumple 100 años de fundada y trabaja con la maquinaria con la cual se fundo, los linotipos están muy bien conservados y con óptima calidad, desafiando a la nueva técnología la cual aún no ha llegado a sustituirlos.
 

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