viernes, 19 octubre 2018, 02:23
Domingo, 15 Abril 2018 07:36

China-USA: Halcones por una guerra política

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Con medidas de fuerza, Estados Unidos quiere evitar que Beijing —que utiliza métodos pacíficos— domine la tecnología y dirija al mundo en este siglo XXI.

Si usted lee las más recientes declaraciones del presidente norteamericano, Donald Trump, y de los elementos ultraderechistas que ha impuesto en su gabinete, observará que la todavía incipiente guerra comercial declarada por Estados Unidos contra China representa una extremadamente seria amenaza política, plagada de un chauvinismo en el que intenta envolver a sus más fieles aliados.

Si, en el caso de Siria, Trump expuso hipócritamente una aparente decisión de irse retirando de una escena que le era, es, adversa, para luego hacer exactamente lo contrario, con el peligro de una hecatombe bélica, en el de sus diferencias con China entra a jugar la faz de lograr un compromiso serio comercial, exhibir realmente que se trata de una lucha por el poder.

Y es que, con medidas de fuerza, Estados Unidos quiere evitar que Beijing —que utiliza métodos pacíficos— domine la tecnología y dirija al mundo en este siglo XXI.

O sea, la declaración de la "guerra arancelaria" contra China por Trump poco tiene que ver con el comercio: se trata de una lucha para determinar cuál potencia dominará la tecnología, y ello conlleva el fin de la convivencia cordal y el riesgo que estalle una guerra real, como está sucediendo en otro ámbito con Rusia.

Ambrose Evans-Pritchard, veterano analista de The Daily Telegraph, subraya que el más reciente informe de estrategia de seguridad nacional de EE.UU. identifica por primera vez a China como un rival estratégico que busca "desafiar el poder, la influencia y los intereses estadounidenses, intentando erosionar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos".

Para Evans-Pritchard, es este "contexto diplomático venenoso" lo que hace que la escaramuza comercial sea "tan peligrosa", y recordó que las administraciones de Bush y Obama buscaron un “modus vivendi” con Beijing, intentando evitar el riesgo de un conflicto militar entre un poder en ascenso y uno ya dominante.

En este sentido, Evans-Pritchard recuerda que Obama buscó atraer a China al sistema internacional a través del G20 y el FMI, tratando a Beijing en pie de igualdad en un condominio global. No obstante, "el gabinete de guerra de Trump no quiere saber nada de eso", se lamenta.

Tras la imposición de aranceles por Washington y la respuesta china, Trump todavía considera que "las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar" y amenaza con aún más sanciones, pero el líder Xi Jinping, quien tiene una abrumadora ascendencia entre los 1 300 millones de chinos, no ha mostrado debilidad alguna y tiene preparadas las respuestas a cada maniobra norteamericana al efecto.

Para otros analistas, una caída de Wall Street es quizás el único elemento de disuasión que Trump realmente teme, debido al acercamiento de las elecciones de mitad de mandato en EE.UU., así como que China pudiera desencadenar una debacle económica en EE.UU. si decidera China vender sus activos de 1,2 billones de dólares de los bonos del Tesoro norteamericano.

Mucho más habrá que hablar sobre esta cuestión, a medida que se desencadenen los posibles y venideros acontecimientos, que serán graves, porque el gabinete de guerra con Bolton, de Seguridad Nacional, y Pompeo, de la CIA, al frente, no se da cuenta de la fragilidad de un sistema que ha llevado su deuda al 270% del Producto Interno Bruto.

Por lo tanto, para Evans-Pritchard "sigue abierta la pregunta" sobre quién "se lastimará más" si el enfrentamiento empeora: "los halcones de China" no se dan cuenta "de cuán frágil se ha vuelto su sistema" después de llevar la deuda al 270% del PIB, mientras que Trump, una cabeza que no piensa mucho, aduce infantilmente que los 3 750 millones de dólares de superávit de China con EE.UU. "hace que los chinos sean más vulnerables".

Realmente, es una disputa peligrosa, buscada por los guerreristas que acompañan y aconsejan a Trump, quienes ofrecen el mensaje de que China es "una amenaza elemental para los intereses estratégicos" de EE.UU. y debe ser frenada antes de que sea demasiado tarde.

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