lunes, 28 mayo 2018, 00:57
Domingo, 22 Abril 2018 06:00

Injusticia brasileña amenaza a Latinoamérica

Escrito por  Arnaldo Musa/Cubasí
Valora este artículo
(0 votos)
Brasil es una muestra y Lula un ejemplo de lo que el imperialismo norteamericano depara a los pueblos latinoamericanos, cuando surgen figuras que representan un peligro para la hoy virtualmente indetenible  ola neoliberal.


Cierto, hay una oligarquía que se beneficia de ello, pero ni hasta en esta confían los hijos de Sam que llevan a cabo la tan inteligente como inescrupuloso tarea del montaje de farsas que puedan hasta poner en apuros a algunas figuras conspicuas que le son sumisas, en aras del botín mayor.

Es decir, hay verdaderos montajes de “paripés” para llevarse, como se dice comúnmente, “el gato al agua”, toda una mezcla de hilvanamiento judicial edulcorado, que en su momento puede devenir en pura represión y llevar la incertidumbre a las masas, convenciéndolas de que nada se puede hacer o que es inútil toda movilización para liberar a la figura favorita para convertirse por tercera vez en el Presidente de Brasil.

El proceso montado a Luiz Inácio Lula da Silva para llevarlo sin pruebas reales a prisión y sacarlo del proceso electoral, casi se ha consumado, y sólo una verdadera fuerza de las masas brasileñas, dirigidas por consecuentes líderes progresistas, pudieran evitar una a todas luces injusta prisión de más de 12 años, ya comenzada en un virtual confinamiento, con la negativa oficial a la recepción de visitas, que incluyen Premios Nobel de la Paz, líderes religiosos, etcétera.

O sea, Lula es una muestra de lo que el imperialismo puede realizar en este terreno de los “justicia”, con un guión enrevesado en el que las acciones que se realizan parecen ser lo adecuado, pero no lo son, con tal de buscar el objetivo supremo.

Así, se fabrica poco a poco toda una leyenda mediática para preparar el terreno, se buscan figuras de la legalidad como el juez Sergio Moro que tengan carisma y sin aparente conexión con la extendida corruptela, y se prepara todo un terreno para sacar fuera de juego a las personas que pudieran impedir el exabrupto mayor, como sucedió con la también ilegal deposición de la presidenta Dilma Rousseff.

Precisamente, nacida en los últimos años del primer mandato de Dilma, la Operación Lavadero de Autos (Lava Jato) se apoyó en la prisión preventiva, la delación a cambio de beneficios procesales y la posibilidad de ir preso en segunda instancia, decisión tomada por el Supremo Tribunal Federal (STF) en el 2016.

Estos tres instrumentos jurídicos de coerción contra los presuntos imputados hicieron que el radio de esta investigación prosperara y creciera al calor de las operaciones mediáticas en el país, en un contexto en el que fue declarada judicialmente como una, fíjense bien, "operación excepcional que no debía seguir las leyes del país".

Bajo este mandato, el juez Sergio Moro, junto a los medios privados, sentenció ante la opinión pública a Lula da Silva como el principal responsable de la trama de corrupción que investigaba. Casi cuatro años después, la prisión preventiva y la delación premiada hicieron que el dueño de la constructora OAS  (Odebrecht) “confesara” la entrega de un apartamento a Lula en calidad de soborno. Esta fue una de las dos pruebas utilizadas por Moro para condenarlo a nueve años de prisión, junto a un certificado de compra-venta que no llevaba su firma.

CONSTITUCIÓN BURLADA

El STF falló a favor de que Lula fuera a prisión en segunda instancia, después de que la condena de Moro fuera ratificada. Es decir, evitó abrir cualquier tipo de cuestionamiento a esta jurisprudencia que atenta contra la propia Constitución y el código penal. En las manos del juez municipal quedaba el futuro procesal de Lula luego de que el STF blindase provisoriamente uno de los principales instrumentos de coerción del Lava Jato: la prisión en segunda instancia.

Paradójicamente, hace cuatro años, cuando la operación empezaba, difícilmente podía preverse que un juez municipal, junto a unos fiscales y policías federales asesorados por Washington, podían llegar a meter preso a quien declaraban como su principal enemigo. Hoy la serie de desmanes judiciales alentada por Moro inmortaliza su desempeño, y una sentencia de un simple juez municipal, de muy bajo nivel, lo convierte en el verdugo de Lula, como si representase un suprapoder por fuera del escrutinio público y la propia Carta Magna de la República.

Así, rechazando todos los argumentos de la defensa, que sí se basan en la legalidad constitucional, se cierra formalmente en Brasil la vía institucional a cualquier alternativa electoral.

En un reciente comentario en este portal, mencionamos que, desde la cárcel, Lula puede seguir apelando para salir de prisión, pero sobre él pende una figura jurídica denominada “Ficha Limpia”, que establece la imposibilidad de ser candidato a cualquier político con una condena en su contra. La sentencia del STF brinda un indicio de un derrotero judicial que parece lejos de ser revertido en lo más esencial de su vida política: su candidatura presidencial.

Todavía hay un resquicio judicial para que su prisión sea revertida en corto plazo, dado que varios jueces se pronunciaron en contra del habeas corpus del ex presidente, pero es una posibilidad obstruida por la presidenta del STF, Carmen Lucia, pero que cuando termine su mandato, en septiembre venidero, puede ser desempolvada. De darse esto, Lula, junto a varios políticos y empresarios, podría quedar en libertad, limitándose seriamente el accionar del Lava Jato en un entorno de alto descontento del cuerpo político del país contra Sergio Moro y compañía, empezando por el propio Temer.

El Partido del Trabajo (PT) afirma que continuará con la candidatura de Lula hasta las últimas consecuencias, pero, de todas maneras, la inmoral condena a prisión y la permanencia del líder en ella, sea o no candidato, desnuda por completo el esquema de gobierno de Michel Temer y su política entreguista de las principales riquezas naturales al imperialismo y la oligarquía que le ordena.

Especialistas brasileños y otros latinoamericanos consideran que la Operación Lava Jato fue una creación auspiciada por los Departamentos de Estado y de Justicia de Estados Unidos, bajo nexos con Sergio Moro, la Procuraduría de la República y la Policía Federal a cargo de la investigación.

Sus resultados son más que evidentes, al haber aislado a la principal amenaza política de Washington: la coalición de políticos brasileños, apoyados en el PT.

Para revertir esa situación, subrayo, tiene que hacerse realidad la voluntad de la mayoría de los brasileños, ante la hasta ahora inexpugnable presión de los militares, los jueces, los medios y el capital privado, todos al servicio del Imperio.

Visto 435 veces

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar