miércoles, 15 agosto 2018, 00:49
Viernes, 18 Mayo 2018 12:35

ARCHIVOS PARLANCHINES: ¡Yo quiero un amigo cubano!

Escrito por  Orlando Carrió/Especial para CubaSí
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Los amigos del barrio son los mejores… Los amigos del barrio son los mejores…

Un amigo en estas latitudes nunca te preguntará cómo estás: sin preámbulos se te lanza encima para destacar tu buen porte, lo mucho que has adelgazado, la buena pinta de tu cabello y hasta de tus ropas.


Pienso que en las últimas décadas los amigos de casi todo el planeta nos hemos vuelto demasiado ceremoniosos, protocolares y artificiales, lo cual no es nada bueno si pensamos en una entrega real, sin hipocresías o conveniencias sociales. En México y Venezuela, por ejemplo, los países que más conozco después del mío, expresiones como «permiso» (o «permisito»), «favor», «nos hablamos», «pronto nos tomamos un café», «me encantaría que nos viéramos un domingo» y otras banalidades por el estilo, propias, sobre todo, de las clases medias, han sustituido al verdadero apretón de manos, al abrazo del alma, a la palmadita en el hombre, a la llamada a las once de la noche para dar cuenta del último chisme y al traguito que acompaña a las desgracias del prójimo.

Es una pena, porque sin familiares, y en particular, sin amigos, andaremos siempre desorientados, turulatos, faltos de los bastones que se necesitan para atravesar los campos espinosos de la globalización.

Claro, hay países donde las personas se toman más en serio este tópico y Cuba, por suerte, figura en esta lista cada día más escuálida. No por gusto dicen que tener un «socio» en esta Isla es igual a ser dueño de un central azucarero. Un amigo en estas latitudes nunca te preguntará cómo estás: sin preámbulos se te lanza encima para destacar tu buen porte, lo mucho que has adelgazado y la buena pinta de tu cabello y hasta de tus ropas. Y si es una dama, al instante te estampa un buen besote y te comenta: «Pepillo, estás en la última, contigo no hay quien pueda». Tal vez todo sea mentira, pura comedia, pero tú te sientes como un gallo fino listo para salir al ruedo.

Aunque, este solo es el comienzo. Un amigo cubano, cuando te hace una visita, nunca llama a tus padres señor y señora; se ríe de estas convenciones sociales, y enseguida te preguntará: «Oye, loco, ¿y cómo está el viejo?... ¿Y la vieja sigue de costurera?». Incluso, si la asistencia es algo arrabalera, indagará por tu «puro» y por tu «pura» con el mayor desparpajo del mundo.

En Cuba, para ver a un amigo, no hace falta agendar una cita y discutir sobre el día, la hora y el motivo del encuentro. ¡Nada de eso! Las visitas repentinas son tan frecuentes como los fuertes alisios que entran por la boca del Malecón. Y el anfitrión no tiene otro remedio que improvisar algo de comer si llegan las fatídicas doce del día y los estómagos andan con lunares.

La invitación para sentarse ante el caldero casi siempre se mueve entre unos chícharos bien sabrosones o un pan con croquetas de la bodega. Da lo mismo. El gesto es lo que vale, lo importante es poder darle a la lengua. A renglón seguido, el invitado, en el colmo del descaro, te pedirá un cafecito, y si no le respondes de inmediato, se meterá en tu cocina, tomará la cafetera y lo hará él (con el azúcar que le regala presurosa la vecina Clotilde).

Se puede dar, además, el caso de que tu amigo necesite dormir en tu vivienda, pues es de provincia y tiene un turno en un hospital al día siguiente. Es decir, te zumbe una «tiñosa». En este caso, casi siempre el dueño de la casa ofrece, no el sofá, como podría suceder en otras latitudes, sino su propia cama, y termina acostándose encima de una frazada en el piso. Eso sí: no parará de conversar en toda la puñetera noche y de dormir… ¡nada!

Por fortuna, los amigos cubanos no solo provocan dolores de muelas y mucho fastidio: si tienes algún problema, prepárate, tu compinche va a llorar a tu lado a moco tendido. No importa la índole de la desgracia, cualquier drama parece bueno para lanzar lamentaciones y hasta una lagrimita boba. Y si estás resfriado, no te mandará a comprar una medicina sofisticada y cara; por el contrario, te hará una sopa de pollo, y te obligará a tomártela junto con los eficaces remedios de su abuela. ¡Ah…!, y no te mandará flores con una tarjeta cuando estás ingresado en el hospital, no… no… armará un grupo de emergencia rotativo y cada dos o tres días se sentará en una silla toda la noche para cuidarte.

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Un buen apretón de manos resuelve cualquier bronca


Existe la creencia de que los «aseres» cubanos nunca tocan las puertas como aconsejan la prudencia y la buena educación, más bien entran sin avisar y luego te dicen: «Oye, estoy aquí». Y es cierto. También lo es el hecho de que podrían escribir todo un anecdotario sobre ti y tu familia con todos los secretillos, trascendentes y tontuelos, que les has contado…

Finalmente, nada de esto le saca chispas al jarro por una razón bien sencilla: los amigos cubanos —gritones, desparramados, invasivos y simpáticos hasta en la madrugada— no son hijos de las eventualidades y accidentes de la vida; tampoco son fugaces, pasajeros o eventuales; al revés, se te sientan al lado y ni con candela los puedes alejar, ¡son para toda la vida!

Visto 703 veces Modificado por última vez en Lunes, 04 Junio 2018 08:52

En el Museo de la Imagen pueden apreciarse 1 900 piezas regeneradas, clasificadas con rigor, y funcionando a la perfección, las cuales se ríen del paso del tiempo y le ponen zancadillas a la nostalgia.

Los inquilinos de La Acera del café habanero El Louvre, llamados tacos, se enfrentan, con bastante periodicidad, en feroces duelos, los cuales, en ocasiones, terminan de manera cruenta.

Comentarios  

 
#5 alexi 25-05-2018 15:52
Por eso yo estoy como EL CANTANTE jOSE vALLADARES yo quiero tener un millón de amigo y asi mas fuerte poder cantar
 
 
#4 MaryD 24-05-2018 12:30
Muy bueno!!!!!!!! Los cubanos sabemos ser amigos en las buenas y en las malas
 
 
#3 Frank Padrón 23-05-2018 13:04
Carrió, como es habitual, despliega su sabiduría costumbrista y su gracia escritural para acercarnos mediante el humor a un tema tan serio. Felicidades.
 
 
#2 vilma 19-05-2018 11:44
Que bonito, me encanto la forma de hablar de los amigos cubanos, es mucha verdad y hay un monton de cosas mas increibles que son capaces de hacer, si quieren que salgas con ellos a una fiesta te visten y todo. Muy buen articulo te da animo.
 
 
#1 carlosvaradero 18-05-2018 13:27
Cuando vivía en México, cuando me encontraba con algunos amigos, el saludo era "un gusto verte" y nos dábamos un abrazo, quizás era un poco "protocolar" pero los mexicanos son así, luego venia lo otro, "a ver cuando nos tomamos un café"... cosa que casi nunca sucedía, porque los mexicanos eran un poco fantasiosos, y yo como cubano al fin pensaba que en cualquier momento me llamarían para el encuentro y el cafecito en algún Samborns o bar del DF.
Los cubanos somos más espontáneos, y el saludo se limita a un qué bola!!... pero si somos más cumplidores que los mexicanos y si decimos de vernos para tomarnos un café o una cerveza de seguro sucede, no lo duden.
 

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