miércoles, 15 agosto 2018, 00:51
Martes, 22 Mayo 2018 05:58

Colombia: Donde el voto es vulnerable

Escrito por  Arnaldo Musa/Cubasí
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 El candidato de derecha a la presidencia de Colombia, Iván Duque, baila champeta con una bailarina durante el cierre de campaña el sábado en Cartagena, Colombia. RICARDO MALDONADO ROZO EFE  Read more here: http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/colombia-es/article211559044.html#storylink=cpy El candidato de derecha a la presidencia de Colombia, Iván Duque, baila champeta con una bailarina durante el cierre de campaña el sábado en Cartagena, Colombia. RICARDO MALDONADO ROZO EFE Read more here: http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/colombia-es/article211559044.html#storylink=cpy

Colombia no es Venezuela, donde el respeto al voto lo mantiene invulnerable.

Así son también veleidosas esas encuestas que durante mucho tiempo dieron como favoritos a los candidatos presidenciales de la izquierda, y al acercarse el momento clave, el 27 de este mes, ya se inclinan por los de la derecha, en tanto los principales medios tratan de preparar a la opinión pública para que vea como natural lo que no es.

Empero, y pese a los “pucherazos”, fraudes y otras maquinaciones fascistas, se mantiene la preocupación por la posibilidad de que gane alguien no proclive al imperialismo y por quienes tienen en la incertidumbre al país suramericano. Por ello, The New York Times, el periódico al que tratan de presentar como objetivo, ha dado recomendaciones a Iván Duque, para hacerlo “comible”.

El periódico estadounidense presenta a Duque como la cara presentable del uribismo y apto para representarlo, mediante el partido Centro Democrático en las elecciones presidenciales, cuya primera vuelta será el 27 de mayo, evitando así el error del 2014, cuando enfrentó al presidente Juan Manuel Santos con Óscar Iván Zuluaga, una figura sin escrúpulos y de ideas reaccionarias.

Pero lo cierto es que no tiene nada de progresista. Aunque lo definan como un “extremista de centro”, calcado de la campaña de Emmanuel Macron en Francia, sigue rodeado de la derecha colombiana más tradicional. De hecho, su posición en las encuestas se disparó cuando fue respaldado por reaccionarios conservadores —que van desde el ex fiscal general Alejandro Ordoñez, líderes cristianos y católicos que vinculan a Santos con el comunismo ateo, hasta los uribistas—, adversos a la sociedad “liberal” en la que Colombia supuestamente se transformó desde la vigencia de la Constitución de 1991.

Duque encabezó la campaña del NO a la paz, cuando dio un discurso de mano dura sobre la seguridad  y llamó a sus opositores “castrochavistas”. Además de tener como padrino político a Álvaro Uribe, logró unir a la derecha colombiana, que renunció a sus tres precandidaturas para converger sobre él.

Le recomiendan que en su campaña no hable de dar marcha atrás en los avances de los derechos civiles conquistados en los últimos años, como la aprobación del matrimonio igualitario; ni descuidar temas  como la corrupción y la degradación del sistema de salud, y que haga propuestas (aunque después las deseche) sobre asuntos críticos como la explotación de los recursos naturales (minería y petróleo), muy conflictivos en Colombia.
Aparte de la bendición de Uribe, líder del Centro Democrático, Duque cuenta con el apoyo del ex presidente conservador Andrés Pastrana. Su compañera de fórmula es Marta Lucía Ramírez —ex ministra de Defensa de Uribe y ex ministra de Comercio Exterior de Pastrana- de quien se dice que es más conocida e inteligente que él.

Y este es el personaje que The New York Times confía para evitar que alguien de la izquierda gané los comicios, y transforme a Colombia “en otra Venezuela”, dándole más dolor de cabeza a Estados Unidos.

Otro de los candidatos de la derecha “deseable” para Washington, es el ex vicepresidente Germán Vargas Lleras, quien esgrime propuestas para mejorar los sistemas de educación y salud, que no pueden ocultar sus planes para fortalecer aún más el aparato militar, dar más espacio a la inversión extranjera y reducir los impuestos a la oligarquía nacional para que sus empresas se vuelvan más competitivas, con lo cual dañaría los ingresos para cumplir los programas sociales que tanto dice defender.

Aunque Sergio Fajardo es considerado de centroizquierda, su programa económico adolece de fallas que se consideran ingenuas para un político, aunque su elección no es tampoco deseable para la amplia gama del poder conservador, que sí hace todo lo posible, incluido el intento de asesinato, para evitar que Gustavo Petro, un ex guerrillero, acceda a la presidencia.

En un amplísimo programa, Petro llama a poner en marcha las reformas para alcanzar una paz definitiva con equidad y libertad, reduciendo las distintas formas de desigualdad y de discriminación social.  Para ello implementaría un nuevo pacto social y político, con amplia participación de todos los sectores y ciudadanías, con el fin de superar definitivamente la guerra, edificar una justicia autónoma y al alcance de la gente y vencer la corrupción.

Asimismo, trata de fortalecer lo público para que predomine sobre lo privado, al revés de lo que ocurre ahora y, en este contexto, “se orientará hacia la garantía plena de derechos y hacia el reconocimiento de nuestra diversidad poblacional, social y cultural. En esta vía, garantizaremos el derecho fundamental a la salud de manera universal y equitativa y a la educación de calidad, pluralista, universal y gratuita".

"La justicia hay que hacerla autónoma de la política. La justicia no debe depender de cada gobierno, sino de las transferencias”, dice Petro, quien subraya la importancia de combatir el deterioro climático, y para ello cree necesario implementar “cambios profundos en el modelo económico, a fin de enfrentar la crisis ambiental. Dinamizaremos la economía mediante el fortalecimiento de la agricultura, la reindustrialización de sectores estratégicos, la transición hacia energías sustentables y la generación de cambio tecnológico. Es urgente superar el extractivismo que, acompañado de la tercerización de los sectores financiero, de transporte y de servicios, ha llevado al deterioro del aparato productivo, industrial y agropecuario nacional, provocando devastación ambiental, pobreza e inequidad".

Esto es parte del programa de este candidato, ex alcalde de Bogotá y, repito, ex guerrillero, el más temido por la reacción nacional e internacional, hasta hace poco el favorito de las encuestas, junto al progresista Fajardo, cuestión que –recuerdo- ha dado un giro “milagroso”, junto a la campaña de miedo para evitar “otra Cuba o Venezuela”.

La idea de que el país  tenga que escoger en segunda vuelta entre Iván Duque y Germán Vargas solo sirve a los intereses del establecimiento político y económico que se aferra a esta posibilidad como garantía de mantenimiento del statu quo. Para ello, el conservadurismo maniobra por la dispersión electoral del centro, donde confluyen Fajardo y Humberto de la Calle –representante oficial del Acuerdo de Paz con las FARC- y la izquierda, con el temido Petro.

Para  evitar algo que no le convenga, al uribismo y sus compinches le quedan el manido recurso del fraude electoral, tal como se asegura que ocurrió en las más recientes elecciones legislativas.

Con la ´propaganda del miedo, las tergiversaciones de la gran prensa y otras maquinaciones de la derecha,  solo un “milagro” evitaría que el voto no fuera vulnerable.

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