viernes, 19 octubre 2018, 18:55
Martes, 29 Mayo 2018 10:34

Artes de Cuba, cuando la isla conquistó a la capital estadounidense

Escrito por  Martha Andrés Román/Corresponsal jefa PL en Washington
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Quienes el 8 de mayo asistieron a la inauguración del festival Artes de Cuba: de la isla al mundo en la capital estadounidense confirmaron que, en efecto, estaban presenciando un momento único.

Ya las autoridades del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas de Washington DC habían adelantado lo histórico del acontecimiento, por tratarse del mayor evento cultural dedicado a la nación caribeña en Estados Unidos.

Pero cuando en la noche de apertura se descorrieron las cortinas del Teatro Eisenhower de la institución y comenzaron a desfilar por él figuras consagradas y jóvenes del país caribeño, muchos de los presentes se quedaron con ganas de disfrutar mucho más del arte de la nación vecina.

Tal deseo fue concedido con creces: durante casi dos semanas el ambiente creativo y el talento de la isla inundaron la imponente construcción ubicada a orillas de río Potomac de la mano de la música, la danza, el teatro, el cine, el diseño y la moda.

Aunque aún queda la parte final de la cita, que tendrá lugar del 29 de mayo al 3 de junio con la actuación del Ballet Nacional de Cuba (BNC), hasta el 20 de mayo último tuvo lugar la mayor cantidad de presentaciones, con varios espectáculos diarios que se ganaron las ovaciones del público.

En total, el Centro Kennedy convocó a unos 400 artistas cubanos, radicados en el país caribeño y fuera de él para realizar medio centenar de actividades que, según adelantó la curadora del festival, Alicia Adams, 'mostrarían la humanidad y la belleza del arte cubano'.

LA MÚSICA, PROTAGONISTA EN CADA JORNADA

En la apertura de la celebración estuvieron las cantantes Omara Portuondo y Aymée Nuviola, los pianistas Aldo López-Gavilán y Jorge Luis Pacheco, la Orquesta Miguel Faílde y la del Lyceum Mozartiano de La Habana, y el Quinteto de Yosvany Terry.

Cada uno de esos artistas y conjuntos, con la única excepción de Portuondo, la Diva del Buena Vista Social Club, ofrecieron presentaciones independientes como parte del festival y se ganaron continuas muestras de admiración.

Así sucedió en los 11 conciertos ofrecidos por la Orquesta Miguel Faílde en solo cinco días, los cuales incluyeron actuaciones fuera del Centro Kennedy, en lugares como la Embajada cubana en Washington DC y un establecimiento de la conocida cadena Busboys and poets.

En el caso del Lyceum Mozartiano, su propuesta constituyó un homenaje a los grandes compositores cubanos Leo Brouwer, Gisela Hernández, Carlos Fariñas, Guido López-Gavilán y Moisés Simons.

Al mismo tiempo, el Maratón de piano realizado por López-Gavilán y Pacheco combinó virtuosismo, complicidad y excelente comunicación con los espectadores en el Teatro de la Terraza, donde los presentes se levantaran de sus asientos para premiar con su indiscutible aceptación a los artistas. Nuviola, por su parte, regaló en su concierto temas antológicos de la mayor de las Antillas como Veinte años, El manisero, Dos gardenias y Lágrimas negras, para cerrar con otra de las canciones cubanas más conocidas internacionalmente: Chan Chan.

Yosvany Terry se presentó junto a su quinteto en el sitio bautizado como Club Cubano, y además acompañó al destacado artista de la plástica Manuel Mendive en un esperado performance que conjugó pintura, danza y música.

Por los escenarios del Centro Kennedy también pasaron la joven percusionista Yissy García y su agrupación Bandancha, que sigue las rutas del jazz latino, el funk y la música electrónica; y Zule Guerra y el Quinteto Blues de Habana, con su mezcla de elementos jazzísticos con otros estilos musicales.

Interminables parecieron las ovaciones con las que premió el público a la cantante Haydée Milanés y su padre Pablo en otro de los muy anhelados conciertos del festival, durante el cual interpretaron temas del cantautor convertidos en himnos de generaciones como Para Vivir, Yolanda y El breve espacio en que no estás.

Muy reverenciada fue, asimismo, la Familia López-Nussa, integrada por los pianistas Harold y Ernán, y los percusionistas Ruy y Ruy Adrián, quienes estuvieron acompañados por el bajista Julio César González y el trompetista Mayquel González.

Una explosión de ritmo se vivió casi al cierre de esa primera parte de Artes de Cuba gracias al sonido distintivo de la popular orquesta Los Van Van, que trajo algunos de sus éxitos como Por encima del nivel (Sandunguera), Muévete y Eso que anda.

LAS ARTES PLÁSTICAS Y EL DISEÑO TOMARON EL CENTRO KENNEDY

Antes de acceder a los teatros a observar algún espectáculo, el primer encuentro de la audiencia estadounidense con la cultura cubana era la obra de los artistas plásticos del país caribeño, que podían encontrarse en los grandes salones o en lugares más íntimos del lugar.

Posición distinguida tuvieron las creaciones de Roberto Fabelo (Mundos, Torres, Cafedral y Ronda infinita) y Manuel Mendive (La Naturaleza, El Espíritu y El Hombre; y Fragmento de paisaje), que ocuparon el Salón de las Naciones y de los Estados, respectivamente.

Entre los grandes atractivos del evento estuvo, además, el trabajo de los creadores radicados en Estados Unidos José Parlá (Poly-Ritmó) y Emilio Pérez (Sombras silvestres), así como la obra Híbrido de un Chrysler, de Esterio Segura, un auto con alas ubicado en el exterior de la institución.

Por su vez, el Atrium del Centro Kennedy acogió una instalación del artista Roberto Diago titulada Historia permanente; una muestra de 12 carteles elaborados para el festival; y otros 28 creados de 1964 a 2015 para películas cubanas y extranjeras.

En ese mismo lugar, donde jueves, viernes y sábados los asistentes pudieron disfrutar de un espacio bautizado como Noches Cubanas, se expuso también el trabajo de la diseñadora Celia Ledón, quien exhibió 11 singulares vestidos hechos a partir de materiales reciclados.

Tres de ellos pasaron por la pasarela, durante el desfile Arte y Moda que tuvo lugar en el Escenario Milenio, el cual mostró trajes inspirados en obras de figuras de la plástica como Fabelo, Mendive, Adigio Benítez y Alfredo Sosabravo.

EL PODER DEL CINE, LA DANZA Y EL TEATRO

Aunque el Centro Kennedy no suele proyectar películas, los organizadores de Artes de Cuba quisieron que esa parte de la cultura del territorio antillano estuviera presente y realizaron una muestra en homenaje al aniversario 40 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Esa parte del programa incluyó tres filmes considerados clásicos: Memorias del subdesarrollo y Lucía, ambas de 1968, y Retrato de Teresa (1979); y otros tres ganadores del Gran Premio Coral de la cita habanera: Fresa y Chocolate (1993), Suite Habana (2003) y Conducta (2014).

La danza, por su parte, mereció numerosos halagos hacia las dos compañías que se presentaron hasta ahora, Malpaso e Irene Rodríguez.

Vals indomable, Ocaso y 10 bailarines en La Habana fueron las tres piezas ejecutadas por el primero de esos conjuntos, dedicado al estilo contemporáneo; mientras el de Irene Rodríguez, con su ritmo flamenco, dejó prendados a los espectadores con Emigrantes, El Mito, Tifoeo, Encontra2 y Solera.

El teatro también tuvo dos distinguidos representantes con el Público y Argos Teatro, grupos que llevaron a escena Las amargas lágrimas de Petra von Kant y 10 millones, respectivamente, y consiguieron una muy positiva reacción de la audiencia.

Luego de esa última obra el evento recesó, pero esta semana tendrá su cierre definitivo y de lujo con el BNC, que celebra el aniversario 40 de su primera gira por Estados Unidos y propone Don Quijote y Giselle.

Tales funciones seguramente despertarán el mismo interés y celebración que tuvieron los otros participantes en el festival, un suceso que, según dijeron muchos artistas a Prensa Latina, constituyó una gran muestra de la importancia del arte para construir puentes y acercar naciones.

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