lunes, 14 octubre 2019, 18:51
Viernes, 22 Junio 2018 11:39

Serie sub-23: Hay que acelerar aprendizaje

Escrito por  Lemay Padrón Oliveros
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Desde un inicio, la celebración de las Series Nacionales de béisbol de la categoría sub-23 fueron vistas como una excelente manera de pulir deficiencias en nuestros peloteros más jóvenes.



Desde un inicio, la celebración de las Series Nacionales de béisbol de la categoría sub-23 fueron vistas como una excelente manera de pulir deficiencias en nuestros peloteros más jóvenes, para que lleguen en mejores condiciones al torneo elite.

De alguna manera, estos torneos han cumplido su cometido, pero visto que cada año aumenta la cantidad de peloteros que se pierden buena parte de nuestra Serie Nacional absoluta por contratos en el exterior, se impone acelerar el aprendizaje de estos muchachos para que puedan aportar lo que de ellos necesitan sus respectivos equipos y cumplir con la afición que los respalda.

El asunto viene a colación luego de poder apreciar los primeros desafíos de la final entre Isla de la Juventud y Las Tunas, que nos han dejado preocupaciones, sobre todo en cuanto a los managers.

Al igual que los peloteros, para los mentores, todos noveles, este certamen es una manera de ir probando sus condiciones. No obstante, el pelotero tiene varios años para pulir su talento, pero el mentor casi nunca cuenta con la paciencia necesaria de las autoridades como para mantenerse en el puesto si los resultados no lo acompañan.

Por eso no se puede desaprovechar esta oportunidad, y a eso voy, mediante la exposición de solamente tres ejemplos.

El primero lo vi en la semifinal occidental, cuando Cienfuegos enfrentó a la Isla. En ese primer desafío, ganado 2x1 por los cienfuegueros, los isleños tuvieron la oportunidad de llevarse la victoria, pero el entrenador mandó a tocar al cuarto bate en el octavo episodio, y luego dejó batear a uno que se había ponchado tres veces en el encuentro.

Durante el segundo partido de la final, nuevamente Dioel Reyes, un hombre con gran experiencia como pelotero, dejó que desear. Quitó a su emergente y noveno bate, que se supone es un hombre de tacto, para traer a uno de fuerza con apenas 17 turnos al bate en todo el campeonato, para salir al plato con las bases llenas. En ese momento iba perdiendo el encuentro 2x5, pero con un imparable se metía en el juego y el resultado fue un ponche, por demás sin siquiera tirarle a la bola un hombre que vino a hacer swing. Para colmo, puso en la lomita a Raúl Guilarte, el mejor cerrador de la lid, en el octavo inning cuando su equipo perdía por cuatro carreras.

Pero no es sólo él, el mentor tunero, Ulises Cintra, también hizo de las suyas. En ese mismo encuentro, Las Tunas abrió una entrada con hombre en segunda sin out, y en esa situación, estando en turno la tanda de tercero-cuarto-quinto, se ordenó el sacrificio. Si no confías en que tu mejor tanda sea capaz de conectar un imparable en tres turnos, entonces estás perdido.

Espero que los errores cometidos ahora sirvan de experiencia tanto a entrenadores como jugadores, pero el tiempo apremia.

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