miércoles, 12 diciembre 2018, 02:11
Jueves, 19 Julio 2018 23:10

Las anécdotas de Ana: Cuando un niño se pierde en la playa

Escrito por  Alina M. Lotti / CubaSí
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Ella narra lo sucedido y se estremece. Jamás imaginó que la vida la colocaría en tan difíciles circunstancias.



Era verano y el período especial en Cuba estaba en “sus mejores momentos”. En ese entonces la diversión “idónea” era la playa. La gente hablaba de “alumbrones”, porque las horas de electricidad, en verdad, eran muy pocas. Permanecer en casa no era buena idea. 

Mi amiga Ana —voy a llamarla así— cuenta que por aquellos tiempos en los barrios se organizaban “expediciones” a la playa, en camiones fundamentalmente. El combustible escaseaba, pero los niños estaban de vacaciones y disfrutar del mar era una opción popular.

Llegaron muy temprano a la conocida playa Mar Azul, al este de La Habana. Ella con la niña en brazos y el esposo con el niño tomado de la mano. Disfrutaron de las bondades de la playa hasta que el sol empezó a hacer de las suyas.

El matrimonio arropó a la bebé de seis meses y dejó que el varoncito permaneciera un poco más en la orilla.

Caminaron unos pasos en busca de una sombra, instantes después al volver la mirada no encontraron al pequeño, y ahí empezó la odisea.

Caminaron ese tramo decenas de veces, desesperados tenían la esperanza de que alguien les brindara alguna señal. Pero todo en vano. El esposo buscó ayuda; en unos montículos de arena, distribuidos por toda la orilla, se resguardaban personas que con una especie de aparatos profesionales miraban continuamente el mar previendo los ahogos o alguna otra emergencia.

Una hora, dos, y el niño continuaba perdido. Jamás Ana había visto a su esposo Adrián tan desesperado. Se trataba de un pequeño de cinco años, cuya distracción lo llevó a desorientarse y, como consecuencia, a perderse.

Desconsolados por una búsqueda sin resultado alguno, le informaron que en la estación de policía ubicada en Guanabo, una playa cercana, había un niño retenido. La alegría volvió al rostro de los padres que en esos momentos ya habian pensado lo peor.

Mas otra angustia se abría paso. ¿Cómo trasladarse hasta allá? —recordó Ana— si tener combustible era cosa seria. Pero dicen que la sangre nunca llega al río y así fue. El dueño de un Moskvitch (un automóvil de procedencia rusa)  vio tanta desesperación en aquellos dos seres humanos que enseguida les brindó apoyo.

“No sé si la gasolina me alcance, pero haremos el intento”, tales fueron las palabras del hombre, según comentó Ana. Minutos después la decepción se adueñó de los rostros. El pequeño que allí estaba no era el hijo de ambos. 

De regreso a Mar Azul iban todos conmocionados, incluyendo al chofer, pues la ayuda había sido en vano. Las ventanillas del automóvil parecían pequeñas ante las miradas inquisitivas de los padres.  Cuando de pronto les llamó la atención una patrulla de la policía, parqueada en la vía de manera contraria. 

¡Y la luz se hizo! Adentro, temeroso, estaba el pequeño, con su trusita de dos colores y sus cacheticos rojos del sol y de tanto llorar. Se abrazó a los padres y contó que al ellos alejarse de la orilla él los perdió de vista y empezó a caminar. Una muchacha lo resguardó y le brindó comida hasta que después lo entregó a la policía.

Pese al paso del tiempo, la anécdota es imborrable. A Ana le cuesta hablar del tema. Solo recomienda "no perder de vista a los niños en la playa, pues cuando eso ocurre queda un malísimo recuerdo".

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Comentarios  

 
#9 Alejandro 27-08-2018 08:20
Yo me perdí en Villa Cuba y me encontraron en calle 12 en Varadero cuando era chiquito, jajajajaja, JAMAS se me olvidará el "jiti" que luego de acogerme cariñosamente con un abrazo, mi genial e irrepetible tío Ángel Arcos con su tosquedad característica me dio en la cabeza, creo que aun tengo un chichón o de ese lado de la cabeza cuando me roza, siento algo, jajajajajaja.

Contó mi mama que desesperada cuando fue a la policía estos muy calmados y pausados le dijeron muy tranquilamente: "señora, aquí se pierden mas de 10 niños diariamente" , jajajajaja
 
 
#8 Ivan 30-07-2018 13:32
Alina, de pequeño también me perdí, recuerdo haber estado en Bacuranao con toda la familia de mi padre, mi hermana y mi mamá se quedaron ese domingo en la casa. En ese entonces vendían en unos puestos cerca de la salida de la playa trozos de melón y mi abuela y mi papá se dispusieron a comprar algunos para los niños del grupo. Confundí a mi abuela con otra persona, le di la vuelta al puesto aquel más de 3 veces, y creí que habían tomado la delantera de regreso a casa sin mí, asi que no debían estar lejos y emprendí el camino de regreso que me lo sabía de memoria. Corría con una pequeña trusa y descalso. Esa medio kilómetro de carretera que separa la playa de la primera parada de buses en Alamar, fue el equivalente a 21 km para mi. Los otros 21 km del maratón los recorrí desde aquel punto a la casa luego de percatarme que mi padre y mi familia no habían cogido el camino de regreso. Cuando llegué mi mamá me abrió la puerta, recuerdo que en la televisión proyectaban: Las brujas de Eastwick, una pelicula de Jack Nicholson. Me bañé y me quedé dormido esperando que mi padre llegase. Oi el timbre de la puerta sonar al cabo de 3 horas y a él preguntar si yo me encontraba en la casa. Recuerdo que mi castigo fue eterno ese verano, ya que no pude jugar con los niños de mi cuadra y el verano solo acaba de comenzar. Recibí la libertad por parte de un amigo de mi papá que me vió triste y le dijo que me dejara unirme a los muchachos, aunque ya solo quedaban 5 días para que comenzacen las clases. Mi amigo Roberto por aquel momento me comentó que cuando los guardafronteras y la policía le preguntaron donde me había visto por última vez, no respondía y solo se echaba a llorar. Esa es mi historia.
 
 
#7 Day 23-07-2018 07:55
Pili: Me refiero a la experiencia como tal en la playa, porque ahí si el susto es mayor, imaginate en una playa, primero un lugar desconocido y super peligroso para que un niño esté solo.
 
 
#6 Yeima 22-07-2018 10:10
La experiencia es traumática para cualquier padre o persona que tenga bajo su cuidado un menor. En mi caso particular mi niña de apenas año y medio se me desapareció delante de mis ojos podría decir, en el parque de la maestranza en Playa todo fue en segundo.
La sensación es indescriptible, una situación agobiante desesperante en ese instante sientes como todos los sentidos se te nublan ante la desesperación. Por suerte como todo fue tan rápido no había avanzado mucho la niña, estaba a solo pasos de mí ,llego momento que llegue a tenerla delante y fue tanta mi desesperación que no la percibí mi esposo fue el que me calmo diciéndome más de una vez !Mírala aquí , mírala aquí!. Es cierto que sientes un alivio y una tranquilidad pero nunca te repones al mal rato a esa incertidumbre y un momento te viene a la cabeza millones de situaciones y todas desfavorables para uno.
No podemos confiarnos con los niños ellos son como científicos con sed de descubrir.
 
 
#5 Teresa 20-07-2018 12:02
Eh y a mí lo que me pasó, resulta que mi hijo menor, comienza el pre-escolar, cumplía los 5 años en octubre y el primer día de clases llego del trabajo a buscarlo y le digo a la maestra que vengo a buscar a mi hijo, me dice que ella no los conoce por el nombre, por ser el primer día, que pasara lo buscara, no lo encuentro y pienso que mi abuelo o tía lo habían recogido, ya que no estaba, la maestra era una persona de unos 5 años muy querida en el barrio, por ser una buena maestra, cuando llego a mi casa, mi hijo estaba en la casa, le dijo a la maestra que iba al baño, ella no se percató que no viró, pues él derechito para la casa, fue por la tarde y la que estaba era mi abuela, pues fui con él para el aula y le dije a la maestra lo que había sucedido, pues cuando iba al baño la maestra con él; pero a los pocos días como eran tantos alumnos cuando llegó la otra maestra de pre-escolar y él dijo, esta no me conoce, pues voy a hacer lo mismo, pues así hizo, volví del trabajo y no estaba con la otra maestra, pienso de nuevo que alguien en la casa lo había recogido y cuando llego estaba en la casa y mi abuela me dice lo mismo, que le pidió permiso a la maestra para ir al baño, me dice él que como la maestra no lo conocía, regreso con él y hablo con la maestra y desde ese momento al baño con él, si ustedes supieran que hay que pasar dos calles, una por donde bajan los carros y otra por donde suben, la suerte que es en Camilo, La Habana del Este, desde que ellos caminaron era un papagayo al cruzar las calles, pararse, mirar para un lado y otro, si no viene nada, entonces cruzar, mis hijos no fueron ningunos bandoleros, fueron muy buenos niños, estudiantes y universitarios los dos, buenos hombres los hice ante la sociedad.
 
 
#4 Teresa 20-07-2018 11:35
Así mismo, me recuerdo una de las veces que fuimos a la playa, mi hijo de tres años estaba en la orilla con nosotros, estaba jugando con la balsa, aunque no haya oleaje la balsa tiende a virarse, en una de esas, pues se vira la balsa con junto con él, gracias a que nosotros estábamos mirándolo, no sucedió nada, ni agua tragó, usted puede hablar, reírse; pero sin perder al menor de vista, mirarlo siempre, porque las cosas suceden en un segundo y menos si hay oleaje, nada más se les ocurre irse a buscar sombra y dejar un niño en la orilla, hay dos cosas que pueden ocurrir, una, la que usted contó, porque caminan y ellos no se percatan que el niño no los sigue con la vista, este al mirar no los ve, se cree que está perdido y comienza a llorar, eso es normal, lo otro, sencillamente, que el niño hubiera entrado a la playa y ahogarse, suerte que sucedió lo primero, cuando mis hijos estaban pequeños y los llevaba a la playa, conmigo y si estaban en la orilla, los miraba, esa anécdota que conté, yo tenía 21; joven con el más chico también; pero muy cuidadosa en eso, mis dos hijos a los 6 años ya sabían nadar, a la costa iban solo cuando tenían 13 ó 14, la playa 15 ó 16, leída cartilla, no jugar en el agua, eso me constaba y porque sabían nadar desde pequeños, hay veces que iba con ellos a la costa o la playa, porque una vea llevé a un amiguito de ellos y quería jugar y serio les dijeron que no.
Yo siempre supe cuando pudieron ir a los dos lugares solos.
 
 
#3 biya 20-07-2018 11:09
El domingo en la playa Santa Lucia en nuevitas camaguey paso algo similar unos abuelos llevaron ala nieta de 5 años y un momentico se desaparecio la niña camino camino 3 kilometros llego a una casa y la familia le dio almuerzo ya habian pasado 4 horas y avisaron ala policia ya la habian buscado busos todo pero al fin aparecio bella y sana que susto para esos abuelos
 
 
#2 pili 20-07-2018 08:10
Day dice:..."Yo por suerte no he tenido que vivir esa amarga experiencia", ....¿como dices esto y cuentas algo parecido con tu niña??????, es que eso que pasaste no se parece, por Dios!!
 
 
#1 Day 20-07-2018 07:26
Wow, ese si es un sustazo para cualquier padre, yo me hubiese vuelto loca, porque enseguida aunque uno no quiera se piensa siempre en lo peor. Yo por suerte no he tenido que vivir esa amarga experiencia, aunque casi me infarto una vez que fui a recoger a mi niña al circulo con apenas 2 años y no aparecía. Resulta ser que cuando llegué a recogerla la tita del salón me dijo que su abuelo se la había llevado, cosa que me extrañó, porque mi padre vive lejos y su otro abuelo vive fuera del país, pero entonces pensé en el padrastro de su papá que era una persona de confinaza igual. Salí desprendida para la casa de la abuela paterna de la niña pensando que la hubiesen recogido ellos, pero cuando me dijo que no, ahí mismo ya tenía un dolor en el pecho que pensé que me moría, llamé a mi papá, a mi mamá y a cuanto familiar tenía cerca y nada, ya yo estaba pensando no se cuantas cosas horrorosas, que ni quisiera recordar. Regresé de nuevo al Ciculo Infantil, acompañada por la abuela de la niña y en cuanto entré la Directora del mismo me abordó pidiendo disculpas porque la tita del salón había confundido a mi niña con otra que se la había llevado el abueloy mi princesa estaba nada mas y nada menos que en el baño. No puedo expresarles con palabras todo el alivio y emoción que sentí cuando divisé a mi niña entre los otro pequeños del salón y corrió a mi en cuanto me vió, caí literalmente de rodillas llorando como si el mundo se hubiese acabado, inconsolablemen te, solo lloré, no pude ni siquiera decirle 4 cosas a la tita despistada, el nudo que tenía en la garganta solo me dajaba llorar y abrazar a mi hija. Ese momentico no se lo deseo a nadie sinceramente. Por suerte todo fue solo un gran susto, y hoy 8 años después todavía tengo ese mal recuerdo vivo como si hubiese ocurrido ayer
 

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