domingo, 21 octubre 2018, 21:35
Lunes, 20 Agosto 2018 06:09

Educación sexual: Para ver los colores del mundo

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
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Contra lo que piensan algunos, la escuela tiene que desempeñar un rol activo en la educación sexual. No se trata de imponer ni de «adoctrinar», sino de ofrecer información para la formación integral de los niños.

Algunos creen que los niños no están preparados para determinadas informaciones y tienen razón… hasta cierto punto. Hay aspectos que, por su complejidad, no deberían ser abordados a fondo con los niños, porque se corre el riesgo de que no entiendan, que se confundan…


Si eso pasa con las matemáticas, por fuerza tiene que pasar con la educación sexual.


Pero, de la misma manera en que las matemáticas se imparten gradualmente, teniendo en cuenta la edad del estudiante y sus capacidades, no se puede prescindir de la educación sexual en los programas de enseñanza general, en las «dosis» adecuadas.


Claro que no estamos equiparando las matemáticas con la educación sexual. Son dos cosas diferentes. Pero lo cierto es que la concepción más moderna de la educación (en la que la escuela se complementa con la familia) apuesta por una integralidad que ofrezca al niño un panorama amplio de su contexto.


Y no puede haber temas que impliquen tabúes en ese empeño. Pero tampoco ese tratamiento integral puede basarse en el capricho y la improvisación.


Obviamente, se debe partir de una visión científica que de ninguna manera puede estar desligada de un planteamiento ético.


Ciencia y conciencia.


Algunos creen que la ciencia es enemiga de los valores, cuando la ecuación debería estar formulada de otra manera: los valores pueden sustentarse en la ciencia… y la ciencia debe ser asumida desde los valores.


No solo la razón nos hace seres humanos, también los sentimientos. No es dable separar esos dos ámbitos.
 

Está claro que no todo puede ser resumido a una fórmula matemática, pero la propia capacidad de «sentir», de amar, de decidir, de «trascender» la ciencia, de plantear un camino ético… tiene una razón.


La escuela debe garantizar el derecho de toda persona (de todo niño) a recibir una educación desprovista de manipulaciones, de prejuicios, de visiones reduccionistas, de dogmas.


Después, mientras, cada persona tiene el derecho (y la responsabilidad) de hacerse su propia idea del mundo. Pero es necesario que al menos se parta de una visión sosegada y equilibrada del contexto.


No se puede garantizar que todos los padres la ofrezcan, por muy buenas que sean las intenciones. La escuela tiene que garantizarla.


Porque en la escuela se forman los ciudadanos, los integrantes de una sociedad que se aspira justa, sin discriminaciones.


El respeto al derecho ajeno, la aceptación de las diferencias (las diferencias que no impliquen anulación o menoscabo de otras diferencias, se entiende), la solidaridad y el humanismo… son la única garantía de la paz sin imposición ni atropello.


Esos son valores que debe potenciar la escuela. Y no estarán completos si están mediados por concepciones hegemonistas (imperio de un sexo o un color sobre otro, de una condición sobre otras), porque lo hegemónico no integra, sino que ignora y aplasta.


Siempre quedarán seres humanos al margen, sin que puedan evitar la marginalización. Mucho más grave es que estén al margen por su condición natural.


Ser homosexual no es una opción, como algunos insisten en afirmar: «hoy me acosté heterosexual y mañana por la mañana decidí que iba ser homosexual».


Ser homosexual no es una moda. Ser homosexual no es una enfermedad.


Por lo tanto, no se puede promover esa condición, no se puede imponer; tampoco se puede «contagiar» ni se puede «curar». Eso está demostrado por la ciencia.


No entremos a estas alturas en el debate de lo «bueno» y lo «malo», de lo «correcto» y lo «incorrecto». Ha sido caldo de cultivo de discriminaciones.


Puede que algunas personas (por educación, sensibilidad o religión) no comulguen con determinadas manifestaciones de lo que se ha llamado «cultura gay» —sin olvidar que no pocas expresiones constituyen respuestas a la marginalización y la criminalización—; pero no se puede confundir cultura con biología.


La mala educación formal, las malas prácticas, los antivalores (en todas sus gamas y gradaciones) no son privativas ni distintivas de ninguna orientación sexual… como no lo son de ningún origen étnico, color de la piel, discapacidad…


¡Eso hay que enseñarlo en la escuela! Con respeto, con sentido común, con método, con suficiencia.


Demasiados dramas (e incluso, tragedias) pudieron haberse evitado si todos los niños (y sus padres y sus maestros) comprendieran que el niño diferente (el «afeminado», el «flojito») no era un niño inferior, no era un peligro para el grupo, no era una agresión…


¡Eso hay que decirlo en la escuela! Sobre todo porque hay familias que todavía prohíben a sus hijos «jugar con ese, andar con ese».


Los que creen que los niños «no entienden» subestiman la capacidad de los niños, o circunscriben lo que deben «entender» a ciertas normas impuestas, gérmenes de la exclusión injustificada.


Como no se puede pretender que todos los padres y tutores (todavía a estas alturas) comprendan eso, la escuela debe tenerlo claro.


Y eso no significa (esa manía de magnificar y llevarlo todo a los extremos que enarbolan algunos) que se les vaya a retirar la patria potestad, los derechos (y la responsabilidad mayor) a los padres.


Los planes de estudio no deben quemar etapas, no deben promover actitudes o prácticas que poco o nada tienen que ver con la edad de los estudiantes, no deben «adoctrinar» (como si adoctrinar fuera posible en estos asuntos)… pero sí deben luchar desde temprano contra la discriminación, en cualquiera de sus variantes.


Y deberían explicar (con las mejores palabras, con belleza si se quiere y se puede) la maravillosa diversidad del mundo, que es la que en definitiva garantiza su armonía esencial.


No hemos agotado el tema…

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Comentarios  

 
#59 betty 21-09-2018 14:57
porque centrarse en esta batalla, con tantos temas sociales sin resolverse aun en esta CUBA nuestra
 
 
#58 Tiro al blanco 11-09-2018 11:27
Se quiere hacer una sociedad igualitarista, no y mil vece no, ¿Le gustaría a UD que a su hijo o nieto le diera clases un hombre vestido de mujer?
 
 
#57 Maria 11-09-2018 08:54
Arquero por personas con la calidad humana de usted es que estamos PERDIDOS ya la Iglesia Católica ha sufrido bastante ,le recuerdo que antes era PECADO ir a la Iglesia y hoy ya está permitido ,ahora la culpa de los pecados de otros quieren que caiga en nuestra CUBA , se ha detenido usted a leer y documentarse de la cantidad de padres que violan sus hijos y/o nietas ,sin embargo ha nadie se le ha ocurrido quitarle a los padres los hijos por ese hecho ,entonces de que habla usted.
 
 
#56 Enrique 10-09-2018 17:05
ManuelF: entonces estamos de acuerdo. Es hora de seguir enmendando esos graves errores. Ya los religiosos tienen libertad de credo, pueden afiliarse a la doctrina que deseen y asistir a las ceremonias que les plazca, incluso adoctrinando a menores de edad... Entonces, debemos reclamar los mismos derechos para los No-heterosexual es, que aún siguen sufriendo estigmas, discriminacione s de todo tipo y negación de su derecho a legalizar uniones, fundar legalmente sus familias con respeto y sin exclusiones.
 
 
#55 ManuelF. 10-09-2018 15:54
Nadie está de acuerdo con aquello Enrique#54, aquello fue un grave error que se cometió y no solamente con los homosexuales, con religiosos también.
 
 
#54 Enrique 10-09-2018 13:20
Manuel, me refiero a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), por suerte ya desaparecidas por injustas. Ahí fueron recluidos forzosamente homosexuales y religiosos por el simple hecho de sólo serlo.
Estos centros fueron una vergüenza nacional aún no reconocida del todo.
 
 
#53 ManuelF. 10-09-2018 12:25
Si por desgracia tuviera un nieto o un pariente así, por supuesto, no le daría la espalda, pero no aprobaría lo que hace, aceptarlo como es no significa estar de acuerdo con lo que hace ni decir que su comportamiento está bien. Lo aceptaría y lo animaría a que cambiara de actitud (pero la obra la hace Dios).
 
 
#52 a favor 07-09-2018 13:16
Manuel f. te imaginas que algún hijo, sobrino o nieto que educaste de esa forma que dices sea homosexual, cómo se sentiría? Todo lo que sufriría porque su padre, abuelo o tío no lo comprende? O porque constantemente sienta que es un pecador y que es malo? Sabes los problemas psicológicos que eso puede conllevar, hasta el punto de suicidarse?
 
 
#51 manuel. 06-09-2018 12:19
Enrique 50 explíquese mejor. a que usted le llama Granjas de reeducación.
 
 
#50 Enrique 05-09-2018 09:08
Este asunto es vital, trascendente y debería merecer máxima prioridad. Estamos hablando aquí de inclusión, garantía de derechos básicos para Todos y Todas. El matrimonio igualitario es una conquista social a la que Cuba no debe renunciar.

Dejen de sembrar el terror basado en prejuicios y escudándose en que "el pueblo no está preparado". Los cubanos y cubanas hace mucho rato que SÍ estamos preparados para derribar mitos y alcanzar todos los derechos sin exclusión!

Dejen de pontificar con sermones bíblicos basados en dogmas sin sustento. Ya sabemos que las religiones han avalado históricamente las más abominables aberraciones e injusticias, muchas de ellas aún sin reconocimiento ni castigo adecuado.

Dejen de escudarse en el supuesto daño a los niños y niñas. El verdadero perjuicio hacia las nuevas generaciones está en la educación sexista, machista y heteronormativa que fomenta exclusión y abuso hacia los que sesgadamente son considerados "diferentes.

Qué pretenden? Acaso añoran volver a las "granjas de reeducación", cuyo lastre aún sufrimos?

Basta de argumentos tremendistas y retrógrados. Es hora de exigir y garantizar TODOS LOS DERECHOS PARA TODOS Y TODAS. Eso es lo que merecemos como ciudadanos civilizados, conscientes y solidarios!!
 

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