jueves, 13 diciembre 2018, 18:05
Sábado, 22 Septiembre 2018 06:56

Ni fritas, ni crudas: Elecciones de medio término

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Tal como se esperaba, las venideras elecciones de noviembre en Estados Unidos, a la mitad del camino que debe recorrer el Presidente, despiertan los más variados comentarios y predicciones.


Tal como se esperaba, las venideras elecciones de noviembre en Estados Unidos, a la mitad del camino que debe recorrer el Presidente, despiertan los más variados comentarios, predicciones y hasta aseveraciones de un hecho que, realmente, es impredecible.

Se dice comúnmente que en esos comicios se castiga el incumplimiento del gobernante de turno de sus promesas hechas durante la carrera presidencial, y así fue con Barack Obama, quien, a pesar de tener mayoría en ese momento en el Congreso, vio rechazada la inmensa mayoría de sus propuestas, al tiempo que no supo, o no pudo, o no quiso utilizar ese elemento a su favor.

En este caso es totalmente distinto: Donald Trump ha estado realizando varias de las cuestiones que dio a conocer en su campaña electoral, muchas de las cuales parecieron sin pies ni cabeza, pero lo consiguió, no obstante tener en contra a algunos dirigentes de su Partido Republicano.

Estos llegaron a afirmar que no lo querían como líder, pero el susodicho ya había acumulado el 85% de las simpatías de los miembros de su organización, además de complacer a más del 70% de la mayoritaria población blanca, a la cual influyó con sus ideas xenófobas, supremacistas, antiislámicas y sionistas, con el visceral odio al negro, indio, latino y árabe en general.

Otra de las cuestiones que han amparado al actual mandatario es que la espiral capitalista iniciada en el 2009 ha hecho que la economía del país, trimestre tras trimestre, mantenga un sostenido crecimiento económico, además de que inversionistas que vieron disminuidos sus impuestos han ayudado a la creación de empleos, hasta 233 000  en un mes, y a bajar la tasa de desempleo hasta un histórico 3,9%, lo cual sigue decreciendo.

Independientemente de que su reforma tributaria hace más ricos a los ricos, ese hecho también ayudó a los menos favorecidos, muchos de los cuales se obnubilizan ante el aumento de la desigualdad.

Como a la inmensa mayoría de los pueblos carentes de la adecuada educación y el conocimiento de la verdad, lo que más les interesa es tener donde trabajar, todo lo anterior le vino “de perilla” a Trump, quien se armó de un séquito guerrerista  que, con casi 700 000 millones de dólares de presupuesto militar, sanciona a diestra y siniestra a gobiernos molestos, amenaza con agredir e invadir a países más pequeños, claro, y mantiene el chantaje nuclear, siempre con el fin de obtener beneficios de toda índole.

Ello se completa con una política interior de persecución a los inmigrantes, principalmente mexicanos y centroamericanos  y  complacencia con aquellos millonarios de origen cubano, integrantes de una gusanera que le dicta la insana política contra nuestra Isla, deshaciendo lo poco que hizo el gobierno anterior para enmendar en algo las relaciones.

He tenido que rememorar esos hechos, antes de abordar que la mayoría de las encuestas sobre esas elecciones de medio término, generalmente, repito, un castigo a la gobernanza, le dan a la oposición demócrata de 5% a 16% de ventaja sobre los republicanos, indicando que estos perderían la mayoría en la Cámara de Representantes, pero conservándolo en el Senado.

Lo de los sondeos nunca se puede tomar en serio, por muy indicativos que sean. Recuerden que cuando Trump se enfrentó a Hillary Clinton en los comicios por la Presidencia, esta era ampliamente favorita para triunfar, pero el hoy mandatario se dedicó inteligentemente a cortejar a los estados con más votos electorales, por lo cual venció, aunque consiguió menos de dos millones de votos y medio populares que la perdedora.

Quizás dos periodistas, uno norteamericano, Michael Moore –nada simpatizante de Trump, ni de Hillary- pronosticó su victoria tres meses antes de los comicios, y en Cuba, Sergio Alejandro Gómez-Gallo indicó su duda ante una posible ganancia de Clinton.

Lo que diferencia a estos comicios de los presidenciales, es que ahora no hay votos electorales, por lo cual cuenta –si se cuenta-  cada sufragio en cada lugar que se emita para elegir a los 435 asientos de la Cámara de Representantes (donde los republicanos tienen 238) y 25 de loa 100 del Senado (51).

Queda aún camino para llegar a ese evento que tendría una cierta importancia si vencieran los demócratas, con el fin de tratar de limitar en algo la reaccionaria agenda republicana, por lo que el tema no está en nada agotado. Habrá mucho que elucubrar.

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