domingo, 09 diciembre 2018, 21:07
Miércoles, 10 Octubre 2018 04:47

En esta magna fecha, desde la emigración: ¡Viva Cuba Libre!

Escrito por  Andrés Gómez, director de Areítodigital
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Martí, 1892, con un grupo de emigrado revolucionarios cubanos, a la entrada de la fábrica de tabacos de Vicente Martínez Ibor, en Ibor City, Tampa, Florida. Martí, 1892, con un grupo de emigrado revolucionarios cubanos, a la entrada de la fábrica de tabacos de Vicente Martínez Ibor, en Ibor City, Tampa, Florida.

Miami.- No puede faltar en esta magna fecha -10 de Octubre-, el 150 aniversario del comienzo de las extraordinarias luchas por nuestra liberación nacional, la voz de la emigración cubana rindiendo tributo a todas aquellas y aquellos –incontables- que a través del tiempo, en tierras de la Patria y en la emigración se han dedicado, en cuerpo y alma, a alcanzarla y después asegurarla.

Porque este es un mínimo aporte a resaltar el trabajo desde la emigración a las libertades de la nación cubana tiene que circunscribirse, y de manera muy limitada, a que se sepa más sobre las aportaciones hechas con estos propósitos a través del tiempo en la emigración cubana en Estados Unidos.

Se sabe por estudios realizados sobre este tema que ya para la década de 1820 había más de mil cubanos en Estados Unidos, especialmente en las ciudades de Nueva York y Filadelfia, incluyendo al benemérito Félix Varela y al poeta José María Heredia, ambos desterrados por sus principios y acciones independentistas.

Aunque en realidad estos estimados no son muy fidedignos, los documentos pertinentes hacen pensar que en 1870 el número de cubanos inmigrantes en este país se incrementa a casi 12 mil personas, de los cuales se estima que cerca de 4, 500 residían en Nueva York, unos 3 mil en Nueva Orleans, y 2 mil en Cayo Hueso.

En 1860 la población en Estados Unidos se estimaba en 31,443,321 personas de estos 3,953, 760 eran personas esclavizadas. La población de Cuba, según el estudio poblacional de 1860, se estimó ser de 1 millón 400 mil personas, al menos un tercio de estas estaban esclavizadas.

Después del fin de la Guerra de Independencia se estima que el número de cubanos en la emigración en Estados Unidos no rebasaba la cifra de 12 mil personas alcanzada en 1870, debido al regreso de muchos de estos a Cuba.

Según datos oficiales del Buró del Censo de Estados Unidos el número de cubanos en este país alcanzó el estimado de 43, 400 personas en 1940. La población cubana registrada oficialmente en Estados Unidos en 1958 rondaba la cifra de unas 125 mil personas, incluyendo sus descendientes. De estos más de 50 mil permanecieron en territorio estadounidense después del triunfo revolucionario en 1959.


A pesar de los principios independentistas de Félix Varela y de su influencia sobre sus discípulos, los valores e intereses clasistas y racistas de éstos y de la mayoría de la clase adinerada cubana, aquellos que temían por sus intereses esclavistas y la debilidad de España ante las propuestas anti esclavistas de Gran Bretaña, apoyaron en la emigración, durante décadas, la creación de proyectos separatistas con propósitos de anexar a Cuba a Estados Unidos, en aquel entonces la mayor Potencia esclavista en el mundo. Este sector, de preponderante influencia en la emigración, apoyó el proyecto anexionista a la usanza de Texas, en el caso cubano, primero lograr, de cualquier manera, la separación de España, y después asegurarse la anexión de la Isla a Estados Unidos.

No fue hasta mediado de la década de 1860 que patriotas puertorriqueños y cubanos fundan en la ciudad de Nueva York, una organización emigrada netamente independentista para ambos pueblos, la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico; cambio radical en la emigración.

¡Ah!, entonces, la magnífica osadía hecha milagro: el Grito de Independencia que desencadenó el principio de la soberbia epopeya libertaria del pueblo cubano, aquel 10 de Octubre de 1868, en tierras de Manzanillo, en el ingenio Demajagüa, cuando Carlos Manuel de Céspedes y sus valientes compañeros y compañeras de aquella límpida mañana, todos alucinados, visionarios de una nueva época, de la cual hoy 150 años después somos testigos de su verdad.

Todos, amos y hasta entonces esclavos, tardíamente liberados, pero desde entonces iguales frente a los sacrificios imprescindibles ante los ideales comunes. Cubanos, africanos, dominicanos, haitianos, chinos, viviendo en tierras de Manzanillo, Bayamo, Jiguaní, Tunas, Santiago, Holguín, Guantánamo, el Camagüey, Sancti Spíritus, Santa Clara, Remedios, Cienfuegos, otros sitios del occidente cubano, y eventualmente de otras tierras americanas; niños, jóvenes, viejos, sacrificando todo, muchas veces familias enteras, lo mucho o lo poco, o lo nada que poseían; muriendo por enfermedades, la hambruna generalizada en el monte; peleando, en ripios de armamentos y ropas, contra fuerzas regulares e irregulares, muchas veces cubanos a sueldo del gobierno español, fuertemente armadas; tentados por el desaliento, la posible inutilidad de sus sacrificios, el abandono de sus compatriotas en la Isla y en la emigración; la división y la envidia entre ellos mismos, por cuestiones de intereses de clase, raza, personalismo, regionalismo, ambiciones desmedidas, y tantas, tantas otras de las que sólo ellos sabrían…

Pero a pesar de todo, perseveraron, persistieron luchando, resistiendo; y ante la derrota resultado de todo eso y más; los más radicales, Jefes y soldados, se rebelaron ante la claudicación de los flojos y los traidores a la causa de la libertad patria y la abolición de la esclavitud, con un general cubano, mulato, y el más audaz capitán al frente: el Mayor General Antonio Maceo; la Protesta que hizo posible la sostenibilidad del ideal patrio y la lucha en la Isla y la emigración.

Mientras tanto en la emigración siempre hubo cientos, sino miles, de cubanas y cubanos comprometidos intransigentemente con los ideales de la independencia, la libertad, la igualdad de todos y la justicia social. La historiografía cubana hasta ahora no ha podido averiguar lo suficiente sobre estos asuntos; es una deuda pendiente. Lo que sabemos es que los reformistas, los anexionistas, los ricos, se apoderaron, a pesar de fuerte oposición, de los medios para organizar y enviar necesitadas expediciones, que no llegaron, cargadas con armas y medicinas para el Ejército
Libertador.

En la emigración, después del Zanjón y Baraguá, cundía la división, la falta de visión, el racismo y el personalismo. Fracasó la Guerra Chiquita, el Plan Gómez-Maceo, y todos los demás intentos independentistas. Aunque por vez primera en la emigración los sectores obreros comenzaron a jugar el papel protagónico, principalmente los organizados en la ciudades de Cayo Hueso y Tampa.

José Martí fue el que logró aglutinar, enraizar, al movimiento obrero principalmente organizado en las anteriormente nombradas dos ciudades floridanas, (de acuerdo a cifras oficiales, la emigración cubana en Tampa aumentó de 720 personas en 1880 a 5,532 en 1890) en el Partido Revolucionario Cubano, la obra excelsa del independentismo cubano en el Siglo 19, que marcará para todos los tiempos la función preponderante del radicalismo en el movimiento libertario cubano.

Radicalismo independentista al que nos debemos todos aquellas cubanas y cubanos en la emigración que componemos la membresía de las organizaciones que integramos en Miami la coalición Alianza Martiana: la Brigada Antonio Maceo, la Alianza Martiana –como organización individual-, la Asociación Cultural José Martí, la Alianza de Trabajadores de la Comunidad Cubana, la Asociación de Mujeres en Defensa de la Familia y el Círculo Bolivariano de Miami.


Durante el Siglo 20, de manera resumida, las principales organizaciones libertarias radicales en la emigración fueron: la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) que Julio Antonio Mella fundara en 1926, con su sede principal en México; la Organización Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA), que fundaron en la emigración a mediado de los 30, Pablo de la Torriente Brau y Raúl Roa, entre otros; y el Movimiento 26 de Julio después de su fundación en la Isla, organizado por el propio Fidel en la emigración en su viaje en 1955 en las ciudades de Nueva York, Miami y Cayo Hueso. En Nueva York el Movimiento 26 de Julio, en pocos años se convirtió en la Casa Cuba y después hasta el presente, en la Casa de las Américas de Nueva York, donde ha tenido una respetada y fructífera vida política en defensa del pueblo cubano.

De acuerdo a los estimados de 2015 del Buró del Censo de Estados Unidos actualmente vivimos en este país 2,116,000 cubanos y nuestros descendientes nacidos en este país; 1,120,000 de nosotros nacidos en Cuba.

En el estado de la Florida vivimos 1,530,000 de nosotros, nacidos en Cuba y nacidos aquí; seguido por 91 mil que se estiman viven en California; 90 mil que viven en Texas: 86 mil en Nueva Jersey , y 71 mil en el estado de Nueva York. En el condado Miami-Dade vivimos cerca de 1,100,000 de nosotros y nuestros descendientes nacidos en este país. Nacidos en Cuba somos en Estados Unidos el 55% y nuestros descendientes el 45% del total.


De todos en Cuba y en la emigración son conocidas las acciones terroristas y genocidas del sector de la extrema derecha cubana, los nacidos en Cuba y nacidos en este país, durante casi 60 años, contra el pueblo de Cuba, su independencia, sus libertades y su derecho a la vida y a vivir y desarrollarse en paz. Son anexionistas y criminales, tanto los nacidos en Cuba como los nacidos aquí.


Son criaturas diabólicas de su progenitora imperial esa Gran Ave Depredadora que son los gobiernos de Estados Unidos; todos, desde el de Thomas Jefferson en 1801 hasta el actual gobierno de Donald Trump, de una u otra manera, siempre ansiosos por devorar a Cuba y su ejemplo libertario.


Por todo esto y mucho más, con gran orgullo de ser herederos y continuadores de la tradición radical de la emigración cubana en Estados Unidos, hoy, en el 150 Aniversario del Grito de nuestra Independencia, a los cuatro vientos declaramos: ¡Viva Cuba Libre! 

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