miércoles, 12 diciembre 2018, 07:05
Sábado, 17 Noviembre 2018 06:46

Ultraderecha agrieta la arquitectura europea

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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La anunciada salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, conocida como Brexit, no es más que un eslabón de la amplia y fuerte cadena hilvanada por la extrema derecha para llegar al poder en el llamado Viejo Continente.


La anunciada salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, conocida como Brexit, no es más que un eslabón de la amplia y fuerte cadena hilvanada por la extrema derecha para llegar al poder en el llamado Viejo Continente, aprovechando situaciones parecidas como las que empoderaron a fascistas en Italia y Alemania, y condujeron al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Los desbarajustes provocados por lo que se consideraba avanzada progresista, encabezados por una socialdemocracia endeble y fácil de comprar, no se corresponden exactamente con la actual situación, pero, de todas maneras el populismo de derecha, casi rayando en el fascismo, ha hecho que las principales colectividades de esa tendencias en Alemania, Italia, Holanda, Suiza y Austria tengan una fuerte posición en el Parlamento Europeo, corroborada recientemente en Hungría y Suecia, lo cual ofrece malos augurios para las elecciones de mayo venidero.

Para poder avanzar y hacer tambalear las ya caducas estructuras de una democracia que no se realiza consecuentemente, los ultraderechistas propagan el racismo y la xenofobia, con un discurso antiinmigratorio y nacionalista, que gana terreno.

Los ejemplos que se dan en las elecciones de los países del Viejo Continente ahora incluyen gobiernos extremistas. Un caso a destacar es el de Italia, donde en marzo último la coalición de derecha populista fue la más votada y llegó a conformar el nuevo gobierno. El ministro del Interior de ese país, Matteo Salvini, no esconde su tendencia, y sus discursos están plagiados de ataques contra los refugiados y los musulmanes.

A esto se suma el gobierno conformado por el partido extremista ÖVP en Austria, desde hace varios años. Este país, de donde era oriundo Hitler, ha visto crecer a un dirigente como Jorg Haider, quién hace apología al Tercer Reich y su “ordenada’ política de empleo pleno. En Suecia, como resultado de las recientes elecciones, se instaló un gobierno con el apoyo de los extremistas de derecha, que sacaron la tercera votación.

A estos ejemplos del occidente del continente, habría que añadir a los gobernantes de la antigua Europa socialista. El primer ministro Orban, de Hungría, acude a frases incendiarias como “no queremos que nuestro color se mezcle con otros”. Y en Polonia, el Parlamento, con el dominio del partido de extrema derecha, ilegalizó cualquier acusación que involucre a los ciudadanos de ese en el Holocausto.

Por si estos casos fueran poco, ya en Alemania y Holanda, los partidos de extrema derecha son segundos en las encuestas, y podrían ser quienes definen quién y cómo se conforman los próximos gobiernos. Solo en Francia se denota un ligero retroceso del Frente Nacional, a espera de cómo continúa la frágil popularidad del presidente Macron.

Los programas de estos extremistas, con creciente apoyo popular, son similares. Nacionalismo económico y clara oposición a relegar competencias en la Unión Europea. Rechazo frontal y decisivo a permitir inmigración. Una decidida posición antiislamista, y un repudio abierto a todo lo que se considera contrario a su “cultura original”.

Izquierda que se moviliza

Un colega del periódico Granma me recordaba que varas formaciones de izquierda ya se movilizan contra el maligno fenómeno, y al respecto se reunieron en la ciudad española de Bilbao.

Allí se subrayó como desde las más recientes elecciones europeas, los partidos de extrema derecha y populistas de esa tendencia están aumentando en todas partes en Europa, y como las posturas xenófobas e islamófobas que promueven han ganado en audiencia y están impregnando cada vez más la retórica de los conservadores e incluso algunos segmentos de la democracia social.

El debate sobre el crecimiento de la ultraderecha ha tenido como protagonistas a Pablo Livigni, investigador del Espaces Marx (Francia); el austríaco Walter Baier, coordinador político de la plataforma europea Transform!; Aurélie Maréchal, directora de la Fundación de los Verdes Europeos; y Cornelia Hildebrandt, representante de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Los oradores coincidieron en un diagnóstico: el neoliberalismo y la extrema derecha tienen una "relación directa". Livigni llamó a “combatir la idea de que liberales y conservadores tienen mecanismos de defensa frente a la extrema derecha, porque no es verdad”. De hecho, advirtió que los partidos ultras "defienden algunas políticas complementarias a programas neoliberales". "Tenemos algunos gobiernos de derechas cuyas políticas se parecen mucho a lo que haría la extrema derecha", señaló. En tal sentido, advirtió que "los neoliberales no son la solución" para frenar este problema.

Después de la más larga historia europea, sin guerras entre los países enemigos de vieja data, y con una importante época de crecimiento y bienestar compartido, la pregunta es ¿por qué ese resurgimiento extremista? La fórmula es tan sencilla como hace 80-90 años, cuando el fascismo ocupó a gran parte de Europa.

Son elementos básicos: señalamiento de quién es o piensa diferente como enemigo común del proletariado y de la clase trabajadora. El ‘otro’, el diferente, es a quien hay que combatir, porque es el culpable de lo que pueda pasar ante un futuro incierto. Se logra expandir el miedo.

Con frases polémicas, sencillas, y sin ningún asidero académico, estos políticos logran convencer de que hay que volver a las raíces de lo propio, combatir lo extraño y extranjero, y luchar por la unidad nacional. El peligro de esta tendencia va de la mano de guerras comerciales como las que ha iniciado Trump, y hacen tambalear al sistema económico mundial.

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