martes, 25 junio 2019, 02:34
Lunes, 07 Enero 2019 14:04

El Choco de todos los días

Escrito por  Carina Pino Santos/Cubarte
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Con los pies en la tierra es el título de la muestra abierta en el Museo Nacional de Bellas Artes que homenajea al Premio Nacional de Artes Plásticas 2017, Eduardo Roca Salazar, mas conocido como Choco.


Con los pies en la tierra
es el título de la muestra abierta en el Museo Nacional de Bellas Artes que homenajea al Premio Nacional de Artes Plásticas 2017, Eduardo Roca Salazar, mas conocido como Choco, no solo en el ámbito artístico o intelectual, sino también y sobre todo, por los cubanos a lo largo de toda la isla, exhibición que es sobre todo una posibilidad de disfrutar de la belleza de obras antológicas de la producción de uno de los mejores grabadores de todos los tiempos.


Procedente de la generación de los setenta que fue identificada por sus inquietudes por la identidad nacional y su reflejo en la plástica, la creación de Chocolate o Choco, nunca quedó estancada allí en aquellos linderos, sino que continuó evolucionando a la par de los cambios morfológicos y socioestéticos que signaron el fin del siglo XX y los inicios de este nuevo milenio en las artes visuales cubanas.


En verdad esa trayectoria en progreso devino como resultado de sus capacidades y talentos alcanzados luego de mucha experimentación y trabajo duro, en la técnica de la colagrafía, mediante la que transfirió de forma creativa un imaginario muy personal a la par que en gran medida ha reflejado su propia sensibilidad ante la época que le tocó vivir; así pues, la suya ha sido una percepción de artista que supo calibrar los cambios existenciales de su circunstancia histórica, y que de paso evidenció preocupaciones formales más contemporáneas hacia la tridimensionalidad y lo instalativo.


Pudiera decirse que solo Belkis Ayón y el Choco nos han legado a través de la colagrafía una obra poderosa, trascendente espiritual y culturalmente, que emana de ejes profundos de los que emerge la cultura cubana.


Con un dominio del diseño y una maestría en el grabado singulares, las obras de Choco en la exposición recién inaugurada a fines de diciembre de este 2018, magnifican esa su trayectoria muy peculiar. Equilibrio, El soplo de la vida, El último de la cola, Tarde será mañana, nos recuerdan la exquisitez de las texturas, y la conversión de las matrices del grabado otrora base para la reproducción múltiple y la bidimensionalidad, ahora como obras únicas y en otros casos con volumen. El propio Choco ha dicho cómo la técnica de la colagrafía dada su característica de aplicar, reconvertir y adicionar materiales diversos, le proporcionó ese abanico casi infinito de formas y el paso de una dimensión a otra.


Cuando hace ya quince años Choco expuso, en el propio Palacio de Bellas Artes, la muestra personal Abanico de posibilidades, escribí en un artículo (publicado en la red) cómo “sus pinturas, ricas en texturas, con la intervención del collage, semejan su trabajo en la colagrafía, y a la vez, sus grabados colagráficos simulan en su intensa brillantez cromática ser pinturas. La figuración prevalece, pero se conjuga con el ímpetu de lo abstracto en fondos o en la morfología misma”, y más adelante subrayaba cómo: “El grabado tridimensional cual instalación, que fuera una de las conquistas de la gráfica de los noventa, regresa en impactantes murales.”


Más allá de sus investigaciones matéricas y sus logros que cerraron el pasado siglo con el Premio que obtuviera en la prestigiosa Trienal de Kochi en Japón (1999), hemos visto a Choco crear también maravillosas cerámicas y esculturas, en un camino de creación incesante, porque la detención no existe en el diccionario de sus rutinas de taller y en su vida artística y cotidiana.


De paso no es posible olvidar que es Choco, uno de los más queridos y populares artistas en la Cuba de hoy, se le conoce, además de por la calidad de su obra presente en galerías cubanas y extranjeras, por la habitual familiaridad con que trata ya sea al  sobresaliente intelectual como al ciudadano más común que encuentra a su paso o al vecino que cruza la estrecha calle de la Habana Vieja donde radica su taller, para tomar su café. Esa cualidad le distingue, entre tantos creadores, y ha sido inspiración para poemas, crónicas, y hasta personajes novelescos de varios de nuestros mejores autores.


Cuando hace muchos años laboré en la edición de un libro sobre su obra y biografía (Choco, 2006), esa condición genuina suya que hallé en poemarios y textos sobre él, me precisó a incluir una sección que no existía en el perfil de aquella colección de arte de la Editorial Letras Cubanas; entonces, solo hallé un modo para insertarla excepcionalmente para él y la titulé “Abrazos”. Y es que como bien ha dicho Choco, su primera inspiración es el hombre, sus avatares cotidianos y culminantes, y a él llega antes que a nada, con sus pies bien puestos en la tierra, mas sin dejar de exaltarnos, porque el arte es iluminación y él es de aquellos capaces de convertir ese conocimiento de la realidad misma en obra cautivante, imaginativa y magnífica.

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