miércoles, 23 octubre 2019, 08:33
Lunes, 11 Marzo 2019 09:35

De la Vuelta al Clásico, ¿y viceversa?

Escrito por  Joel García / Especial para CubaSí
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Casi siempre retomar lo que un día fue un éxito se torna más difícil que fundar algo nuevo. Sin embargo, este no es el caso...



Cuando Reinaldo Paseiro se aventuró a organizar la primera Vuelta a Cuba en 1964 pocos pensaron que además del impacto popular que tendría, en menos de un lustro se convertiría en el cimiento perfecto para el despegue a gran escala del ciclismo en nuestro país, que antes de 1959 apenas había tenido alguna actuación memorable a nivel centrocaribeño del propio Paseiro.

De golpe, los 72 valientes que salieron en el estreno del giro aprendieron por el camino sobre reglamentos, tácticas de carrera y un sinnúmero de detalles técnicos imposibles de conocer solo por libros o charlas de entrenadores. Y tanto fue así que en 1967, con la primera participación internacional de Polonia, nuestra principal figura entonces, el gran Sergio Pipián Martínez, perdió el liderato de la clasificación general con un pedalista visitante por mala estrategia en la penúltima etapa.

Sin embargo, ese mismo Pipián, junto a un grupo de talentosos pedalistas (Inocente Lizano, Héctor Torres y Ricardo Saro) agarró un bronce histórico en los 4 000 persecución por equipos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1966, detrás de las cuartetas de México y Venezuela. ¿Alguien duda que la Vuelta no fue decisiva para ese resultado?

En poco más de una década aparecieron los campeones de la ruta individual a nivel regional (Roberto Menéndez en 1974) y panamericano (Aldo Arencibia en 1975), al tiempo que nuestros conjuntos se impusieron en más de una ocasión en la prueba de contra reloj por colectivo de las citas multideportivas.

Con la incorporación de más naciones europeas a las Vueltas a Cuba se elevó el nivel de calidad y comenzaron a llover las invitaciones para incursionar en giros por Italia, España, Alemania, entre otras naciones, sin contar que desde 1964 asistimos a la Carrera de la Paz (una de las más fuertes del mundo en esa época), en la cual llegamos a ganar una etapa en 1978 con Carlos Cardet, en tanto Eduardo Alonso finalizó en el lugar 21 de la clasificación general en 1983, la mejor ubicación de un corredor antillano.

En el ámbito deportivo, el principal certamen ciclístico del país fue considerado por parte de la Unión Ciclista Internacional (UCI) dentro de los diez más importantes del mundo en 1986, a partir de la exquisita organización, la presencia de varios medallistas mundiales y olímpicos (incluidos campeones), y la integralidad del recorrido, por solo citar tres elementos incuestionables.

Por supuesto, la Vuelta fue el germen de las medallas mundiales y olímpicas de nuestras muchachas (quienes tuvieron un giro similar al de los hombres en 1990) y su receso prolongado de 1991 al 2000 y más recientemente del 2011 a la fecha ha desmotivado a más de un ciclista, ha dejado en casi nulos los premios en justas mutideportivas del sexo masculino y ha taladrado el prestigio y respeto que Cuba imponía a nivel regional. Por estas razones y más el anunciado retorno en el 2020 del principal giro del pedal en Cuba es merecido y sería muy agradecido por todos.

Es aplaudible que la Federación Cubana de Ciclismo y su Comisión Nacional buscaran la alternativa de los Clásicos Nacionales desde el 2014, con trazados que fueron creciendo poco a poco. Primero desde Camagüey a La Habana, luego Guantánamo- La Habana y en los dos últimos años con la salida tradicional en Baracoa hasta la capital del país, aunque sacrificando etapas y provincias, pues los nuevos reglamentos de la UCI no permiten más de una decena de fases.

Si bien es cierto que en organización y concepción estos certámenes son muy similares al inicio de aquella aventura de 1964, muchos preguntan por qué se habla de Clásico y no de Vuelta ahora. Las respuestas son precisas. El primero es una competencia más en el calendario local, la segunda es un evento reconocido internacionalmente y su reactivación en el calendario de la entidad rectora de las bielas y los pedales depende solo de cumplir con los aseguramientos logísticos establecidos en cuanto a hospedaje, cronometraje, premios metálicos y controles antidopaje, lo cual traería no menos de cinco sextetas foráneas a nuestras carreteras.

La familia de este deporte ha demostrado capacidad de reinventarse para mantener vivo un espectáculo de amplio impacto sociocultural, por demás costoso y sobre el que descansa una rica tradición. Casi siempre retomar lo que un día fue un éxito se torna más difícil que fundar algo nuevo. Sin embargo, este no es el caso, transitamos de La Vuelta al Clásico por razones económicas y entendibles, pero es turno ya de escuchar al poeta Benedetti: VICEVERSA.

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