lunes, 14 octubre 2019, 18:35
Viernes, 22 Marzo 2019 08:49

Frank Sosa: una quimera en el último pedalazo

Escrito por  Lisset Isabel Ricardo
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Debutó en la tercera edición, en 2016, con el lugar 12 en la general individual.

Desde pequeño andaba en bicicleta por la ciudad de Cienfuegos. Lo acompañaba su papá, un amante ferviente del ciclismo. Así se le metió el “bichito” en el cuerpo. Con nueve años quisieron llevarlo al área especial, pero sus padres se opusieron por miedo a las caídas.

Con 12 “abriles” llegaron a su escuela para unas captaciones, pero no lo aceptaron por ser muy chiquito.

Entonces, Frank Sosa armó una “perreta” en casa y su mamá no tuvo más opción que llevarlo a la academia provincial, donde el entrenador Juan Almeida lo admitió, asegurando que la estatura no era motivo para tronchar sus aspiraciones.

Comenzó con tremendo embullo, pero dos años después, durante la preparación física, en el ejercicio del “caballito", su compañero se fue hacia atrás y cayó justo sobre su pierna derecha, provocándole fractura en la tibia y el peroné con desplazamiento. Pasó seis meses inmovilizado y perdió un año de entrenamiento.

¿Cómo fue la reincorporación?

Ocurrió en el 2015, con más fuerza que antes, porque muchos decían que no podría regresar. Quedé con una dismetría, o sea, dos centímetros más corto de un pie. Me motivó demostrar que todo era posible y reinicié la preparación.

Te quedaba un solo año en la categoría 15-16…

Por algunos problemas no querían que participara en los Juegos Escolares Nacionales, pero otra vez Almeida confió en mí. Obtuve medalla en la ruta y promoví al Centro Técnico de Cienfuegos. Ese fue el impulso para los resultados posteriores. Me perfiló  el mejor entrenador que he tenido, Nelson Jacomino.

Luego te promovieron al equipo nacional…

Sí, y gané el derecho a debutar internacionalmente, pero hace dos años no compito fuera del país, desde la Vuelta al Táchira del 2017. Aquella vez no pude terminar porque en la tercera etapa tuve problemas mecánicos, la asistencia llegó tarde y me  agarró el límite de tiempo. Luego asistí al Campeonato Panamericano de Ruta en República Dominicana, donde terminé octavo en la categoría sub-23.

Antes de coronarte el pasado 17 de marzo… ¿Qué resultados acumulabas en el Clásico?

Debuté en la tercera edición, en 2016, con el lugar 12 en la general individual. Al año siguiente acabé onceno y campeón de la clasificación sub-23. El año pasado sufrí caídas al inicio, subí la Gran Piedra con dolores en la espalda, pero me recuperé y finalicé en el 14. Quería, pese a las dudas, dominar Topes de Collantes y lo conseguí. Esta vez salí con ansias de repetir esa victoria, que me llevó del séptimo peldaño al liderazgo que no perdí nunca más.

¿Especial jornada la de la Sierra del Escambray?

El momento más feliz de todo el Clásico fue cuando llegué a la cima y abracé a mis padres. Les había dicho que tendría sorpresas. Si no fuera por ellos nunca habría llegado a donde estoy. Tuve bajas y lesiones como para retirarme, pero siempre me sacaron de los baches.

También agradezco a mis compañeros de equipo Stefano Águila, Ernesto Fidalgo, Andy Díaz y Ricardo Delgado; al entrenador Jacomino, a mi hermano Sandy Iglesias, a los amigos de siempre y a todos los que pusieron un granito de arena en mi carrera.

¿Cómo valoras este Clásico?

El más combativo de todos, hasta que agarré la camiseta amarilla en la etapa reina de Topes el número 15 de la general solo tenía una desventaja de 45 segundos. El artemiseño Félix Nodarse, el tunero Yans Carlos Arias, el holguinero Alejandro Parra y el espirituano Carlos Álvarez habían sido líderes en días seguidos, algo sin precedentes incluso en las vueltas a Cuba.

¿Lo marcó la rivalidad?

Desde la arrancada. Y eso es bueno, aumenta el ritmo de carrera y podemos mejorar. Hace falta para elevar la calidad de nuestro ciclismo. Gracias a la colaboración de mi equipo cumplí el sueño. Estoy contento y convencido de que el sacrificio de tantos años no ha sido en vano.

¿Qué te gusta además de la bicicleta y la novia?

Divertirme, porque dedico mucho tiempo a entrenar y cada miércoles voy a la Universidad. Estoy en tercer año de la Licenciatura en Cultura Física y Deportes. Cuando puedo voy con mis amigos a la playa, a la discoteca, a relajar un poco.

¿Bailas?

Un poco. Me defiendo en el casino, me gusta Van Van y Habana de Primera. Sin embargo, me identifico más con la música electrónica.

¿Las comidas preferidas?

Arroz blanco, huevo frito y plátano maduro. No lo cambio por nada. Pero como de todo y no engordo, soy flaco natural. Claro,  con el entrenamiento diario, tan fuerte y extenso, no tengo necesidad de hacer dieta.

¿Te gusta más la ruta que la pista?

Siento un poco aburrido dar tantas vueltas en un velódromo. Tampoco tengo el mejor desempeño, pero si me preparo puedo tener buenos resultados en los eventos de grupos como la carrera por puntos y el scratch. Me encanta la ruta y la montaña, aunque haya que sufrir demasiado.

Defendiste valientemente esa posición de privilegio…

Comencé a subir Topes de Collantes a 30 segundos del líder en ese momento, el artemiseño Nodarse. Después de esa etapa quería defender la casaca y el entrenador trazó una estrategia con el equipo, que no era el más fuerte pero luchó para que no la perdiera. Me decían que no tenía apoyo y no era cierto. Los muchachos se portaron muy bien.

¿Qué más esperas este año?

Estoy en la preselección para los Juegos Panamericanos de Lima. Batallo para integrar el equipo y este triunfo puede ser un pilar. Hablamos de la carrera principal de Cuba. Todo dependerá de cómo llegue a la hora de la decisión, por eso hay que estar en forma. Me enfocaré en la preparación.

¿Qué te ha dado el ciclismo?

Muchas cosas que no hubiera conocido de otra manera: tener amistades y resolver problemas que se dan en el deporte y la vida. El ciclismo nos prepara para enfrentar cantidad de situaciones.

Un mensaje a los niños y jóvenes…

Les pido que si les gusta el ciclismo no dejen de intentarlo. Luchen y no se desmotiven por nada. Este deporte es fuerte, de muchos detalles, duele al punto de querer dejarlo, pero sigan ahí. Insistiendo van a llegar.

¿Qué pensaste en La Habana al dar el último pedalazo?

¡Lo logré! Fue difícil, pero hice realidad una quimera presente desde que empecé a montar bicicleta. Soy feliz, pero la satisfacción no es solo mía, pertenece a la familia, los amigos, los entrenadores. De todos estoy muy agradecido.

 

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