martes, 20 agosto 2019, 08:33
Miércoles, 10 Abril 2019 06:18

Ruanda: los 100 días que no estremecieron al Primer Mundo

Escrito por  Daynet Rodríguez Sotomayor / CubaSí
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¿Cómo fue posible que en solo tres meses, el 85 por ciento de la población hostigara, torturara y aniquilara al 15 por ciento restante? A 25 años de la masacre que no estremeció al Primer Mundo, aún la historia parece inconcebible...

Cuando a mediados de 1994 comenzaron a llegar las imágenes de la tragedia en Ruanda, la comunidad internacional quedó atónita: cientos de miles de personas, en pocos meses, habían sido exterminadas de forma atroz. ¿Cuáles fueron las causas de la matanza que dejó al menos 800 mil víctimas mortales entre hombres, mujeres, niños y ancianos, y más de dos millones de refugiados? ¿Cómo había sido posible que en solo tres meses, representantes del 85 por ciento de la población hostigara, torturara y aniquilara a miembros del 15 por ciento restante? Para entender el genocidio que en buena medida incubaron y permitieron las potencias occidentales, habría que hacer, inevitablemente, un poco de historia.

Tradicionalmente en Ruanda han cohabitado tres grupos humanos: los twas, minoritarios, que llegaron a la zona desde el siglo VI y no sobrepasan el 1% de la población; los Bahutus o Hutus, que constituyen aproximadamente el 85% del total de habitantes del país-; y los Batutsi o Tutsi, procedentes de la actual Etiopía. Si bien estos suman casi el 15% de la población, su modelo de subsistencia, basado en la ganadería, se impuso al de las tribus existentes y les permitió implantar un sistema feudal que centralizaba el poder en un rey autoritario -Mwami- y una pequeña corte. Los tutsi pasaron así a convertirse durante el siglo XVI en señores feudales y los hutu en sus siervos.


A estas contradicciones precoloniales se añadió la tragedia del reparto colonial del continente. Si se observa un mapa de África se verá que las fronteras nacionales fueron trazadas, prácticamente, en línea recta. Como consecuencia de esta arbitraria división, pueblos enteros quedaron fragmentados a uno y otro lado, pero no siempre a la mitad: en muchos casos las tribus que fueron mayoritarias en un territorio, en la nación vecina quedaron como minoritarias, un elemento esencial para entender por qué un conflicto como el ruandés involucra a naciones como Uganda y Burundi y la relación mayoría-minoría de los tutsis y los hutus en uno y otros territorios. Tras aquella repartición del "pastel", el actual territorio de Ruanda pasó a manos de Alemania, cuyo objetivo real era hacerse del país para construir una vía férrea que llegase a Tanzania y así explotar los recursos naturales de este último. El proyecto quedó inconcluso... y Ruanda se convirtió en una especie de protectorado alemán.


En 1914, los belgas iniciaron un conflicto de rapiña que dos años después dejaría a Ruanda bajo su tutela. Con la vieja divisa de "divide y vencerás", los colonos belgas comenzaron un proceso de diferenciación entre las tribus que culminó en 1945, con la polémica creación de un documento de identidad que especificaba el origen étnico de cada individuo: Twa, Hutu o Tutsi. Una tarjeta que nunca dejó de existir y que luego serviría para identificar a las víctimas durante el genocidio. Es crucial este subrayado: fue la metrópolis belga la que instauró la división étnica en lo que hasta entonces habían sido grupos tribales. Es decir, si hasta ese momento tres tribus distintas convivían en Ruanda con sus latentes diferencias, fue el patrón belga el que convirtió esas diferencias en políticas y legales, prácticamente irreconciliables, con reformas que fueron concediendo poco a poco el poder a los tutsis, durante todo el período anterior a la independencia, y luego a los hutus, a partir del proceso de descolonización. Las dos etnias que luego serían protagonistas del conflicto (1).


El caldo de cultivo para la tragedia de 1994 estaba servido.


¿Ya has matado a un tutsi?


En un rápido repaso cronológico, el 6 de abril de 1994 el avión en el que viajaban los presidentes de Ruanda, Juvenal Habyarimana, y de Burundi, Ciprian Ntayamira, fue alcanzado por dos misiles cuando iba a aterrizar en el aeropuerto de Kigali, la capital ruandesa. Casi todos los investigadores coinciden en señalar el día siguiente como el inicio del genocidio. Se desató entonces una carnicería que hasta hoy aterroriza de solo imaginarla. Las patrullas paramilitares Interhamwe, la mayor parte de las veces machete en mano, protagonizaron el exterminio de lo que ellos llamaban las “cucarachas tutsis”. Y no fueron solo los paramilitares. El odio tras decenios de enfrentamiento atizado por el colono belga, y una propaganda radial que incitaba a la violencia bajo la pregunta constante de "¿ya has matado a un tutsi?", llevó a civiles a enfrentarse a otros civiles. Y las víctimas no fueron solo tutsis, también murieron hutus moderados que apostaban por una convivencia pacífica. Una masacre que sucedió frente a los ojos del mundo y la cobarde indiferencia de las potencias que hasta entonces se habían repartido el botín de los Grandes Lagos, y que a la hora cero, viraron el rostro.

Ya el 19 de mayo, un comunicado emitido por la Cruz Roja estimaba en 500.000 los ruandeses asesinados. Hasta entonces, ningún dirigente político internacional había utilizado todavía la palabra genocidio. A principios del mes de junio, el Frente Patriótico Ruandés (FPR), que se organizaba en el nordeste del país, al anunciar un ataque inminente, lanzaba un ultimátum a los extranjeros residentes en Ruanda para que abandonaran el país en menos de tres días. En el oeste, se creaba una guerrilla tutsi llamada Ejército de Liberación de Ruanda (ALIR).

Ya a mediados del mes de julio, el FPR se apoderaba de Kigali y obligaba al gobierno hutu radical a huir del país en dirección a Zaire, seguido de al menos dos millones de hutus que crearon el campo de refugiados más grande de la historia en Goma, "la ciudad de los muertos". Esta fecha es considerada el fin del Genocidio (2). El resultado en números: entre 800 mil y un millón de ruandeses asesinados. Fueron unos 100 días de horror.

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Foto tomada de El País

Se trata de una cronología muy sucinta y que se puede encontrar en casi cualquier medio que se consulte sobre el tema, pero con el paso de los años se ha ido develando la magnitud de esos tres meses de infierno. En ese sentido, el testimonio del general Romeo Dallaire, al mando del contingente belga, es elocuente: “Todas esas escenas con mujeres, para mí, con mi cultura, me parecían lo peor que se puede imaginar. Aun muertas, veías en los ojos de esas mujeres el horror y el sufrimiento, la indignidad que habían padecido. Muchas veces mataban a los niños delante de sus padres, les cortaban las extremidades y los órganos genitales, y les dejaban desangrarse. Luego también mataban a los padres. Había gente que pagaba para que les pegaran un tiro en vez de ser matados con machete. Pagar por cómo morir...” (3)

Bélgica contribuyó enormemente a la conformación del estado conflictivo y luego retiró todo su personal desde el mismo comienzo de las matanzas. Otras potencias fueron igualmente indiferentes. Boubacar Boris Diop afirma, por ejemplo, la “implicación activa y decidida de Francia en el genocidio ruandés” (4).

Según Diop, “Francia no sólo armó, en los años previos y durante el genocidio, a las FAR (Fuerzas Armadas Ruandesas), ejército de su gobierno aliado, presidido por Juvenal Habyarimana a quién había llevado al poder con un golpe de Estado en julio de 1973. Un golpe de esos que tanto practica Francia en sus colonias aún cuando Ruanda nunca había pertenecido a su patio trasero. No sólo armó a ese ejército que preparaba sin ningún complejo la masacre, sino que armó también y preparó con sus propios instructores militares a las fuerzas paramilitares Interhamwe, ejecutores directos, e incluso, algunos militares franceses sobre el terreno, en plena barbarie genocida, actuaron como “hermanos de armas” de las FAR y de los Interhamwe, revelándoles el escondite de no pocos Tutsis” (5).

Por su parte, los Estados Unidos se resistieron a usar el término genocidio, todo el tiempo que duró la masacre y en su lugar hablaban de "actos de genocidio". Esa posición determinó la tardía intervención de la ONU en el conflicto. Incluso, el entonces presidente William Clinton firmó una Decisión Directiva Presidencial que imponía estrictas restricciones al apoyo norteamericano a futuras misiones de paz de las Naciones Unidas, como respuesta a la petición de aumentar el destacamento MINUAR en Ruanda.

Algunos análisis señalan que “el genocidio fue financiado, por lo menos en parte, con el dinero sacado de programas de ayudas internacionales, tales como la financiación proporcionada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional bajo un Programa de Ajuste Estructural. Se estima que se gastaron 134 millones de dólares en la preparación del genocidio -- ya de por sí una de las naciones más pobres de la Tierra -- con unos 4,6 millones de dólares gastados sólo en machetes, azadas, hachas, cuchillos y martillos” (6).

“El papel de los medios de comunicación a la hora de cubrir esta crisis dejó mucho que desear (...). En aquella época no se mostraron imágenes acerca de la tragedia y se la trató de minimizar.... Las reflexiones apuntan a que los reporteros fueron llamados a sus sedes porque lo que pasaba en “el fin del mundo” no importaba. (7)


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Miles de refugiados ruandeses. Foto tomada de El País

Es decir, fue una tragedia en la que múltiples actores fueron cómplices, activos o pasivos. Pero, si bien lo sucedido en Ruanda puede ser cómodamente calificado como un conflicto étnico, reducirlo a esa sola causa es un facilismo. Solo el hecho de que hutus moderados también fueron víctimas, desbarata esa teoría estrictamente étnica. Y otros varios factores confluyeron: la caída del precio del café en un 50% hizo que un país tan dependiente de ese producto perdiera el 40% de sus ingresos en exportaciones; la peor crisis alimentaria que hubo en 50 años antes del 1989; la pugna por la posesión de la tierra entre hutus agricultores y tutsis ganaderos; la alta densidad poblacional que en las tierras fértiles llegó a 380 habitantes por km2; la sequía que había empeorado las condiciones de vida y el clima de violencia; el miedo de los hutus a ser explotados, y el miedo de los tutsis a ser eliminados; y el poder que los belgas dieron a los tutsis primero y a los hutu después. Se afirma que “el interés por los recursos minerales habría sido la clave del conflicto. El 80% del coltan, utilizado en la fabricación de teléfonos móviles, GPS, consolas de video juego y televisiones de plasma, entre otros, yace en esa región. También hay importantes yacimientos de tungsteno, casiterita, cobre, cobalto utilizados en la industria armamentista, así como los infaltables uranio, diamantes y oro. Por otra parte, en su selva tropical, la más importante del mundo luego de la Amazonía, está el agua del Congo y de las fuentes del Nilo, el actual recurso más codiciado” (8). La dependencia, la vulnerabilidad del país, la desconfianza entre sus etnias, la extrema pobreza, es el resultado de la rapacidad imperial y la consecuente condición de alteridad, de periferia de la periferia, de explotación y olvido por siglos, en que las potencias occidentales subsumieron a sus colonias africanas, entre ellas, Ruanda, lo que demuestra que el verdadero origen de aquel lamentable suceso era clasista.

Secuelas del horror


El genocidio no solo dejó entre 800 mil y un millón de víctimas, principalmente civiles. Otras consecuencias fueron las guerras vecinales -la primera y la segunda Guerra del Congo-, los miles de desplazados (en el 2000, se calculaban en 600 mil personas); un alto índice de personas viviendo con VIH y SIDA que han convertido al país en uno de los de más alta prevalencia en el mundo; y alrededor de 101.000 niños y niñas que encabezarían desde entonces aproximadamente 42.000 hogares.

La mayor víctima del horror fue la infancia: de los 800 mil muertos, 300 mil fueron menores de edad. Unos 95 mil quedaron huérfanos, la cifra más elevada en todo el mundo. Perdieron a sus padres por diferentes razones: muchos, asesinados durante el genocidio; otros, muertos a causa del VIH/Sida y otros más, conducidos a prisión debido a crímenes relacionados con el genocidio. Los niños que fueron obligados a participar en las masacres quedaron marcados para toda la vida.


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Los niños, las mayores víctimas. Foto tomada de El País

Sin dudas, el genocidio en Ruanda sentó un precedente, de horror y de lecciones. Demostró la relatividad y la doble moral con que el tema de los derechos humanos suele esgrimirse: ¿a quiénes le importaron los miles de africanos que allí perdieron la vida? Al ser imposible de esconder la magnitud de la tragedia, también quedó como pretexto y justificación para enarbolar una doctrina sumamente peligrosa por injerencista: "la responsabilidad de proteger", que merecería otro artículo. Bajo esa misma bandera de protección de los derechos individuales por encima del derecho a la soberanía y la autodeterminación de los Estados y de los pueblos, se bombardeó Yugoslavia, se invadió Iraq y Afganistán y se quiere someter a cualquier gobierno que no se pliegue a los designios imperiales.



1. http://es.wikipedia.org/wiki/Ruanda

2. Genocidio en Ruanda (África): el trasfondo de un grave problema étnico. http://www.monografias.com/trabajos47/genocidio-ruanda/genocidio-ruanda2.shtml#ixzz2swVw6ZDq

3. Alameda, SOL: RUANDA: Un GENERAL ante 800.000 MUERTOS - Roméo Dallaire. http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul149.htm

4. Boubacar Boris Diop: “L’Afrique au-delà du miroir” (“África más allá del espejo”) Éditions Philippe Rey, 2007.

5. Ídem
6. Genocidio en Ruanda (África): el trasfondo de un grave problema étnico. http://www.monografias.com/trabajos47/genocidio-ruanda/genocidio-ruanda2.shtml#ixzz2swVw6ZDq

7. http://www.periodismo.uchile.cl/contintanegra/2005/2/ruanda.html

8. Ruanda: el Genocidio que la ONU no impidió. http://misosoafrica.wordpress.com/2011/11/11/ruanda-el-genocidio-que-la-onu-no-impidio/ y http://www.cinu.org.mx/especiales/2008/rwanda/rwanda_historia.html

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Comentarios  

 
#2 Arquero 11-04-2019 13:49
Se utilizo la violación como arma de guerra, hombres con sida violando a niñas y mujeres. Clinton el gran democrata se lavo las manos con la que firmó tambien la Hemls Burton contra el pueblo de Cuba como Poncio Pilatos o peor. Los cultos franceses dieron el credito para comprar los machetes... no, no... vida la cultura y la democracia occidental. No quedan dudas de que los emperadores yanquis son amantes de los PUEBLOS.
 
 
#1 jose 10-04-2019 12:21
Es terrible lo que pasó ese pueblo.
Siempre fui muy sensible con ese asunto. Ya no puedo ni ver películas sobre lo sucedido, me afectan mucho.
Encima de eso, siento que la vida me acerc{o a ese conflicto: por casualidad, hace 4 años compartí habitación en un evento en Canadá con un magnífico muchacho sobreviviente de aquel genocidio, pasó su niñez huyendo y en campos de refugiados, hasta que pudo salir hacia Francia y luego a Canadá y ya adolescente reunirse con su familia.
Me contó cosas tremendas, y lo compañé cuando en la noche despertó con terribles pesadillas.
Para alegría mía me contó que su hermano estudió medicina en Cuba.
 

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