viernes, 24 mayo 2019, 05:17
Martes, 14 Mayo 2019 05:59

Preocupación para la UE: República Checa en definición

Escrito por  Arnaldo Musa/ Cubasí
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Por estos días, varios miles de personas se han manifestado en Praga contra el gobierno de la República Checa, en protesta contra su política económica, por un lado, y la ideología, por el otro, a la que califican de muy de izquierda de sus principales figuras: el presidente Milos Zeman, a quien acusan de prorruso, y su aliado, el primer ministro Andrej Babits.


Estas cuestiones la manipula mucho la prensa del oeste de Europa, presuntamente preocupada por lo que califican de rebeldía de ambas figuras ante la Unión Europea, quienes sin ser realmente de izquierda, tampoco responden al espectro de la derecha y menos de la ultrarreacción.

Zeman fue reelegido nuevamente en febrero último, con un gran número de votos, y Babits fue posteriormente nombrado premier, ante un Parlamento muy fraccionado que le hace difícil tomar decisiones.

En cuanto al Ejecutivo no hay mucho que decir, porque Zeman tiene poderes limitados, aunque Babits sí es un personaje controvertido, multimillonario que parece inmune a la corrupción .pese a las acusaciones- y utiliza métodos sencillos, cercanos a la población, como eso de repartir donuts en las calles de la capital.

MAREMAGNUM ELECTORAL

Casi todas las agrupaciones tradicionales perdieron votos en los más recientes comicios, desde la débil izquierda hasta la fuerte derecha, y solo hubo un real triunfador, ANO, el partido de Babits, que lo pudiéramos calificar de centrista, aunque con peculiaridades negativas, como esa de no aceptar a los inmigrantes, ni las cuotas al respecto que le trata de imponer la Unión Europea.

ANO - que significa teóricamente Acción de Ciudadanos Insatisfechos, pero también “sí” en checo - recibió casi el 30% de los votos, obteniendo 78 de los 200 escaños de la Cámara de Diputados. Su competidor más cercano, el conservador Partido Cívico Democrático (ODS), consiguió sólo el 11% y 25 diputados.

El gran éxito de Babits ha creado una profunda sensación de malestar entre la República Checa y el establishment europeo. Algunos están sugiriendo que representa una amenaza existencial a un estado que no tiene siquiera 25 años en la UE.

Actualmente se enfrenta a denuncias por haber desviado subsidios agrícolas de la Unión Europea, y también ha sido acusado de evasión de impuestos después de la compra de bonos libres de impuestos de su propio negocio. Y persisten las acusaciones de que estuvo involucrado en la policía secreta eslovaca. Pero no hay pruebas de ello.

Él lo niega enérgicamente, pero el gobierno eslovaco ha anunciado recientemente que abriría una investigación. Muchos de sus oponentes tratan estos rumores como si fueran ciertos, pero ello me recuerda –sin querer hacer comparaciones- lo que le están haciendo a líderes suramericanos para sacarlos de la política, cuando se convierten en personas molestas.

ALGO ESPERADO

Aun así, la victoria electoral de Babits ha sido previsible desde hace tiempo. En el 2013, cuando ANO participó por primera vez en las elecciones parlamentarias, quedó en segundo lugar, con el 19%, obteniendo la mayor parte de su apoyo de votantes del ODS. Este último, un partido de derechas fundado por el ex presidente Vaclav Klaus, había jugado un papel central en la política checa desde la contrarrevolucionaria Revolución de Terciopelo. Ha pertenecido a coaliciones de centroderecha en los dos gobiernos anteriores.

El segundo hombre más rico en la República Checa, Babits, que nació en Eslovaquia, posee la cuarta empresa más grande del país, el gran complejo agrícola Agrofert. Recientemente, su compañía extendió su influencia a los medios de comunicación, con la compra de dos importantes periódicos y una estación de radio.

Babits entró en la política en el 2012, presentándose como un tenaz hombre de negocios dispuesto a intervenir y acabar con el desorden dejado por los políticos incompetentes. Hizo una promesa familiar: “Voy a dirigir este país como dirijo mi negocio”.

En el 2013, formó una coalición con el Partido Socialdemócrata Checo (CSSD) y los democristianos (KDU-CSL), aunque los socialdemócratas ganaron pírricamente esas elecciones con el 20% de los voto. El líder del partido, Bohuslav Sobotka, se encontró frente a una rebelión interna y fue casi destituido antes de que pudiera convertirse en primer ministro. Babits asumió el papel de ministro de Finanzas.

Cuando ANO ganó las elecciones europeas del 2014 y las elecciones regionales del 2016 parecía obvio que ANO y CSSD terminarían intercambiando posiciones y Babits se convertiría en el principal socio.

Pero ese verano, Sobotka intentó una maniobra de alto riesgo, y perdió. A medida que las acusaciones contra Babits comenzaron a crecer, el primer ministro anunció que ya no podían trabajar juntos, y se comprometió a renunciar y disolver el gobierno.

ENFRENTAMIENTO

Esto produjo un enfrentamiento constitucional entre Sobotka, Babits, y el presidente Milos Zeman (aliado de Babits y ex líder del ČSSD, que muchos creían detrás del intento de destitución de Sobotka. Zeman insistió en que la renuncia de Sobotka no implicaba la de todo el gobierno. Como resultado, Sobotka decidió no renunciar y exigió a Babits que lo hiciera en su lugar.

Después de un pulso de una semana, Babits aceptó, y Sobotka parecía haber ganado. Es decir, hasta que las encuestas mostraron un colapso del apoyo del CSSD. El partido expulso a Sobotka, convirtiéndole en un primer ministro zombi, y el apoyo a Babits se disparó.

En ese momento, la mayoría de los analistas pensaban que las elecciones producirían una coalición entre el ODS y ANO, pero, al acercarse las elecciones, las encuestas comenzaron a indicar algo mucho más alarmante. El ODS también se quedaba atrás, mientras los partidos más pequeños, más radicales, fueron ganando apoyo.

Las encuestas de repente comenzaron a predecir que el Partido Comunista de Bohemia y Moravia (KSCM), una formación en gran medida sin reconstruir y que sigue contando con un sector sustancial de apoyo, podría quedar en segundo lugar detrás de Babis. Mientras tanto, el partido de Tomio Okamura, Libertad y Democracia Directa (SPD) virulentamente antiIslam y antiinmigrante, comenzó a subir en popularidad.

En respuesta, los políticos de los diferentes partidos de centroderecha trataron de convertir las elecciones en un referéndum sobre la democracia, advirtiendo de los riesgos de una mayoría de las “fuerzas antidemocráticas”, lo que significa Babis, el SPD y el KSCM.

ASCENSO

Al final, los resultados fueron aún más volátiles de lo que nadie esperaba. Nueve partidos entraron en el Parlamento. Los socialdemócratas y los comunistas vieron como colapsaba su voto más allá de las previsiones de las encuestas. El SPD de Okamura recibió más del 10%, pero el Partido Pirata, de izquierda libertaria, quedó en tercera posición. El ODS consiguió finalmente quedar en segundo lugar.

Estos resultados hicieron que el ascenso de Babits al gobierno fuese muy complicado. De hecho, hay quién sugirió que iba a entregar la jefatura del gobierno a otro miembro del ANO. Pero Zeman encargó a Babits la formación de un gobierno, y ello lo convirtió en primer ministro, con unos planes tecnócratas que han dado que hablar y preocupan a otros integrantes de la Unión Europea.

De ello habrá que hablar mucho en un futuro lejano, manténganse o no Zeman y Babits al frente de la República Checa que, por cierto, ha disminuido su lenguaje reaccionario, de apoyo a la política de Estados Unidos, aunque todavía, lamentablemente, no se puede apostar por ello.

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