sábado, 17 agosto 2019, 09:01
Lunes, 20 Mayo 2019 12:36

Pinar del Río: una farmacia para sanar con arte

Escrito por  Mario Vizcaíno Serrat
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Desde el título hasta la convicción de que el arte sana por dentro, Farmacia es uno de los proyectos más originales de las artes visuales en Pinar del Rio, una provincia de tradicional desarrollo de esta manifestación.


El nombre de Farmacia resonó durante la reciente XIII bienal de La Habana, que tuvo por subsede a la capital de esa provincia. Tanto por su nombre como por su carácter educativo, el proyecto presenta a su creador, el pintor Juan Carlos Rodríguez, como a un reparador de lo espiritual.

«Nuestro propósito fue y es desarrollar una escuela de artes visuales en Pinar del Río. Se sustenta en el arte como proceso de sanación. Una escuela para formar a artistas y ayudar a personas con sensibilidad para preciar el arte», explica Rodríguez.

El título de Farmacia se alojó en las conciencias de los pinareños cuando escucharon por primera vez sobre el original proyecto en 2004, y se preguntaron por qué ese nombre para una idea artística. Rodríguez sostiene que el arte sana como los medicamentos. «Las medicinas el cuerpo y el arte el espíritu, por dentro de las personas. Yo mismo debo tomar medicamentos para el corazón, no me sanan, pero me compensan, así que tomo el arte como una forma de compensar dentro de las formas culturales de vivir, sea el país que sea», sostiene.

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Farmacia comenzó como un taller y se extendió hasta una escuela de carácter artístico y pedagógico. Hay desde niños de tres años hasta adultos. Pueden formar parte de la academia o asumir el arte desde otras facetas.

Por el proyecto de Juan Carlos Rodríguez han pasado decenas de personas. Los talleres varían el contenido de acuerdo con la edad de los alumnos. Farmacia funciona por etapas. Ha tenido dos ediciones y ahora está en la tercera, en la que hay espacios expositivos para mezclar teoría con práctica y garantizar el disfrute del arte.

Juan Carlos Rodríguez es de origen humilde, vivió 10 años sin electricidad en el poblado campesino de Ovas, y aunque no cultiva una religión, le gusta leer sobre simbolismos, convencido de que entre el hombre y una realidad desconocida, a la que muchos llaman superior, debe estar el símbolo.

«Soy dado a leer sobre simbolismos. Una obra de arte es poética y posee símbolos, por eso traslada a instancias superiores», afirma, con una convicción que se refleja en su mirada de hombre satisfecho con lo que está haciendo por sus coterráneos.



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