jueves, 20 junio 2019, 09:52
Martes, 21 Mayo 2019 05:54

China-EE.UU.: Dos que no se quieren

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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Para junio venidero está anunciada una cumbre entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y la República Popular China, Xi Jinping.

Para junio venidero está anunciada una cumbre entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y la República Popular China, Xi Jinping, con el fin de llegar a un acuerdo satisfactorio que evite la escalada y haga desaparecer la guerra comercial que Washington ha emprendido contra Beijing.

Pero mientras tanto, Trump seguirá disponiendo de más sanciones y mayores aranceles a los productos chinos de importación, que ya ha llegado al ciento por ciento, lo cual es contrarrestado por Xi.

Esta cuestión no es solo una simple guerra comercial, sino también el propósito del magnate norteamericano de vencer a China, logrando un convenio en el que la nación asiática haga grandes concesiones.

Ello se agregaría a otras cartas que espera jugar Trump para lograr la reelección en las elecciones del próximo año, cuestión que no se debe poner en duda, conociendo las limitaciones del elector norteamericano.

Asimismo, ha logrado un propósito que le auguraban no podría, pero ya ha comenzado a hacer: el regreso de las primeras fábricas estadounidenses que se habían desplazado al territorio chino.

Pero detrás de ello está la intención norteamericana de boicotear el plan chino de enlazar a gran parte del mundo en su conocido plan comercial denominado la Ruta de la Seda, en la que están involucrados algunos socios fuertes de EE.UU., no obstante la declaración de algunos de que se apartarán de la férula norteamericana.

Asimismo, torpedear las cada vez mayores inversiones chinas en Suramérica, incluso en países aliados de Estados Unidos en el cono sur, gracias a las ventajas y dividendos que ofrece la cooperación con la nación asiática.

En ese espíritu se encuentra la relación china con países africanos, cuyos gobiernos han comprobado que ofrece mayores ventajas que la de las expotencias colonizadoras y, por supuesto, Estados Unidos.

El colmo del absurdo

EE.UU. hace de esta guerra comercial una estrategia por la hegemonía mundial, que obligue a China y sus mercaderías a encerrarse en su propio territorio.

Así, Trump acusa a China de ser el primer responsable de la “decadencia” de la economía norteamericana, al decir que “nuestro déficit con China es el mayor de la historia de la humanidad y les he pedido reducirlo en 100 000 millones. La palabra clave es reciprocidad. Queremos tarifas espejo: si nos gravan, gravamos igual. Lo que no puede ser es que a nuestros coches les impongan una tarifa del 25%, y que nosotros a los suyos, solo del 2%”.

Los nuevos impuestos o aranceles contra China pesarán sobre rubros como la industria automotriz, la fabricación aeroespacial, las tecnologías de la información y comunicación, robótica y maquinaria. Al menos por ahora, quedan excluidos artículos de consumo masivo como smartphones y televisores.

Trump no ha hecho caso al propósito de Beijing de elevar la compra de más productos estadounidenses, con el fin engañar al público norteamericano, repitiendo constantemente que China ha abusado de la apertura estadounidense, al tiempo que ha cerrado la puerta a sus productos.

La ofensiva de Trump frente a China fue preparada con cuidado y se inscribe en el paradigma más complejo de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos presentada a fines del 2017 y que reveló cuatro grandes ejes: proteger la patria, promover la prosperidad estadounidense, preservar la paz mediante la fortaleza e impulsar la influencia nacional.

En su contexto, Trump había dicho que EE.UU. enfrentaba a "rivales poderosos" como Rusia y China, con quienes pretende buscar "colaboración", pero siempre en favor de los intereses de EE.UU. Dijo: "nos defenderemos a nosotros mismos y a nuestro país como nunca antes lo hicimos", agregando que "una nación sin fronteras no es una nación", "una nación que no protege la prosperidad en el país, no puede proteger sus intereses en el extranjero", y "una nación que no está preparada para ganar una guerra, es una nación que no es capaz de prevenir una guerra".

Todos los medos adscriptos a la propaganda imperialista difunden profusamente este patrioterismo, con el fin de confundir a la mayor parte de la población mundial.

Por su parte, China denunció a EE.UU. ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) por la decisión de imponer aranceles que afectan a todos sus productos, lo cual viola el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) de 1994 y del Acuerdo sobre Salvaguardias.

Beijing ha estado respondiendo en la misma medida, al tiempo que alertaba a su pueblo de lo que pudiera acontecer.

Y es que, detrás de ello se esconde la Estrategia de Seguridad desarrollada por el gobierno de Trump, que promueve el concepto de un realismo puro basado en el papel central del hard power, completamente irracional, con sanciones o intervención militar, argumentando para ello que los Estados fuertes y soberanos son los que aseguran los intereses nacionales y dan mayores garantías de un mundo pacífico y próspero.

Ello se demuestra con su retiro del acuerdo climático de París y de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y en el incumplimiento y desconocimiento del pacto nuclear con Irán, entre otras acciones egoístas.

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