lunes, 19 agosto 2019, 19:37
Viernes, 19 Julio 2019 04:55

El plan Trump: ¿Una América fascista?

Escrito por  Aday del Sol / CubaSí
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La legisladora estadounidense nacida en Somalia Ilhan Omar tildó el jueves de «fascista» al presidente Donald Trump, después de que el mandatario la acusara en un mitín electoral de odiar a Estados Unidos y le pidiera «regresar» a su país de origen. La legisladora estadounidense nacida en Somalia Ilhan Omar tildó el jueves de «fascista» al presidente Donald Trump, después de que el mandatario la acusara en un mitín electoral de odiar a Estados Unidos y le pidiera «regresar» a su país de origen. Foto: AFP

¿A estas alturas alguien duda del racismo, la xenofobia y nacionalismo blanco del presidente norteamericano, Donald Trump?

Si existía alguna duda al respecto, se dilucidó este fin de semana, cuando el magnate de bienes raíces atacó vía Twitter a cuatro congresistas demócratas de diferentes razas, a quienes, aun siendo estadounidenses, les pidió «que volvieran a los países de donde vinieron».

Todo parece indicar que como no son rubias ni blancas las jóvenes legisladoras Alexandria Ocasio-Cortez (New York), Ayanna Pressley (Massachusetts), Rashida Tlaib (Michigan) e Ihlan Omar (Minnesota), según Trump, tienen prohibido «decir al país más poderoso de la Tierra cómo debe gobernarse».

Como si estas palabras no fueran lo suficientemente racistas y discriminatorias, continuó disparando por su cuenta en Twitter: «interesante ver a esas congresistas demócratas progresistas procedentes de los peores países, cuyos gobiernos son una catástrofe completa y total, decir «en voz alta y de forma agresiva» al pueblo de EE.UU. cómo debe gestionarse su Ejecutivo, concluyó Trump».

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The Squad: (De izquierda a derecha) Alexandria Ocasio-Cortez, Ayanna Pressley, Ilhan Omar y Rashida Tlaib.

El Presidente norteamericano no tiene previsto en su agenda manejar diplomáticamente al escuadrón, The Squad, como se les conoce en el ámbito político a estas cuatro legisladoras,  pertenecientes a minorías étnicas, y llegadas a Washington tras las elecciones de noviembre que concluyeron en el congreso más diverso y con mayor número de mujeres de la historia.

Incluso, el supremacista blanco, ha rechazado pedir disculpas y ha insistido en que no tiene «un solo hueso racista en su cuerpo», a lo que el exvicepresidente y también aspirante a la candidatura demócrata en 2020, Joe Biden, replicó con ironía que si Trump no tiene un «solo hueso racista en su cuerpo» es que «carece de huesos».

Pero recordemos que el presidente norteamericano es quien manda en el Partido Republicano, además, se cree Dios en la Tierra y, para colmo de males, hay quienes bajan la cabeza sin decir ni pío, como el portavoz de Twitter, Brandon Borrman, al declarar a The Washington Post: «Los tuits en cuestión no infringen las reglas de la red social», aunque las políticas de la compañía prohíben «promover la violencia contra, o directamente atacar o amenazar a otras personas por motivos de raza, origen étnico, nacionalidad, orientación sexual, género, identidad de género, afiliación religiosa, edad, discapacidad o enfermedad grave».

Por su parte, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, replicó con dureza al mandatario republicano: «Rechazo los comentarios xenófobos de Trump que buscan dividir a nuestro país», al tiempo que lo acusó de hacer a América blanca.

Además, los miembros de ese órgano legislativo aprobaron una resolución -respaldada por 240 congresistas- que condena, de manera enérgica, los pronunciamientos «que han legitimado y aumentado el temor y el odio hacia los nuevos estadounidenses y las personas de color».

Sin embargo, Trump calificó la resolución de estúpida y arremetió de nuevo este jueves contra las rebeldes legisladoras, cuando las acusó, en un mitin de reelección de su campaña, de «alimentar el surgimiento en Estados Unidos de una izquierda militante peligrosa».

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Donald Trump, este jueves, en un mitin en Carolina del Norte, donde sus seguidores cantaron «¡Enviadlas de vuelta! ¡Enviadlas de vuelta!»   Foto: AFP

Según publica AP, Donald Trump ha convertido la hostilidad entre razas en el núcleo de su campaña de reelección, e incluso algunos de sus críticos creen que la estrategia podría conseguirle un segundo mandato.

Tal es así, que en el mencionado mitin, en Greenville, Carolina del Norte, una multitud respondió coreando: «¡Envíenlas de vuelta!», haciéndose eco del tuit de Trump durante el fin de semana acerca de que las legisladoras deberían «volver» al país del que llegaron.

El actual inquilino de la Casa Blanca, que en estos cuatro años ha mantenido una posición de mano dura contra la inmigración, parece olvidar que Estados Unidos es un país de inmigrantes. Su propia esposa, Melania Trump, vino de Eslovenia hace 20 años, y su madre, Mary MacLeod, nació en Escocia y a los 18 años partió hacia Estados Unidos, donde se casó con Fred Trump, hijo de inmigrantes alemanes.

Sin embargo, para ganar votos más allá de fieles seguidores en la campaña, el mandatario apuesta por las divisiones raciales y el nacionalismo blanco, al estilo del fascismo de Adolfo Hitler en Alemania cuando, luego de incentivar el odio hacia los judíos, desató el Holocausto que exterminó durante la II Guerra Mundial a cerca de seis millones de personas.

No por gusto la legisladora estadounidense Ilhan Omar tildó este jueves a Trump de «fascista». «Hemos dicho que este presidente es racista, hemos condenado sus comentarios racistas», le dijo a la prensa quien es, además, una de las dos mujeres musulmanas en el Congreso. «Yo creo que es un fascista».

Como ya se sabe, el sueño americano de muchos inmigrantes en EE.UU. ha terminado en los nuevos campos de concentración en territorio norteamericano. Ahora solo queda esperar si el autoproclamado dueño y señor del mundo, en un arrebato fascistoide, acabará, por razones raciales, extraditando a los que históricamente han hecho grande a América.

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Muchos pensarán, y con razón, que el peor enemigo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es él mismo.

Existe desde hace algunos años un plan de la derecha contra los pueblos de América Latina. Se basa nada más y nada menos que en la aplicación de guerras coloniales, de apropiación de los países y sus recursos naturales, y hasta de controlarlos cultural, económica y políticamente. Lo estamos viendo ahora mismo en Venezuela.

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