jueves, 21 noviembre 2019, 11:37
Sábado, 28 Septiembre 2019 05:12

Danza Contemporánea de Cuba celebra hoy 60 años de gloria

Escrito por  PL
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Con una superproducción de Carmina Burana y versión sinfónica de Súlkary, Danza Contemporánea de Cuba (DCC) celebra hoy 60 años de su nacimiento.


De acuerdo con la teatróloga Marilyn Garbey, la agrupación madre de la danza contemporánea en la isla es una fuente inagotable de talentos que ha sabido interactuar con las tendencias más novedosas de este arte en el mundo, gracias a un eficiente modelo de gestión cultural.

La compañía inauguró la víspera la temporada de festejo de las seis décadas de creada, que se extenderá a este sábado y mañana domingo, así como a los días 4, 5 y 6 de octubre, en la sala Avellaneda del Teatro Nacional.

El presidente del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, Fernando Rojas, y el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), Luis Morlotte, entregaron sendos reconocimientos a DCC y al Teatro Nacional, por considerarlas dos instituciones emblemáticas dentro de la cultura cubana.

Según el director de DCC, Miguel Iglesias, por la compañía han pasado, desde el inicio hasta la actualidad, 318 bailarines, 80 coreógrafos, 37 músicos y 42 ensayadores y profesores, para un total de 660 artistas.

Gloria a los que no están, gracias a los que están, apuntó el Premio Nacional de Danza 2018.

Carmina Burana -con coreografía del joven cubano George Céspedes y dirección general de Iglesias- se presentó, por primera vez en Cuba en su forma completa, en 2017; sin embargo, existe desde 2008 y tras su estreno mundial en México conquistó el mayor galardón de las artes escénicas en ese país, el Premio Luna.

Para la presente temporada de la superproducción se convocó a la Orquesta Sinfónica Nacional, cantantes del Teatro Lírico y el coro Diminuto, entre otros invitados.

Esta versión coreográfica involucra un telón de fondo de pantallas LED y una más pequeña circular en el centro, que proyecta un video de contenidos diversos, desde el origen del universo y parte del acontecer actual en una calle cualquiera hasta la posible destrucción de todo lo que conocemos.

El espectáculo contiene solos, dúos, tríos, cuartetos, quintetos, sextetos, septetos, un cuerpo de baile arrollador, un vestuario sobrio con motivos medievales y un diseño de luces en función de catapultar la intensidad.

Una vez más, la compañía derrocha virtuosismo y las ejecuciones técnicas de las mujeres incluyen idénticas secuencias a las de los hombres, incluso cargadas de muy diversos tipos, ejecutadas de manera natural por ellas, con la férrea voluntad de eclipsar cualquier distinción por género.

Otra decisión merecedora de realce en esta coreografía es el diseño en el espacio, porque influye en la dinámica, sufraga el énfasis emocional, la puesta no lograría el mismo efecto sin ese trazado, amén de la fisicalidad extrema de los bailarines.

La Carmina Burana de DCC es una obra colosal que remoza el prestigio de una compañía de 60 años de fundada, capaz de equilibrar juventud y madurez, y distinguida por un sello propio, mezcla de técnica afilada y carácter, con una mirada felina intimidante, que, según el director Iglesias, para él deviene esencial en un bailarín.

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