martes, 12 noviembre 2019, 07:08
Martes, 08 Octubre 2019 05:49

Turismo, una esfera de desarrollo entre Cuba y Japón

Escrito por  PL
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Japón y Cuba tienen una relación diplomática de 90 años, y en esos vínculos el turismo es una esfera de desarrollo en el sector de los viajes.


Así opina el profesor de la Universidad de Estudios Internacionales de Kansai, Yorizumi Watanabe, quien significara que esa pudiera convertirse en una de las esferas de impulso en las relaciones entre su país y la isla caribeña.

Insistió que el sector de los viajes está entre los posibles para la colaboración futura entre ambas naciones. Pero dicha esfera no es la única, sino que apunta a una variedad de intereses que satisfacen a las dos partes.

Comentó que Japón se abrió propiamente al turismo en 2003 cuando recibió cinco millones de visitantes extranjeros, y en 2018 ya llegó a 38 millones, con la posibilidad de que en 2020 atiendan a 40 millones de viajeros.

Watanabe es especialista en política y comercio, y realizó en septiembre una visita de cuatro días a Cuba como parte del programa para celebrar los 90 años de relaciones diplomáticas entre Tokio y La Habana.

Consideró que su país puede ayudar a esta nación en esferas como el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, a partir de su experiencia en la cual este tipo de firmas colaboran con compañías exitosas como es el caso de Toyota, Hitachi, Nipon Stell o Canon.

Dijo que la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) puede colaborar con Cuba de diferentes maneras.

Recordó que el desarrollo en Japón de las pequeñas y medianas empresas jugó un papel importante en la economía nipona, sobre todo a partir del término de la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

JICA proporciona seminarios y conocimientos, con intercambios de diferentes tipos, y calificó al comercio y la inversión como dos ruedas de un mismo auto, elementos importantes para el desarrollo económico cubano.

En esta primera estancia en la isla, el profesor además tuvo contactos con el Centro de Política Internacional, e intercambios diversos.

Dijo que el gobierno del primer ministro japonés, Shinzo Abe, abraza desde su nombramiento en 2012 una política económica en busca de la estabilidad del país.

Entre las estrategias, recordó, aparecen los preceptos que establecen acuerdos y asociaciones comerciales internacionales empezando por el área Asia-Pacífico, a partir de una visión de libre comercio.

Además, alertó sobre el peligro de la guerra comercial establecida por Estados Unidos contra China, por su impacto en el resto de los mercados.

Consideró el incremento de las relaciones entre Japón y Cuba, sobre todo después de la visita del canciller Fumio Kishida, en 2015, y del propio Abe un año después.

Ya abrió en La Habana la oficina JICA, lo que puede potenciar estas relaciones, y en tres ocasiones ocurrieron contactos profesionales de cooperación y comercio, a la par de considerar la posible inversión de compañías japonesas en Cuba.

Japón, ese mítico país que todos reconocen en primer término por la paciencia de sus habitantes, laboriosidad y cultura, por los samuráis y con una visión más moderna por la tecnología informática, tiene muchas aristas y puntos comunes fuera de su continente, como ocurre con Cuba, con una fuerte descendencia.

Quizás la tradición japonesa parecería lo más alejado posible al carácter dinámico del cubano, pero así es, y ocurre precisamente en la Isla de la Juventud, situada 50 kilómetros hacia el sur del país caribeño.

Mucho se escribió ya sobre este tema; libros, documentales y otras publicaciones aportaron elementos de estos asentamientos en la mayor de las Antillas y en particular en la Isla de la Juventud.

Entonces, el interés está en aquellas personas jóvenes que tratan de mantener la tradición y los recuerdos, para lo que en su momento este periodista viajó al lugar y conversó con representantes de la vicepresidencia de la colonia japonesa en Cuba.

Recordaron que en la actualidad su asociación cuenta con 127 miembros (Isla de la Juventud).

El primer emigrante que tuvo la Isla de la Juventud fue un okinawés llamado Misaro Miyaki en 1908; vino de La Habana, y a su vez viajó desde México en 1907. Precisamente en 2008 se cumplió el centenario del acontecimiento.

Si bien la comunidad de la Isla de la Juventud no resultó precisamente la más numerosa en Cuba, sí fue la más sólida por la hermandad entre sus miembros y las ayudas que propiciaban los más ricos a los menos favorecidos.

Por tanto, de 1929 a 1930 los emigrantes trataron de reorganizarse para esta ayuda y desarrollaron una serie de actividades como prácticas de kárate, no olvidar el idioma y así surgió la fortalecida comunidad, que fue una de las primeras legalmente establecidas en Cuba antes del triunfo de la Revolución en 1959.

Por lo tanto tiene dos fases, en 1915 se consolidó y luego de 1927 tuvo tres asentamientos fundamentales en el territorio: Júcaro, ahora nombrado Ciro Redondo, Santa Bárbara (Damajagua) para luego distribuirse por el resto de la Isla de la Juventud.

Se especializaron en sembrar hortalizas, había un puerto con un mercado para los cítricos hacia Estados Unidos y se sumaron a este renglón.

Los melones de los nipones resultaron muy famosos, y sus descendientes trataron de conservar el idioma, las danzas, la manera de cocinar, hasta el punto que en la actualidad se mantienen las aulas de japonés y muchos encuentros culturales, que incluso se extienden al parque de Nueva Gerona para toda la población local.

Comentaron descendientes en la Isla de la Juventud que en 1941, cuando Estados Unidos declaró la guerra al bloque integrado por Tokio, el gobierno cubano determinó apresar a todos los japoneses residentes en el país y confinarlos a la Isla de la Juventud, a su Presidio Modelo.

Ocurrió de manera diferente a otras naciones donde confinaron a familias completas en lugares apartados, aquí aislaron a los hombres y dejaron a las mujeres con los hijos en el campo.

Incluso, los japoneses de Cuba fueron los últimos en ser liberados luego del fin de la contienda bélica, y ya algunos si no habían fallecido venían con enfermedades y murieron al poco tiempo. Un gran grupo hizo familia aquí, mientras otros volvieron a Japón, los menos.

Con el tiempo el poblado de Júcaro es el que concentra la mayor cantidad de descendientes, incluso por esa fuerte comunidad en oportunidades viajan centenares de japoneses a Cuba para ir a su Isla de la Juventud y conocer a esta colonia.

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